¿Preferimos aprender de alguien que consigue las cosas fácilmente o de quien tiene que esforzarse?
Los niños pueden aprender de alguien con talento natural o de quien se esfuerza. Un estudio revela cómo cambia su elección con la edad.
Publicado por César Noragueda
Periodista especializado en cine, ciencia y pensamiento crítico.
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Un estudio con 220 niños examinó esa pregunta. Cuando queremos aprender algo, solemos fijarnos en quién parece dominar la tarea. Sin embargo, no siempre sabemos si esa persona nació con una habilidad especial o si la adquirió practicando durante mucho tiempo. ¿Influye esa diferencia en nuestra elección?
Imaginemos dos músicos capaces de interpretar la misma melodía. Uno asegura que le salió enseguida; el otro cuenta que necesitó repetirla muchas veces. Aunque escucháramos una ejecución idéntica, esos relatos podrían despertar expectativas diferentes sobre la ayuda que recibiríamos de cada uno.
A esos niños, les presentaron a dos personas: una conseguía resultados gracias a su facilidad natural; la otra tenía que trabajar mucho para lograrlos. La comparación permitía separar dos características que en la vida cotidiana suelen confundirse: el talento y la dedicación. En ambos casos, lo interesante era su forma de conseguir un objetivo concreto. No se trataba simplemente de escoger a quien resolviera mejor un problema, sino de averiguar qué historia de aprendizaje resultaba más convincente.
Después, les preguntaron de quién preferían aprender algo nuevo. Esta decisión ofrecía una manera sencilla de estudiar cómo juzgamos la capacidad de otras personas para transmitir conocimientos.
Conviene distinguir aquí una preferencia de una comprobación. Elegir a un posible maestro expresa una expectativa, pero no demuestra cuánto aprenderíamos realmente con él. Para responder a esa otra cuestión, habría que observar la enseñanza y evaluar después los conocimientos adquiridos.
A medida que crecían, los niños tendían a elegir a quien se había esforzado, incluso cuando ambas personas lograban el mismo resultado. El cambio relacionado con la edad sugiere que la experiencia y las ideas sobre el aprendizaje pueden influir en estas preferencias. Para un niño, alguien que tuvo dificultades quizá parezca más capaz de comprender los obstáculos que encuentra un principiante.
También podemos pensar en nuestras propias experiencias: recordar una explicación paciente o una dificultad compartida puede orientar futuras decisiones. Esta posibilidad sirve para ilustrar la pregunta, aunque por sí sola no explica el patrón observado ni demuestra sus causas.
Algunos de los niños explicaban que esa persona sabía más o había trabajado duro. Parece que el esfuerzo les servía como pista para decidir en quién confiar. Es una pista razonable en ocasiones, pero no infalible: dedicar muchas horas a una actividad no garantiza dominarla ni saber explicarla.
Por ejemplo, quien recuerda haberse atascado en un paso podría anticipar dudas habituales y ofrecer indicaciones útiles. Sin embargo, esa ventaja es hipotética: una persona con facilidad natural también puede escuchar con atención, adaptar sus explicaciones y reconocer los errores de quien empieza. La paciencia, la claridad y la capacidad de ajustar una lección son aspectos distintos del esfuerzo invertido para desarrollar una destreza. Por eso, conviene evitar convertir esta preferencia infantil en una regla sobre docentes.
Todo esto, entonces, no significa que alguien que se esfuerza enseñe mejor, sino que los niños valoran cómo ha conseguido aprender. El hallazgo ayuda a entender que nuestras elecciones sobre a quién escuchar pueden depender no solo de los resultados, sino también del camino recorrido para alcanzarlos.
REFERENCIAS
Nina N. Ye y Kathleen H. Corriveau. "Young children prefer to learn from and befriend strivers rather than endowed individuals". Communications Psychology, 17 de octubre de 2026.
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