"Si no hubiéramos intervenido, hoy probablemente no existiría el FC Andorra"
El Andorra cumple este jueves 84 años de historia. Fundado en 1942, el conjunto tricolor ha recorrido un largo camino hasta consolidar su presencia en el fútbol profesional español, atravesando etapas de ilusión, éxitos deportivos y momentos en los que incluso llegó a estar en peligro su continuidad. Y para recordar buena parte de esa trayectoria, pocas voces resultan tan autorizadas como la de Jesús Julián Lucendo (Pedro Muñoz, 1970), un futbolista que llegó al Principado en 1991 para quedarse una temporada y que terminó convirtiendo Andorra en su hogar. Conocido también por su sorprendente debut con el primer equipo del FC Barcelona de Johan Cruyff en 1989, Lucendo fue protagonista de una de las grandes gestas del club, la Copa Catalunya de 1994, y años después contribuyó, junto a Justo Ruiz, a evitar su desaparición. Ahora, con el equipo nuevamente en Segunda división, repasa los recuerdos, las dificultades y las transformaciones de una entidad que ha marcado buena parte de su vida.
El Andorra celebra este año 84 años de historia. Usted ha conocido el club como jugador, desde el banquillo y ahora como espectador. Si tuviera que resumir qué representa el Andorra para usted, ¿qué diría?
Para mí, el FC Andorra es algo muy importante. Vine aquí a jugar al fútbol y mi vida cambió. Ahora mismo estoy en Andorra, tengo aquí a mi familia y toda mi vida está vinculada a este país. Y todo eso es gracias al Andorra. Por tanto, para mí es muy, muy importante.
Llegó al Principado en 1991, cuando el Andorra competía en Segunda B y tenía aspiraciones importantes. ¿Cómo era aquel club?
A ver, la forma de gestionar un club ha cambiado muchísimo. En los años noventa, no solo en el Andorra, sino en general en los equipos que competían en Segunda B, la estructura era muy clara: había un presidente, una directiva y poco más. Ahora ya no es así. Actualmente existe una estructura muy profesional, muy definida, en la que cada uno tiene su responsabilidad. El mundo del fútbol ha cambiado muchísimo.
Aquel Andorra tenía plantillas competitivas, pero nunca consiguió ascender a Segunda división. ¿Qué les faltó? ¿Cree que aquel equipo habría podido competir en el fútbol profesional?
¡Hombre, por supuesto! Aquel equipo estaba lleno de jugadores que venían de clubes muy importantes, como el Barça, el Racing de Santander o el Zaragoza. Había futbolistas de mucho nivel en aquella época. ¿Qué nos faltó? En algunos momentos, un poquito de suerte. Perdíamos partidos por pequeños detalles y, al final, nos faltaban unos cuantos puntos para entrar en el play-off. Cada año pasaba prácticamente lo mismo. Estábamos muy cerca, pero nunca conseguíamos entrar. A veces nos quedábamos a un punto, otras a cuatro... Y al final de la temporada siempre hay partidos en los que mereces más, pero que no acabas ganando o empatando.
Uno de los momentos más importantes de la historia del club es la Copa Catalunya de 1994, cuando eliminaron al Barça de Cruyff y superaron al Espanyol en la final. ¿Cómo recuerda aquella gesta?
Efectivamente, jugamos la semifinal contra el Barça y la final contra el Espanyol, al que ganamos en los penaltis. Fue un hito muy importante porque era la primera Copa Catalunya. Antes se llamaba Copa Generalitat y la primera edición con ese nombre la ganamos nosotros. Para nosotros fue un orgullo y un honor conseguir aquel título, porque en aquella competición ya participaban equipos profesionales, como el Barça y el Espanyol. Fue muy bonito.
¿Recuerda si se organizó alguna celebración especial en el país? ¿Algún desfile o algún homenaje por aquella victoria?
No, la verdad es que Andorra es muy políticamente correcta. No se hizo nada especial. Quizá en otro lugar se habría organizado un desfile o una recepción en el ayuntamiento, pero aquí no. Quedó más bien como una celebración nuestra, del vestuario, y poco más.

Para usted debió de ser especialmente significativo eliminar a aquel Barça, teniendo en cuenta que cinco años antes Cruyff le había hecho debutar con el primer equipo. ¿Cómo vivió aquel reencuentro? ¿Llegaron a hablar después del partido?
No, no hablamos en aquel partido. Nosotros habíamos tenido una buena relación desde el principio y después también siguió siendo buena. Alguna vez nos habíamos encontrado, no precisamente en aquel partido, sino en otros lugares, y siempre habíamos mantenido una buena relación. Era una relación profesional, pero yo diría que era una buena relación.
Aquel debut con el Barça, con solo 19 años, le situó en el centro de todas las miradas. Con la perspectiva de los años, ¿cree que aquella experiencia le ayudó a crecer o que la presión mediática acabó condicionando su carrera?
Aquella experiencia me marcó un poco la vida deportiva y casi diría que también la personal. Sucedió y me llevó hacia un lugar y una situación en la que tuve que desarrollarme como profesional y como persona. Por tanto, es una experiencia que viví, que forma parte de mi historia y que me ha marcado para siempre.
Después de tantos años vinculado al fútbol, ¿le molesta un poco que todavía se le recuerde sobre todo por aquellos minutos con el Barça contra el Valladolid, cuando ha tenido una trayectoria tan larga en el Andorra?
No, porque nunca se sabe qué puede pasar en la vida. Yo creo que las cosas pasan porque tienen que pasar. Quizá aquel partido contra el Valladolid habría sido diferente, me habría quedado en el Barça y no sé qué habría sido de mi vida. En la vida pasan muchas cosas. Quizá habría llegado a un nivel profesional muy alto, pero no sé si sería tan feliz como soy ahora mismo. Ahora tengo una relación muy buena con todo el mundo, tengo familia, hijos, un caballo y una relación espectacular con la gente de aquí. Quizá, si las cosas hubieran ido de otra manera, no tendría todo eso. Nunca se sabe.
Volviendo a aquel Andorra de los noventa, más allá de los resultados, ¿cómo era la vida dentro del vestuario?
En un vestuario pasan muchas cosas. Hay gente que es más simpática, otra que es más seria... Pero eso pasa en cualquier vestuario. Me ha pasado en el Barça, me ha pasado en el Andorra y también sucede en el fútbol base. Siempre hay diferentes personalidades y muchas anécdotas, pero no recuerdo ninguna situación especialmente fuera de lo común. Es difícil que pasen cosas realmente extraordinarias en ese sentido.
Durante aquellos años, ¿qué vínculo tenía el Andorra con la sociedad andorrana? ¿Se vivía el fútbol con la misma pasión que ahora o era un club mucho más familiar?
Piensa que en aquel Andorra quizá había dos jugadores del país, y ni siquiera sé si los dos habían nacido aquí. Por tanto, no creo que exista una diferencia tan grande entre el fútbol profesional actual y el que vivíamos nosotros, porque nosotros también éramos prácticamente todos de fuera. Ahora bien, sí que es cierto que actualmente el Andorra compite en una Segunda División cien por cien profesional. Lo que teníamos nosotros antes era un fútbol semiprofesional. La gran mayoría de los jugadores eran profesionales, pero también había algunos que no lo eran. Esa es una diferencia importante.
Años después volvió a implicarse en el club, esta vez como ayudante de Justo Ruiz, en una etapa de graves dificultades económicas e institucionales. ¿Cómo recuerda aquella situación? ¿Llegó a temer por la desaparición del Andorra?
¡Hombre, y tanto! Hubo un momento en el que el club desaparecía, seguro. ¿Por qué? Porque no había dirección, todo el mundo se marchaba y nadie quería hacerse cargo del club. Justo y yo nos pusimos a trabajar para encontrar a un grupo de personas que asumiera esa responsabilidad. Fue un momento muy complicado. El presidente de aquella época, Luis España, que había realizado una labor muy importante durante los años que estuvo al frente de la entidad, estaba muy cansado de muchas cosas y decidió dejarlo. En aquel momento no había nadie dispuesto a hacerse cargo del Andorra. El club desaparecía, seguro.
Justo y yo empezamos a hablar con gente para que alguien asumiera el club. Y era especialmente importante porque, si el Andorra perdía su plaza en las competiciones catalanas, probablemente no la recuperaría nunca más. En su momento se había concedido aquella plaza porque en Andorra no existía una liga propia, pero ahora que ya había una competición nacional, si la perdíamos, no nos la volverían a dar. Estuvimos luchando durante muchos meses, hablando con muchísima gente, hasta que finalmente tres o cuatro personas decidieron hacerse cargo de la entidad. Recuerdo que estaba Marc Ferré, que fue presidente, y también Marc Rodríguez, pero ahora mismo no recuerdo exactamente todos los nombres. Aquellas personas asumieron la responsabilidad y evitaron que el club desapareciera. Si no hubiera sido por ellas y por todo el trabajo que hicimos durante aquellos meses, hoy probablemente no existiría el FC Andorra.
La llegada de Gerard Piqué en 2018 marcó un antes y un después. ¿Cree que el proyecto actual ha sabido conservar la identidad histórica del Andorra o que, con la profesionalización, se ha perdido parte de su esencia?
No, yo creo que no se ha perdido. El fútbol actual es profesional y el Andorra ha evolucionado en esa dirección. Nosotros estábamos en un mundo semiprofesional, mientras que hoy el fútbol funciona como cualquier otra empresa, con una estructura muy organizada. En aquella época estaban los directivos, el presidente, el entrenador y poco más. Ahora hay muchísima gente trabajando en el club, cada uno con unas funciones concretas. Es una empresa organizada y esa es la gran diferencia. Pero en cuanto a estar más o menos cerca del país, no creo que haya cambiado tanto. Nosotros también éramos jugadores de fuera.

Usted ha vivido épocas en las que el club tenía aspiraciones importantes y otras en las que apenas disponía de recursos. ¿Qué cree que debería hacer el Andorra para no volver a pasar por aquellas situaciones y consolidar el proyecto a largo plazo?
Yo pienso que, para consolidar un proyecto a largo plazo, es muy importante tener una buena cantera. Pero eso en Andorra es muy complicado. El país tiene las dimensiones que tiene y disponer de una estructura de fútbol base que pueda nutrir a un equipo de Segunda División con jugadores de muy buen nivel es difícil. Para no volver a pasar por situaciones como aquella, hay que tener una buena base, pero conseguirlo aquí no es nada sencillo.
El Andorra siempre ha tenido la particularidad de ser un club del Principado que compite en España. ¿Cree que esa singularidad ha sido más una ventaja o un inconveniente a lo largo de su historia?
No, es una ventaja. Nosotros hemos tenido la suerte de poder competir en España, donde la competitividad es mucho mayor. Para mejorar tienes que competir con personas, jugadores o equipos que sean mejores que tú. Si no lo haces, nunca mejorarás. Por eso considero que haber podido competir en España ha sido una suerte para el Andorra.
Con Carles Manso en el banquillo y Piqué y Nogués a los mandos, el Andorra intenta consolidarse nuevamente en Segunda división. ¿Cómo ve al equipo actual?
Por lo que he podido ver y por la información que tengo, el Andorra tiene muy buen equipo. Pero la Segunda división es una categoría muy exigente, porque hay muy poca distancia entre los equipos. El último puede ganar al primero y el primero puede perder contra el último. Eso puede pasar siempre, pero en Segunda sucede muy a menudo. En Primera división cuesta mucho más ver estas situaciones.
En Segunda hay equipos muy parecidos, clubes muy profesionales, algunos con mucho nombre, y todo el mundo quiere subir. La calidad entre un equipo y otro es muy similar y eso hace que la competición sea muy exigente. Puedes ganar tres partidos seguidos y parecer que estás arriba del todo, pero después puedes perder cuatro consecutivos. Y te preguntas cómo puede ser. Pues porque en Segunda todos los equipos tienen un nivel muy parecido.
Durante muchos años, el Andorra ha sido un escaparate para futbolistas que llegaban de fuera. Hoy, con un proyecto profesional, ¿qué papel cree que deberían tener los jugadores del país dentro del club? ¿Quizá habría que dar más protagonismo a futbolistas como Berto o Aron Rodrigo, que actualmente están cedidos?
Yo con esto soy muy romántico. Entiendo que nos gustaría ver a más jugadores de Andorra en el equipo, pero tenemos que ser conscientes del nivel que exige la Segunda división. Es una categoría que requiere una inversión muy importante. Tienes que contar con veinte o veintidós jugadores del máximo nivel. No puedes pasar de una jornada a otra y decidir que vas a poner a cuatro jugadores de casa porque sí. En Segunda eso no existe. Como hemos dicho antes, cualquier equipo te puede ganar, incluso el último clasificado. Tienes que tener una plantilla de veintidós futbolistas del máximo nivel, y eso es lo que está haciendo el Andorra. Por romanticismo, sí que me gustaría ver a más jugadores del país, pero no creo que el Andorra esté ahora mismo para romanticismos.
Usted ha conocido diferentes generaciones de futbolistas, entrenadores y presidentes. Si tuviera que destacar a las personas que más han contribuido a construir la historia del Andorra, ¿a quién recordaría?
Yo creo que una persona muy importante fue Antonio Rogel. Cuando llegué a Andorra, él era el presidente del club. Estuvo muchos años en la presidencia y fue una figura muy importante. Pero también destacaría a todos los presidentes que han pasado por el club, porque cada uno ha hecho su trabajo y ha contribuido a que el Andorra siguiera existiendo. Tenemos que tener en cuenta que mantener este club siempre ha requerido una inversión muy importante. Hay muchos desplazamientos, algunos muy largos, porque no compites únicamente en Cataluña, y eso cuesta mucho dinero. Hay que destinar muchos recursos. Por tanto, creo que hay que reconocer el trabajo de cualquier presidente que haya estado al frente de la entidad. Sin esas personas, probablemente el Andorra no existiría.
Cuando el club celebre su centenario, en 2042, ¿qué le gustaría encontrarse?
A mí me gustaría encontrarme a un Andorra compitiendo al máximo nivel posible. Que pudiera jugar contra los mejores equipos. Eso siempre es bueno para el país, porque el fútbol es un deporte que tiene mucha repercusión y ayuda a dar visibilidad a Andorra. Por tanto, cuanto más arriba pueda estar el club, mejor para todos.
Llegó a Andorra para quedarse una temporada y ya lleva aquí más de treinta y cinco años. ¿Qué le ha dado este país, tanto personal como deportivamente?
Deportivamente, todo. Al final salí del Barça y acabé viniendo a Andorra, donde he desarrollado buena parte de mi trayectoria. Y personalmente, imagínate, todo también. Andorra para mí lo es todo. Desde que estoy aquí he construido mi vida, tengo a mi familia y todo lo que necesito. Este país me lo ha dado prácticamente todo.
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