Vuelven a postergar una encuesta nacional clave para saber si crecen enfermedades como el cáncer y la diabetes

Hace exactamente un año, Clarín informaba que la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR), un termómetro clave para medir la salud de la población, debería haberse hecho en 2022, cuatro años después que la anterior, pero llevaba siete años sin concretarse. Van ocho. Al cierre de estas líneas, este relevamiento primordial para tener una radiografía de cómo las principales enfermedades crónicas no transmisibles (esto es, cáncer, diabetes, todo tipo de afecciones respiratorias y también las cardiovasculares como hipertensión) están calando en la sociedad se encontraba fuera de agenda, culpa de un obstáculo nada menor.
Según fuentes reservadas de primera línea, hasta junio de este año, el Ministerio de Salud de la Nación manifestaba la intención de realizarla. El diseño de la tan demorada 5º edición de la ENFR se comenzaría a poner en marcha en esta segunda mitad del año. Llevaría entre seis y ocho meses realizarla y la idea era tenerla publicada en 2027.
Sin embargo, esa intención colisionaba con lo que decían en el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), a cargo de la encuesta propiamente dicha. Y es que en el organismo que desde febrero pasado (tras la renuncia de Marco Lavagna) maneja Pedro Linés, nadie estaba realmente al tanto de semejante intención. Tampoco había ninguna encuesta de salud entre los proyectos en carpeta del INDEC para 2026.
Consultados ahora, tanto en Salud (ministerio que maneja Mario Lugones) como en el INDEC, confirman que no hay novedades al respecto. No se dan explicaciones on the record de por qué. Tampoco existe una medición sobre las consecuencias de no tener actualizados este tipo de diagnósticos.
La 4º edición de la ENFR se hizo en 2018, durante la gestión de Salud de Adolfo Rubinstein. Fue con un año de demora con respecto al plazo de cuatro años entre ediciones definido en 2009, a través de la resolución 1083, cuando se aprobó la denominada Estrategia Nacional para la Prevención y Control de Enfermedades no Transmisibles y el Plan Nacional Argentina Saludable.

La demora, justificó hace un año el propio Rubinstein en diálogo con este medio, se debió a que el operativo no fue meramente declarativo sino que se sumó una “submuestra directa”, que implicó la toma de muestras biológicas de un grupo de personas, con la intención de chequear la existencia de posibles sesgos en las entrevistas.
Se trata de un tema central, ya que se presume que no siempre quienes declaran no tener “nada” (por ejemplo, no ser diabéticos o hipertensos) cumplen con esa condición y entonces ignoran su enfermedad. Ocurre lo mismo a la inversa, en base a autodiagnósticos o diagnósticos flojos de papeles. Esta submuestra u otras posibles son complementos útiles, pero nadie discute que debería haber ante todo una encuesta general de la que partir.
No tan lejos de entrar en el décimo año desde que se hizo el operativo que dio lugar a la 4º Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, fuentes reservadas directamente ligadas a la esfera de Gobierno explican que el problema es meramente financiero.
Ministerio de Salud: cuando la billetera no alcanza
Como ocurre con varios operativos de este tipo, el Ministerio de Salud debe no sólo diseñar o programar la encuesta junto al INDEC, sino también solventarla. Y, en concreto, aseguró una voz reputada en la materia, el INDEC habría solicitado 8 millones de dólares para llevar adelante el operativo de la 5º Encuesta Nacional de Factores de Riesgo.
Que se requieran fondos de la cartera sanitaria, en este caso, no es ninguna anomalía. La Ley 17.622, que regula el funcionamiento del INDEC y del Sistema Estadístico Nacional, contempla expresamente entre los recursos del instituto las “contribuciones, aportes y subsidios” provenientes de dependencias o reparticiones oficiales. El Ministerio de Salud es una de ellas.

La primera ENFR se hizo en 2005. Cuando en 2009 se lanzó la segunda edición, el Ministerio de Salud resolvió que la herramienta era lo suficientemente importante para la elaboración de políticas sanitarias como para repetirla cada cuatro años. Todo quedó plasmado en la resolución 1083 ya mencionada.
Después llegaron las ediciones de 2013 y 2018, la última con un año de atraso. La quinta edición debía realizarse en 2022, pero lógicamente la pandemia de Covid alteró los calendarios estadísticos. Tanto fue así, que el propio Censo nacional previsto para 2020 terminó realizándose en 2022. La 5° ENFR, sin embargo, nunca se concretó.
Encuesta de factores de riesgo y anuncio falaz
En mayo de 2023, durante la gestión presidencial de Alberto Fernández, el Ministerio de Salud y el INDEC anunciaron que estaban definiendo los lineamientos de la quinta edición de la ENFR. Informaron que habría una prueba piloto durante el segundo semestre de ese año y que el relevamiento se implementaría a partir del primer trimestre de 2024.
Pero hubo más. Adelantaron incluso cambios en el cuestionario. A diferencia de la edición de 2018, se recuperarían preguntas sobre cobertura de vacunas, afecciones crónicas, accidentes cerebrovasculares, infartos agudos de miocardio, enfermedades pulmonares crónicas y enfermedades renales, entre otros temas. No ocurrió. La encuesta no se hizo en 2022, no se hizo en 2023 ni en 2024 y tampoco en 2025 ni en la parte transcurrida de este año.
Para Rubinstein, quien ahora dirige el Centro de Implementación e Innovación en Políticas de Salud del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (CIIPS-IECS), esta deuda “es parte del desentendimiento del Ministerio de Salud de las políticas nacionales. En ese sentido, la demora no sorprende”.
Según opinó, más allá de la “notable reducción en los presupuestos públicos, incluyendo el de Salud” y más allá de que se le derive la responsabilidad a las provincias, “tener datos nacionales es fundamental para el desarrollo mínimo de políticas públicas sanitarias”.
Es claro que este tipo de retrasos vuelve anacrónicos los datos disponibles sobre prevalencia de varias de las enfermedades más importantes de este siglo, tanto por la prolongación en la expectativa de vida como por la carga económica que esas patologías representan en los sistemas de salud.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades no transmisibles son responsables de tres cuartas partes de las muertes a nivel global. Algunos de los factores detrás de esos fallecimientos deberían actualizarse en la 5º ENFR. Por ejemplo, tabaquismo, alimentación, actividad física, exceso de peso, hipertensión, diabetes o consumo de alcohol. Por ahora, habrá que esperar.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.