Entre flores y ofrendas, perdura la tradición mexicana de reunir a vivos y muertos

▲ Habitantes de Santa María Atzompa, municipio zapoteco conurbado a la ciudad de Oaxaca, visitan cada año el panteón de la comunidad para la tradicional alumbrada a los muertos.Foto Jorge A. Pérez Alfonso, corresponsal

▲ Alumnos de la Normal Rural de Ayotzinapa, en Tixtla, Guerrero, instalaron un altar dedicado a sus compañeros que perecieron en la lucha por la justicia social. La comunidad estudiantil recordó que la batalla de quienes entregaron su vida en el camino de la emancipación sigue más viva que nunca. Cada elemento colocado en la ofrenda no es sólo un tributo a los hermanos caídos sino una declaración de resistencia, dijeron.Foto José Luis de la Cruz

▲ El festival de Día de Muertos de Zapotlanejo, Jalisco, edición 17, rindió homenaje al actor Mario Moreno Cantinflas con una figura monumental, acompañada por la tradicional Catrina. Las efigies miden 22 metros de altura, pesan 6.5 toneladas y se ubican en la explanada de la casa de la cultura en la cabecera municipal, donde permanecerán hasta el 15 de noviembre.Foto

▲ Pobladoras de Santa María Atzompa, Oaxaca, elaboran los arreglos para las tumbas de los fieles difuntos con flores de cempasúchil, borla y largas velas de parafina. Según sus creencias alumbran el camino de las almas que regresan al mundo de los vivos.Foto Arturo Campos Cedillo

▲ Catrina monumental Chalchiuhtlicue –que representa a la diosa mexica del agua, los ríos, los lagos, los manantiales y la fertilidad– en el pueblo mágico de Atlixco, Puebla.Foto Jorge A. Pérez Alfonso, corresponsal
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