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Monday, October 26, 2026

Descifran en Francia el ADN de una mujer de hace 30.000 años y descubren conexiones inesperadas entre los primeros europeos

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El análisis de ADN humano recuperado en cuevas de Francia y España revela conexiones desconocidas entre las poblaciones europeas de hace más de 30.000 años.

El ADN de hace 30.000 años revela conexiones desconocidas entre las poblaciones de Europa durante la Edad de Hielo
El ADN de hace 30.000 años revela conexiones desconocidas entre las poblaciones de Europa durante la Edad de Hielo. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: Actualizado:

Hace más de 30.000 años, cuando Europa atravesaba uno de los periodos más fríos de su historia, las comunidades humanas que habitaban el continente mantenían contactos mucho más complejos de lo que se pensaba. Ahora, el análisis de unos restos humanos encontrados en Francia, España e Italia ha permitido identificar antiguos movimientos de población que obligan a revisar parte de lo que sabíamos sobre nuestros antepasados durante la Edad de Hielo.

El descubrimiento procede de una investigación internacional encabezada por la Universidad de Viena y publicada en la revista científica Science Advances. El equipo, dirigido por Pere Gelabert y Ron Pinhasi, ha estudiado material genético de individuos pertenecientes a la cultura gravetiense, que se extendió por Europa aproximadamente entre hace 34.000 y 25.000 años.

Durante décadas, los arqueólogos habían observado semejanzas entre los instrumentos, los objetos artísticos y las prácticas funerarias de comunidades separadas por enormes distancias. Aquellas coincidencias apuntaban a la existencia de contactos entre distintos territorios europeos. Sin embargo, los estudios genéticos dibujaban un panorama diferente: dos grandes grupos de ascendencia, uno occidental y otro centrooriental, que parecían haber permanecido relativamente separados.

La nueva investigación introduce un cambio importante en esa interpretación. Los análisis indican que existieron intercambios genéticos entre poblaciones del este y el oeste de Europa mucho antes del Último Máximo Glacial, el periodo de mayor expansión de los hielos de la última glaciación.

Una mujer de hace 30.000 años cambia la historia

Una de las protagonistas de este descubrimiento es una mujer cuyos restos fueron recuperados en la cueva de Isturitz, situada en el suroeste de Francia, cerca de los Pirineos. Vivió hace aproximadamente 30.000 años y su ADN ha proporcionado el conjunto de datos genómicos más antiguo obtenido hasta ahora de un humano moderno en el suroeste europeo.

Los investigadores identificaron en su genoma una combinación especialmente reveladora. Aunque la mayor parte de su ascendencia estaba vinculada con las poblaciones occidentales, también presentaba conexiones genéticas con grupos que habitaron Europa central y oriental.

Mediante modelos estadísticos, los científicos calcularon que uno de esos episodios de mezcla genética pudo producirse entre hace 32.450 y 31.600 años. El hallazgo no permite reconstruir una ruta migratoria concreta, pero sí apunta a movimientos humanos que alcanzaron regiones mucho más alejadas de lo que sugerían algunos modelos anteriores.

«Nuestros resultados muestran que las poblaciones de Europa oriental y occidental no estaban tan aisladas genéticamente como se suponía», explicó Pere Gelabert, autor principal del estudio.

Interior de la cueva de Isturitz, en Francia, donde fue descubierto un hueso perteneciente a una mujer que vivió durante el periodo gravetiense, hace unos 30.000 años
Interior de la cueva de Isturitz, en Francia, donde fue descubierto un hueso perteneciente a una mujer que vivió durante el periodo gravetiense, hace unos 30.000 años. Foto: Severine Dabadie

Una cueva que pudo reunir a comunidades de toda Europa

La ubicación de Isturitz añade interés al descubrimiento. Durante el Paleolítico superior, este enclave fue uno de los grandes centros de ocupación humana del entorno pirenaico. Su abundante registro arqueológico incluye piezas de arte mueble y utensilios que presentan semejanzas con materiales encontrados en otras regiones.

Los especialistas consideran que la cueva pudo funcionar como un lugar de agregación, es decir, un espacio donde diferentes comunidades coincidían periódicamente. Estos encuentros habrían favorecido la circulación de conocimientos, objetos y personas.

La investigación también ha identificado indicios de ascendencia mixta en un individuo previamente estudiado de Ormesson, en Francia. Aunque los resultados no permiten afirmar que ambos casos respondieran a un único movimiento migratorio, refuerzan la posibilidad de que los contactos entre poblaciones fueran más frecuentes de lo que se había documentado.

El descubrimiento resulta especialmente significativo porque demuestra que compartir una misma cultura material no implicaba necesariamente pertenecer a una población genéticamente homogénea. Las comunidades gravetienses podían conservar características regionales y, al mismo tiempo, establecer relaciones con grupos lejanos.

El ADN escondido en una cueva de Cantabria

La investigación también ha proporcionado información sobre la supervivencia de las poblaciones humanas durante la última glaciación. Para ello, los científicos estudiaron restos procedentes de la cueva de Chufín y sedimentos de la cueva de El Mirón, ambas situadas en Cantabria.

En Chufín analizaron un diente humano perteneciente a una mujer vinculada al Gravetiense. Su perfil genético mostró afinidades con el grupo occidental conocido como Fournol, una ascendencia identificada anteriormente en restos humanos de Francia.

Pero uno de los resultados más interesantes llegó de El Mirón. Allí, los investigadores recuperaron ADN humano directamente de un estrato de sedimentos fechado entre hace 22.100 y 21.730 años. Sin disponer de huesos o dientes humanos de ese nivel, consiguieron identificar 14.737 marcadores genéticos que permitieron estudiar la ascendencia de quienes ocuparon la cueva.

«El ADN sedimentario nos permite recuperar información genética de periodos en los que faltan restos humanos», señaló Ron Pinhasi, investigador de la Universidad de Viena y coautor principal.

Los resultados indican que la ascendencia occidental relacionada con Fournol persistió en el suroeste europeo durante el Último Máximo Glacial, desarrollado aproximadamente entre hace 26.500 y 19.000 años. Esta información respalda la importancia de la península ibérica como refugio para determinadas poblaciones durante las fases más frías de la Edad de Hielo.

Análisis genético de cuatro individuos que vivieron en Europa durante el Gravetiense y el Solutrense, dos culturas del Paleolítico superior
Análisis genético de cuatro individuos que vivieron en Europa durante el Gravetiense y el Solutrense, dos culturas del Paleolítico superior. Foto: P. Gelabert et al., Science Advances (2026)

Un pasado europeo mucho menos aislado

El estudio incorporó también el análisis de Ostuni1b, un feto masculino descubierto en el sur de Italia y probablemente hijo de una mujer identificada como Ostuni1. Los resultados sugieren que sus progenitores pertenecían a poblaciones genéticamente próximas, aunque no presentaban indicios de parentesco cercano.

En conjunto, los hallazgos presentan una Europa paleolítica donde la continuidad de algunas comunidades convivía con desplazamientos e intercambios genéticos a larga distancia.

Todavía quedan preguntas abiertas. Los investigadores reconocen que la escasez de restos humanos impide determinar con exactitud cómo se produjeron aquellos movimientos. No obstante, el ADN recuperado de huesos, dientes y sedimentos está permitiendo reconstruir una historia que hasta hace poco permanecía prácticamente inaccesible.

La Europa de hace 30.000 años no era simplemente un mosaico de comunidades aisladas. Sus habitantes también se desplazaban, establecían vínculos y dejaban una huella genética que, miles de generaciones después, comienza a revelar la verdadera complejidad de sus relaciones.

Referencias

  • Pere Gelabert et al., Early Gravettian genomic data from Western Europe Reveal Population Movements before the LGM, Science Advances (2026). DOI: 10.1126/sciadv.aeh6128
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