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Sunday, November 1, 2026

La “clase” del profe Silva

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Parece que se había olvidado, en un país de memoria frágil, que el circunspecto subsecretario de Justicia, Luis Silva, era, en realidad, el otrora profe Silva, académico que se hizo famoso como uno de los líderes del Partido Republicano en el segundo proceso constitucional. Fue un actor relevante en la estrategia de su partido de hegemonizar el proceso, botar a la basura el texto de la comisión experta e intentar a toda costa dejar una huella profundamente identitaria en la Constitución.

Por algo se le apodó al profe Silva el “Stingo de derecha”. “Nosotros ganamos, ustedes perdieron”. Esa fue su “clase” magistral cuando explicó por qué, en los hechos, estaban pasando la aplanadora. Con muy cuidados modales, no se le movió un pelo del peinado y la sonrisa para decir que podían dialogar mucho, pero que, a la hora de votar, los que habían ganado eran ellos.

Pasó el tiempo y Luis Silva se convirtió en subsecretario del Ministerio de Justicia, pero con perfil bajo. Mientras el profesor Silva no rehuía ninguna cámara, el subsecretario, en cambio, cuidaba sus dichos y su exposición pública. Estaba en deliberado segundo plano.

Eso, hasta ahora, en que el caso más grave que ha enfrentado el gobierno actual, como es el de rebaja de penas a pedófilos, lo puso de nuevo en el centro de la escena, pues firmó 10 de los decretos. Y, como informó Teletrece, concedió beneficio a un condenado por abuso antes de que se resolviera su recurso de amparo en la Corte de Valparaíso.

Entonces, volvió el profe Silva, y decidió darnos otra lección. Y en un viralizado y desconcertante video, dictó su cátedra. Esta vez no se expuso a preguntas de periodistas. No aceptó contestar, por ejemplo, por qué cambiaron de criterio en junio; por qué desoyeron los consejos de asesores que hicieron ver las consecuencias de rebajar penas. Por qué no les avisaron a las víctimas y a sus familias. Y, sobre todo, por qué no tomaron en cuenta el mayor vacío de su línea argumental, como es sostener que la Suprema tenía jurisprudencia unánime al respecto, siendo que la corte había cambiado su visión y, pese a ello, el ministro Rabat -y los subsecretario suyos, Silva y Mira- siguieron firmando decretos que dejaron sueltos, un año y medio antes en promedio, a pedófilos que ni quisiera muestran arrepentimiento.

Nada de preguntas, solo un video en redes.

“Cuando el subsecretario, subrogando al ministro de Justicia, firma, lo hace aplicando el criterio fijado por el propio ministro. Y eso fue lo que hice”, sostuvo en su video de menos de cinco minutos.

Comunicación unidimensional sin réplicas, y sin escrutinio público. Y sin decirle al ministro Rabat -a quien le endosa toda responsabilidad sobre lo ocurrido- ni, hasta donde se sabe, al Presidente Kast o a sus asesores más cercanos, uno de los cuales es su tío, Alejandro Irarrázabal, poderoso jefe del Segundo Piso.

La clase que dio Silva pretendía ser jurídica -dijo que lo hizo para hacer “pedagogía”-, pero en realidad es una clase sobre lo que no hay que hacer ni en política ni en la vida. Primero, no asume responsabilidad ninguna e insiste en que no hay error en lo que se hizo. No le importa que nadie en Chile piense así (menos del 6%, según Cadem). Silva, además, dice que a quien hay que pedir explicaciones es a Rabat. ¿Qué clase de lealtad es esa? ¿No asume ninguna responsabilidad personal?

Peor aún: incluso, si fuera cierto que no tuvo arte ni parte, ¿qué tipo de ejercicio de la autoridad está reconociendo que es? ¿Un subsecretario que no hace el más mínimo discernimiento respecto de lo que firma, sobre sus consecuencias? Quiere decir que él no considera que su deber de lealtad -con él y con las personas de Chile a quienes debiera servir- es cuestionar las malas decisiones, hacer ver sus puntos ciegos, en este caso, especialmente la dimensión humana que significa para un niño abusado encontrarse que su violador salió libre antes de tiempo.

La dimensión más importante de la toma de decisión, del criterio, es justamente ser capaz de ver el error donde otros ven “impecabilidad”. O el horror, como es este caso. Y hablar. No verlo, o verlo y no hablar, o escucharlo y no aquilatar lo que se está decidiendo, y llegar y estampar la firma sin más, es exactamente lo contrario a lo que cualquier profesor del mundo les enseñaría hacer a sus alumnas y alumnos.

Pensar por sí mismos, ver las consecuencias sobre las personas, cuestionar y rebatir si se requiere, y tener la valentía de asumir los costos personales, sin endosar a otros lo que es propio: esas son lecciones universales de ética, política o de sentido común básico. Lecciones que el profe Silva, en su video, definitivamente reprobó.

No está solo en su mal desempeño. En el episodio Rebaja de penas a pedófilos, el gobierno entero reprueba -y se hunde- cada vez más.

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