Viaje en un auto eléctrico a Mar del Plata: cuánto se gasta, dónde se recarga y a qué velocidad hay que ir

Hasta hace pocos años, viajar por las rutas argentinas en un auto eléctrico parecía utópico. La escasa oferta de vehículos, la limitada infraestructura de carga y las dudas sobre la autonomía de las baterías convertían a la movilidad eléctrica en una alternativa reservada casi exclusivamente para la vida urbana.
En los últimos dos años, la apertura de las importaciones, la eliminación del arancel extrazona del 35% para vehículos híbridos y eléctricos, y la variedad de modelos, principalmente de origen chino, modificaron el mercado automotor argentino.
El crecimiento de la movilidad eléctrica cambió parte de ese escenario. Según el Sistema de Información Online del Mercado Automotor Argentino (SIOMAA) en el primer semestre de 2026 se patentaron en Argentina 42.238 vehículos livianos electrificados, un 339,4% más que en el mismo período de 2025. La participación de los modelos completamente eléctricos llegó al 9%, una cifra inédita para el mercado local.
Otro dato fuerte del informe indica que en julio se patentaron un total de 611 autos totalmente eléctricos, frente a apenas 64 en julio de 2025, lo que representó un aumento del 854,7%.

Con este crecimiento exponencial que está teniendo la movilidad híbrida y especialmente eléctrica en Argentina, el principal interrogante comienza a ser si conviene o no tener un auto eléctrico. ¿Qué pasa con los viajes o las tradicionales escapadas de fin de semana? ¿Es posible recorrer largas distancias con un auto eléctrico sin que la autonomía sea una preocupación constante? ¿Argentina cuenta con la infraestructura necesaria para ello?
La prueba había que hacerla: ida y vuelta a La Feliz, uno de los destinos más elegidos por los argentinos para vacacionar o pasar un fin de semana largo lejos de la ciudad.
El punto de salida fue la redacción del diario Clarín (en el barrio de Constitución, CABA) hasta las avenidas Libertad e Independencia, a pocas cuadras del balneario La Perla. El kilometraje total del viaje: 818 kilómetros.
El vehículo elegido para este viaje fue el JAC EV30X, un hatchback compacto que compite con el BYD Dolphin Mini y el GWM Ora 3.
El modelo está equipado con una batería de 41kWh y una autonomía declarada bajo el ciclo WLTP (World Harmonized Light-duty Vehicle Test Procedure) de 293 kilómetros.
El EV30X salió de Buenos Aires con el 88% de batería y una autonomía estimada de unos 250 kilómetros. El primer destino de carga estaba en Chascomús, a 119 kilómetros del punto de partida. El auto llegó con 30% de batería restante. Durante ese tramo, a una velocidad de entre 100 y 105 km/h, el consumo promedio fue de 13 kWh cada 100 kilómetros.
La primera parada había sido planificada previamente: un cargador de Shell Recharge. Pero la planificación no contemplaba una variable que en un vehículo a combustión prácticamente no existe; había otro auto cargando.
Un BYD Yuan Pro ocupaba el cargador y hubo que esperar una media hora antes de comenzar la recarga del JAC. Una vez conectado, el EV30X tardó 34 minutos en pasar hasta el 95% de batería. Recibió casi 27 kWh y la operación tuvo un costo de $31.955.
La espera modificó por primera vez la lógica del viaje. No se trataba solamente de detenerse para cargar. Había que esperar a que el cargador estuviera disponible.
La segunda etapa fue hasta Las Armas, unos 180 kilómetros después. Allí apareció otra diferencia. El auto llegó con apenas 13% de batería. La velocidad había aumentado hasta un rango de entre 110 y 115 km/h y el consumo trepó hasta 18,6 kWh cada 100 kilómetros.

La diferencia entre ambos tramos muestra uno de los aspectos menos visibles de la autonomía declarada: la velocidad modifica de manera considerable el consumo. El mismo vehículo, con la misma batería y en la misma ruta, necesitó mucha más energía cada 100 km cuando aumentó el ritmo de marcha. En Las Armas no había otro vehículo utilizando el cargador. La carga tardó 40 minutos en llegar nuevamente al 95%, recibió unos 31 kWh y la carga costó $27.757.
Después de dos paradas, la experiencia ya había dejado una primera conclusión: la autonomía no es una cifra fija. Depende de cómo se conduce, de la velocidad, de las condiciones del recorrido y, sobre todo, de la posibilidad de encontrar un punto de carga disponible cuando se lo necesita.
Llegada a La Feliz
El viaje de ida hasta Mar del Plata demandó unas 6 horas y 30 minutos. Un recorrido en un auto convencional, incluyendo las paradas habituales, suele resolverse en alrededor de cinco horas.
La diferencia no está solamente en los minutos que tarda la batería en recuperar energía. También hay que incorporar la espera cuando un cargador está ocupado y organizar el recorrido en función de los puntos disponibles. En un auto a combustión, detenerse a cargar combustible suele ser una operación de pocos minutos. En el eléctrico, la parada se convierte en parte del viaje.

La diferencia no es solamente tecnológica. Es una modificación de la relación con el tiempo. El conductor deja de pensar únicamente en kilómetros recorridos y comienza a pensar en porcentaje de batería, autonomía restante, potencia disponible y distancia hasta el próximo cargador.
El EV30X llegó a Mar del Plata con aproximadamente 30% de batería. Fue suficiente para desplazarse por la ciudad y recorrer sus principales puntos turísticos durante la estadía. En el uso urbano el vehículo volvió a mostrar su mejor versión.
A velocidades más bajas, con frenadas y recuperación de energía, el consumo resulta menor que en un recorrido sostenido de ruta. La autonomía que había caído rápidamente durante el tramo a más de 110 km/h volvió a comportarse de otra manera dentro de la ciudad.
La carga antes de emprender la vuelta fue completa: se incorporaron 28 kWh en 44 minutos, con un costo de $ 30.465. El regreso tuvo otras dos paradas. En Las Armas, el auto llegó con 47% de batería, cargó casi 19 kWh hasta alcanzar el 93% en 24 minutos y la operación costó $16.925. La última parada fue nuevamente en Chascomús. Allí la batería se completó al 100% después de casi 50 minutos, con un costo de $45.650.
En total, las cinco cargas realizadas durante el recorrido sumaron $152.752. Las cargas domiciliarias realizadas antes y después del viaje no se incorporaron a ese total porque fueron efectuadas con el cargador doméstico y tienen una estructura de costos diferente.
El costo de recorrer 818 kilómetros
La comparación con un automóvil convencional requiere tomarla como una estimación y no como una equivalencia exacta. Tomando como ejemplo un vehículo con motor térmico que de promedio consume 7L/100 kilómetros, para recorrer 818 kilómetros necesitaría unos 57,3 litros. Con un precio de referencia de $2.280 por litro, el gasto sería de aproximadamente $130.500.
Bajo esos supuestos, las cargas realizadas durante la prueba eléctrica representaron un costo superior al de combustible estimado para un vehículo convencional, pero el dato no alcanza para afirmar que uno u otro sistema sea más barato en términos generales.
El resultado depende del precio de la electricidad, del tipo de cargador utilizado, del consumo real del vehículo térmico elegido para la comparación y si las recargas se realizan en estaciones públicas, redes de cargadores tipo Chargebox o en el domicilio (lo más conveniente por el costo).
La planificación del viaje
Desde el momento de planificar el viaje la experiencia se vuelve completamente nueva para cualquiera. Con un auto convencional, un viaje de fin de semana puede comenzar prácticamente cuando se enciende el motor. Con un eléctrico de autonomía limitada, comienza mucho antes. Hay que mirar el recorrido, identificar los cargadores, calcular la distancia entre ellos y tener en cuenta cuánto puede consumir el vehículo a la velocidad prevista.
La planificación y el destino están determinados por la infraestructura de carga. Hoy en día Argentina cuenta con dos corredores de carga definidos en rutas nacionales del país y otros dos en pleno desarrollo. El primero es el de la Ruta Nacional 2 que cuenta con puntos de carga Shell, YPF y ChargeBox con potencias entre 22 kW (los más lentos) y 150 kW (los más rápidos) en Chascomús, Castelli, Dolores, Las Armas y Mar del Plata.
Por otro lado, la Ruta Nacional 9 cuenta con puntos de carga Shell e YPF en Boulogne, Campana, Escobar, San Pedro (Buenos Aires), Fighiera, Arroyo Seco, Rosario, Funes (Santa Fe), Marcos Juárez, Oliva, Río Ceballos y Berrotarán (Córdoba).
De esta manera, con un auto eléctrico podríamos visitar diversos puntos de las provincias de Santa Fe y Córdoba en al menos 250 km a la redonda desde los puntos de carga más cercanos. Antes de emprender el viaje de vuelta de cualquiera de esos puntos, haría falta una carga completa con el cargador portátil doméstico. El mismo puede conectarse a la red eléctrica de cualquier casa u hospedaje, teniendo en cuenta que la carga completa tardará al menos 20 horas debido a la potencia que suelen entregar (entre 2,5 y 3 kWh).
Otro punto importante a tener en cuenta a la hora de planificar un viaje con un auto eléctrico es el tiempo de viaje. El mismo no es igual al tiempo de viaje con un auto que funciona con combustible, ya que los tiempos de carga dependen no solo de la potencia de los cargadores disponibles, si no de la potencia de carga admitida por la batería del auto y el tiempo de espera de los cargadores en las estaciones de servicio o puntos de carga si es que están ocupados.
La infraestructura, el gran condicionante
Entonces, ¿es posible viajar en Argentina con un auto eléctrico? La respuesta es sí. Pero, el destino y los tiempos de viaje están completamente condicionados por la capacidad de la batería, la infraestructura de carga, la potencia de los cargadores y la potencia admitida por las baterías de los autos.
¿Es posible recorrer largas distancias sin que la autonomía sea una preocupación constante? Depende. La autonomía siempre será una preocupación al mando de los autos eléctricos. El conductor mira el porcentaje de batería o la autonomía restante todo el tiempo y tiene que cuidar de apretar más o menos el acelerador para que el consumo no se eleve por encima de lo normal, pero el problema radica en las distancias entre los puntos de carga e infraestructura.
Por lo tanto, ¿Argentina cuenta con la infraestructura necesaria para ello? Hoy en día no es posible realizar viajes más lejos dentro de la provincia de Buenos Aires que no sean a Mar del Plata. Destinos como Monte Hermoso, Bahía Blanca o Las Grutas, en Rio Negro, no podrían ser elegidos por usuarios de autos eléctricos y si lo hicieran tardarían uno o dos días en llegar con el cargador portátil. Ni hablar de pensar viajes al sur del país como Chubut, Neuquén y Santa Cruz, provincias que aún no cuentan con corredores eléctricos en sus rutas.
Viajar en un auto eléctrico por una de las rutas nacionales más concurridas (especialmente en verano) ya es posible, pero todavía no es igual que hacerlo con un vehículo a combustión. La autonomía obliga a mirar el recorrido de otra manera, las paradas dejan de medirse en minutos y la elección del destino depende, en buena medida, de dónde exista un cargador. La tecnología permite hacer el viaje; la infraestructura todavía determina hasta dónde se puede llegar.
Por: Chantal Etevenaux / Ramiro Florio
Maestría en Periodismo del diario Clarín y la Universidad de San Andrés
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