Los guardianes del balón
El Barça históricamente ha respirado a través del balón. Con él ha regulado sus pulsaciones, sin él ha acostumbrado a sufrir. La llegada de Flick abrió un capítulo donde parecía que el control estaba sobrevalorado. Desde su aterrizaje, el equipo destacó por su vértigo, con la defensa muy avanzada y ataques verticales. Más largos o cortos, pero siempre afilados. Empezamos a vivir el juego con una mentalidad más abierta, felizmente no tan obsesionados por el control, orgullosos de ser muy atrevidos.
Poco a poco, Flick empezó a introducir frecuentemente en sus reflexiones la frustración por algunas pérdidas de balón. Cuando señalaba áreas de mejora, apuntaba hacia la necesidad de más gobierno. Pedri, ya investido como director de orquesta, marcaba el rumbo con gestos de calma a sus compañeros durante el partido, sobre todo cuando se buscaba profundidad precipitadamente. El Barça seguía siendo reconocible como aquel equipo que nos presentó Flick, aunque en el segundo año ya no parecía tan salvaje. Incluso el técnico, con la lesión de Raphinha, acabó prefiriendo el cuarto centrocampista a la profundidad de Rashford.
La delantera más juvenil
Había una vez un portugués, un italiano criado en Alemania y un catalán. Así empezaban algunos chistes antes, quizás ahora ya caducos. En clave futbolística de Champions, es el caso del Bruges, uno de los equipos con más encanto ofensivo de la competición. Forbs en la derecha, Tresoldi como delantero centro y Jan Virgili en la izquierda. Los tres son jóvenes con hambre, con mucha ambición. Los dos primeros tienen 22 años, el ex-blaugrana sólo 20. Su victoria en San Siro por 3-4 con “hat trick” de Tresoldi es una huella que no pasa desapercibida. Forbs y Tresoldi ya dejaron marca en la Champions pasada, Virgili impresionó en Mallorca. El Bruges pone a su servicio un fútbol con mucha electricidad, bien alimentados por el talento sabio de Vanaken. Saben que la Champions los presenta al mundo
La tercera temporada de la serie avanza en la misma dirección. Llegó Rodri, paradigma del dominio a través de la posesión, para reforzar las intenciones de Pedri. Flick ya no disimula cuando, en el sabor de la victoria, reclama no perder el dominio del juego en algunas fases. Tras el partido en Turquía, donde los dos metrónomos pidieron permanentemente calma para atacar, Pedri confesó que “en la primera parte fuimos verticales demasiado pronto” y Rodri lamentó que “habíamos tenido excesiva prisa para atacar”. Ambos quieren domar el partido a través del balón para no correr tanto hacia atrás, desgastar al rival con la circulación, estar juntos cerca de la presión y madurar la jugada hasta que la aceleración sea clara. Ellos ponen el cuidado del balón en el centro de la ecuación para encontrar el deseado equilibrio entre verticalidad y control, la fórmula mágica.
Flick ha llegado al control desde su propuesta ofensiva que nos enamoró, el Barça más tradicional nos había enseñado a llegar a portería a partir del dominio del juego. Tanto monta, monta tanto.
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