Unas figurillas de hace 18.000 años revelan que los artistas de la Edad de Hielo consiguieron imitar las líneas naturales de los colmillos de mamut
Un análisis microscópico y digital de 18 figuras paleolíticas de Ucrania revela que sus creadores incorporaron a sus diseños los patrones naturales ocultos en el marfil de mamut.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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En ocasiones, una obra de arte comienza mucho antes de que el artista realice la primera incisión. Para los habitantes paleolíticos de Mizyn, en el norte de la actual Ucrania, pudo comenzar al observar detenidamente un fragmento de colmillo de mamut. Bajo su superficie aparecían líneas, anillos y cruces producidos por el propio crecimiento del animal. Lejos de ignorarlos, aquellos artesanos parecen haber convertido esos dibujos naturales en parte de sus creaciones.
Esta es una de las principales conclusiones de un estudio publicado en npj Heritage Science sobre 18 pequeñas figuras antropomorfas de marfil de mamut recuperadas en el yacimiento de Mizyn. El análisis indica que los motivos geométricos grabados sobre varias piezas reproducen o continúan patrones presentes de manera natural dentro del colmillo.
El descubrimiento ofrece una perspectiva poco habitual sobre el arte de hace aproximadamente 18.000 años. Los investigadores no se han limitado a estudiar qué representaban aquellas figuras. Han intentado reconstruir algo mucho más difícil de observar después de tantos milenios: cómo trabajaban sus autores y qué decisiones tomaban mientras transformaban el marfil.
Mizyn es además un lugar excepcional. Allí se documentaron grandes concentraciones circulares de huesos de mamut, interpretadas como restos de estructuras habitacionales, además de objetos elaborados con hueso, concha y marfil. El mamut, por tanto, estaba presente mucho más allá de la alimentación: formaba parte del espacio construido, de la tecnología y, aparentemente, también del universo visual de aquellas comunidades.
Un dibujo escondido dentro del colmillo
El marfil de mamut no es un material homogéneo. Su crecimiento genera una arquitectura interna característica. Entre sus rasgos aparecen las denominadas líneas de Schreger, que forman patrones entrecruzados, y las líneas de Owen, relacionadas con el crecimiento concéntrico de la dentina.
Los investigadores comprobaron que los artesanos de Mizyn conocían muy bien estas particularidades. Las 18 figuras fueron obtenidas de zonas centrales del marfil y su eje principal sigue la orientación longitudinal del colmillo. Es decir, la posición de la futura pieza dentro de la materia prima no parece haber sido fruto del azar.
Lo verdaderamente sorprendente apareció al comparar esa estructura con la decoración. Once figuras presentan ornamentación geométrica, con combinaciones de zigzags, líneas paralelas, meandros y otros diseños. En varios casos, estos motivos recuerdan directamente al entramado producido por las líneas de Schreger. En otros, determinadas incisiones parecen relacionarse con los anillos internos del colmillo.
Incluso la preparación de la superficie pudo desempeñar un papel importante. El estudio señala que algunos de los diseños más complejos aparecen precisamente en zonas alisadas donde la estructura interna del marfil resultaba más visible tras la abrasión. El artesano no trabajaba necesariamente contra las características de la materia prima: podía descubrirlas y convertirlas en una guía.

Los artesanos de Mizyn no utilizaron el marfil de mamut como un simple soporte: sus patrones naturales participaron en la construcción del diseño.
Así fabricaban las figuras hace 18.000 años
Las herramientas digitales han permitido reconstruir buena parte del proceso. El equipo utilizó fotogrametría de alta resolución para crear modelos tridimensionales, además de análisis microscópicos capaces de distinguir pequeñas huellas dejadas durante la fabricación. Las circunstancias hicieron esta documentación especialmente importante: el acceso a las piezas conservadas en Kiev quedó limitado en el contexto de la guerra en Ucrania.
El proceso comenzaba obteniendo fragmentos del colmillo mediante cortes, percusión y otras técnicas. Después se eliminaba el material sobrante hasta conseguir una forma aproximadamente cilíndrica o triangular. Los extremos podían estrecharse mientras se conservaba una zona central más ancha.
A continuación llegaba una fase especialmente reveladora. Antes de realizar los grabados definitivos, los artesanos parecen haber trazado líneas preliminares muy finas para organizar la composición. Después regularizaban la superficie y ejecutaban las incisiones con herramientas de sílex.

El estudio de 97 grabados ha permitido reconocer perfiles diferentes, en forma de U, V y W. Las variaciones indican que se utilizaron herramientas distintas o que estas eran sustituidas conforme se desgastaban. Algunas líneas se realizaron mediante movimientos repetidos semejantes a un pequeño serrado; otras mediante cortes en una sola dirección.
No era una decoración improvisada. Determinadas zonas de las figuras recibieron tratamientos distintos de manera recurrente, lo que apunta a una forma de trabajar organizada y compartida.
El análisis de las huellas de fabricación muestra que los artesanos preparaban la forma, regularizaban la superficie y trazaban el diseño antes de realizar los grabados definitivos.
Un arte que no encaja en una evolución sencilla
Las figuras de Mizyn también obligan a mirar el mapa europeo. Los autores recopilaron y recalibraron centenares de dataciones radiocarbónicas relacionadas con figurillas paleolíticas para establecer su posición cronológica. El resultado sitúa estas piezas entre las representaciones antropomorfas más antiguas conocidas en Europa después del Último Máximo Glacial.
El registro muestra un intervalo aproximado entre hace 23.000 y 20.000 años en el que disminuyen notablemente estas representaciones. Cuando reaparecen, algunos de los ejemplos tempranos se concentran precisamente en el este europeo, en lugares como Barmaky, Mizyn y Mezhyrich.
Esto complica la idea de una evolución artística europea que avanzase de manera continua desde formas figurativas hacia representaciones cada vez más esquemáticas. En Mizyn aparece una combinación muy particular: cuerpos tridimensionales simplificados, elementos antropomorfos grabados y una decoración geométrica estrechamente relacionada con las propiedades del marfil.

Las figuras tampoco son simples equivalentes orientales de tradiciones desarrolladas posteriormente en Europa central. Los investigadores consideran que existen suficientes diferencias cronológicas, geográficas y estilísticas para plantear que Mizyn representa un fenómeno artístico independiente.
Y quizá ahí se encuentre la parte más sugerente del descubrimiento. Para aquellas personas, un colmillo de mamut pudo ser algo más que un bloque del que extraer una figura. Sus líneas internas formaban parte de la obra antes incluso de comenzar a tallarla.
Hace unos 18.000 años, alguien observó aquellos patrones, decidió conservarlos y después los transformó mediante incisiones. El resultado sobrevivió al final de la Edad de Hielo, a miles de años bajo tierra y, finalmente, llegó hasta un museo. Hoy, la tecnología permite reconstruir una decisión artística que había permanecido prácticamente invisible desde el Paleolítico.
Referencias
- Simon Radchenko et al, Internal structure of Mammoth ivory inspired the design of Mizyn (Ukraine) Upper Palaeolithic figurines, npj Heritage Science (2026). DOI: 10.1038/s40494-026-02988-5
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