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Monday, September 14, 2026

La transformación de Alexander Zverev: cómo hizo para ganar el US Open seis años después de derrumbarse

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“Esto es difícil… Estoy seguro de que mis padres están orgullosos de mí, a pesar de la derrota. Ojalá algún día pueda llevar el trofeo a casa…”. Alexander Zverev, que trataba de ocultar sus ojos humedecidos, finalmente se quebró durante la ceremonia neoyorquina. Fue el domingo 13 de septiembre de 2020.

El alemán, que siempre fue un crack con raqueta, se sintió anímicamente devastado aquel día. El mundo intentaba despojarse de la pandemia y las tribunas del Arthur Ashe, el estadio central del US Open, estaban vacías. Sin embargo, Sascha, por entonces número 7 del mundo, tuvo una inmejorable oportunidad para quitarse de encima el malicioso cartel que lo apuntaba como uno de los tenistas más valiosos de la Era Abierta sin un título de Grand Slam, así como el Chino Ríos, Nalbandian o Ferrer, entre otros fenómenos.

Alexander Zverev observando con orgullo el trofeo del US Open, tras vencer al local Ben Shelton en la definición, en el Arthur AsheAdam Hunger - FR110666 AP

Contemporáneo del Big 3 (Roger Federer, Rafa Nadal y Novak Djokovic), logró jugar su primera final grande en ese Flushing Meadows, ante Dominic Thiem, que era 3° del tour. Tuvo ventaja de dos sets a cero y quiebre en el tercero, y hasta la chance de cerrar el partido con su saque cuando iba 5-3 en el quinto parcial. Pero se amedrentó y falló. El grito festivo del austriaco retumbó en el silencioso gigante de concreto del barrio de Queens, en el que sólo estaban el árbitro y los jueces de línea, los miembros de los equipos y los trabajadores del torneo (todos utilizando barbijo, claro). En esa final perdida por Zverev, en esas palabras atiborradas de dolor, pareció diluirse una ocasión insuperable para hacer añicos el karma. “Si no fue hoy…”, fue el comentario general (y pesimista) en el mundo del tenis. Pero el destino le tenía guardada varias sorpresas (buenas y, también, de las otras) al jugador nacido en Hamburgo.

Desde entonces, Zverev siguió siendo protagonista en la súper elite del circuito, pero también quedó bajo las luces por las denuncias que recibió de exparejas por maltrato físico y psicológico, por competir padeciendo diabetes Tipo 1 (e inyectarse insulina durante los partidos) y hasta por un puñado de reacciones violentas dentro de los courts, como cuando rompió una silla de un árbitro a los raquetazos (en Acapulco 2022; fue descalificado por eso). Pese a ser observado de reojo y quedar aturdido -muchas veces- por lo periférico al juego, siguió esforzándose, empujado por su anhelo de ganar un Grand Slam. Y, al final, se le dio este año -el mejor de una carrera que suma trece como profesional-, en Roland Garros, aprovechando la caída de Jannik Sinner en la segunda ronda y la ausencia de un lesionado Carlos Alcaraz. Sascha dejó de lidiar con los fantasmas que lo turbaban recordándole que no tenía majors y se liberó.

Alexander Zverev y el saque, un golpe fundamental para vencer a Ben Shelton y conquistar el US Open, su segundo trofeo de Grand SlamCALEB BOWLIN - GETTY IMAGES NORTH AMERICA

Seis años después de las lágrimas por el mazazo contra Thiem, Zverev volvió a pisar el cemento del Arthur Ashe para una final. Ahora contra Ben Shelton, seis años menor y con el peso de la historia sobre su espalda. El zurdo nacido en Atlanta todavía no había cumplido un año cuando Andy Roddick ganó el US Open 2003, pero sabía que, desde entonces, ningún hombre estadounidense había ganado un Grand Slam en singles. El joven norteamericano, que eliminó a Alcaraz en los cuartos de final (en un partido que se prolongó hasta las 3.33 de la madrugada y que significó su primer éxito ante un top 3), intentó ponerle fin a una sequía de 8407 días. Pero Sascha tenía otros planes: compitió con seriedad, derramó toda su jerarquía y, prácticamente, no le mostró fragilidades.

“Voy a necesitar que me den energía el domingo”, había pedido Shelton en voz alta el viernes; nunca le había podido ganar a Zverev en los cinco duelos anteriores, entre 2024 y 2025. Pero este domingo el público se enfervorizó sólo en cuenta gotas, aunque por mérito del propio Zverev. Entre tantas estrellas presentes en el estadio, el alemán levitó y triunfó por 6-3, 7-6 (7-2), 5-7 y 6-2, después de tres horas y 33 minutos. Fue tal la concentración que tuvo que ocurrió un hecho inédito: se dio cuenta de que había ganado sólo al elevar la mirada y ver el score en las pantallas y las reacciones de los integrantes de su equipo y del público; recién allí cayó en lo que había concretado.

Un insólito momento tras ganar el título

Aprovechó los evidentes nervios de Shelton (cometió 47 errores no forzados contra 31 de su rival) y se consolidó con el saque: nueve aces, 85% de puntos ganados con el primer servicio, sólo un quiebre en contra. Así, el europeo de 29 años se transformó en el cuarto hombre de la Era Abierta en ganar sus dos primeros Grand Slams en el mismo año (uno de ellos fue Guillermo Vilas, en 1977, con Roland Garros y el US Open). Ahora, Sascha se unió a Boris Becker, que era el único alemán en ganar el grande neoyorquino (lo hizo en 1989).

Ausente Sinner, Zverev (N° 2 del mundo) fue el máximo favorito en el último grande del año. Y Shelton (octavo cabeza de serie en Nueva York y 4° del tour cuando se actualice el ranking) fue el primer rival preclasificado entre los 20 mejores que enfrentó Zverev en el torneo (hasta el estadounidense, el mejor posicionado había sido Luciano Darderi, 21° sembrado, en cuartos de final).

Un momento increíble: Zverev estaba tan concentrado que se dio cuenta de que había derrotado a Ben Shelton al elevar la mirada y ver la pantallaKirsty Wigglesworth - AP

Dentro de la transformación de Zverev cabe su mayor sensibilidad a la hora de enfrentar los micrófonos. Pronunció un emotivo discurso sobre su madre (Irina) y cómo ella lo ayudó a alcanzar sus anhelos, pese a luchar contra la diabetes. “Quiero agradecerle a una persona que, en realidad, nunca ve mis partidos, pero que es la más importante en mi vida tenística y en mi vida. Cuando a tu hijo de 4 años le diagnostican diabetes y los médicos te dicen que su vida y sus posibilidades de dedicarse al deporte estarán muy, muy limitadas, hace falta una madre increíblemente fuerte para salir y decir: ‘Mi hijo llegará a donde él quiera llegar. Si quiere ser tenista, será tenista. Si quiere dedicarse a otra cosa, lo hará. Pero esta enfermedad no nos definirá’. Mi madre es la persona más importante y fuerte que conozco. Se necesita una mujer de una fortaleza increíble para hacer lo que ella hizo”, describió Sascha, mientras su papá (Alexander, también) lloraba de la emoción en un rincón, junto a su otro hijo, Mischa.

El estadounidense Jimmy Connors, máximo ganador de títulos ATP de la historia (con 109), le entregó el trofeo del US Open a Alexander Zverev MATTHEW STOCKMAN - GETTY IMAGES NORTH AMERICA

Zverev domó los demonios y tomó las oportunidades que el circuito y su desgastante vorágine le presentaron. Y las tomó con autoridad, dejando atrás cualquier polémica por la cantidad de veces que pica la pelota entre saque y saque, eliminando cualquier duda por los momentos en los que parece autoboicotearse con inestables drives o exasperantes dobles faltas. Hasta achicó la distancia con Sinner, el número 1 (de 1810 puntos), soñando terminar la temporada en la cima. “Quiero agradecerle a mi equipo. Estuvimos casi 30 años sin ganar un título de Grand Slam y ahora ganamos dos en tan sólo tres meses. Creo que Dios ha visto lo mucho que trabajamos, cuánto sufrimos, cuánto dolor pasamos. Creo que 2026 es el resultado de todos los años anteriores”, confesó Zverev, el mismo que hace 2191 días, tras perder con Thiem en la definición del US Open, se mostró quebrado y resignado. Pero, oportunista, halló lucidez y la fuerza para transformarse.

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