¿Primavera?

La primavera ha llegado pero con algo anómalo, como si de cierta forma le aburriera ser primavera y quisiera seguir siendo invierno.
Ya casi se va octubre y las camperas y buzos siguen siendo algo habitual. Para un cubano, por supuesto, el asunto es algo más rudo y me viene a la mente un título de una novela de Mario Benedetti Primavera con una esquina rota, que habla de algo muy distinto (más amargo que el frío, creo); habla de la tristeza.
Para salir a correr por el río en esta primavera hay que correr abrigado además de llevar la aplicación runner de esa marca deportiva que mide los avances y los retrocesos en cuanto a ritmo, tiempo de carrera y calorías gastadas.
Para caminar uso una aplicación llamada Pasitos, que te promete premios si cumples determinada meta de pasos.

Se corre los fines de semana, por lo general, cuando el trabajo lo permite y se camina siempre. Pero es difícil llegar a los diez mil pasos diarios de una sola vez. Hay que ir de aquí para allá para acercarse a la meta de salud y con estos fríos se complica, aunque quedarse sentado no debe ser una opción, tampoco la aplicación es lo más importante... casi se puede decir que es lo de menos.
Se debe caminar para vivir el tiempo que nos toca, corto o largo, y poder disfrutar el mundo cuando viajamos.
Cuando puedes moverte bien hasta ir a la esquina, agacharte y mirar los árboles desde abajo, sentado en el césped de la plaza, es hermoso.
Yo ya desde Cuba era un caminante irredento, alguien que atravesaba la ciudad de punta a punta hasta llegar al muro del malecón y ver las olas del Caribe romper contra los arrecifes.

Aquí suelo tomar el tren de la línea Mitre, bajarme en Lisandro de la Torre, caminar por la Avenida del Libertador, girar por Juan B. Justo hasta llegar a Santa Fe, y caminar para ver los libros nuevos que llegaron a las librerías de las grandes cadenas y, sobre todo, a las librerías de viejo, que empiezan a la altura de esa esquina rebautizada Charly García (en una hermosa ceremonia donde Anita y yo estuvimos presentes).
En esas librerías he encontrado libros valiosos y raros tan baratos que por un momento piensas que el librero te está tomando el pelo. En esta época, las novedades vuelan y un libro que hace cinco años era novedoso y muy buscado, ahora, salvo especialistas y lectores empedernidos, nadie lo recuerda.
Es una época de urgencias y de delivery. Todo te lo traen a la casa, desde las zapatillas de correr hasta el último libro que salió hace una semana. Das clic en el teléfono y mañana llega. Podría uno vivir entre cuatro paredes siempre que tuviera algún trabajo online o viva de rentas.
Por eso, es tan importante salir a moverse aunque esta primavera no acabe de cuajar, de llenarnos la vida de flor y de aroma de azahar.
Esperemos que cambie pronto. Mientras tanto, caminemos, señoras y señores, con aplicación o sin ella. Lo importante es mantenernos siempre en movimiento.

Marcial Gala, escritor de la "patria de Guillén y de Borges". En Cuba ha sido Premio Alejo Carpentier, Nacional de la Crítica y de Cienfuegos en cuento y en poesía. En Argentina premio, Ñ Ciudad de Buenos Aires y en Estados Unidos estuvo entre los finalistas del Pen Club América. Aquí publicó cinco novelas: “Sentada en su verde limón”, traducida al italiano, “Rocanrol”, “La catedral de los negros”, al inglés, francés, alemán y árabe, “Llámenme Casandra”, al inglés, francés, italiano, portugués y polaco y, la última, “La máquina de ser feliz”.
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