El ascenso de AfD: cómo un partido extremo se transformó en el más popular de Alemania
“Somos la fuerza más potente y hemos llegado a la corriente principal de la población”, declaró el domingo pasado Alice Weidel, colíder del partido Alternativa para Alemania (AfD), tras arrasar en sus segundas elecciones estatales de septiembre. Pese a que aún no cuenta con el apoyo suficiente para gobernar en solitario, el hito es crucial en un país donde la extrema derecha ha sido marginal a la política durante décadas por la experiencia del nazismo.
AfD dejó de ser una fuerza marginal hace años. Su amplio triunfo en Mecklemburgo-Pomerania Occidental el domingo pasado (38%) y en Sajonia-Anhalt el 6 de septiembre (44%), donde duplicó sus resultados de 2021, la vuelve a consagrar como la principal oposición al impopular gobierno del canciller Friedrich Merz. De hecho, la Unión Demócrata Cristiana (CDU) del mandatario sufrió una derrota histórica en Mecklemburgo.

Aunque los principales bastiones de AfD se encuentran en la antigua Alemania Oriental, su auge es nacional. De acuerdo con Político, el partido percibe un 28% de intención de voto para el Bundestag y es la principal fuerza política del país. En el Parlamento ya cuenta con 152 de los 630 escaños, que obtuvo en las elecciones federales de 2025, cuando fue la segunda tienda más votada.
Así, el partido que el servicio de inteligencia interior de Alemania ha clasificado en algunos estados como “extremista de derecha” prolifera pese a los esfuerzos de los partidos tradicionales por limitarlo. Esto, a través de la estrategia del “cortafuegos”, que es su pacto para no formar coaliciones con la extrema derecha.
Pese a que AfD aún no puede gobernar en solitario en Sajonia-Anhalt, el estado en que registró los mayores votos, solo estuvo a tres escaños de conseguirlo. Un escenario que algunos analistas estiman que sí se podría concretar si pacta con la izquierda conservadora de BSW, con quienes comparten posturas antimigratorias y euroescépticas. De ser así, sería la primera vez que la extrema derecha lidera un Estado germano desde la Segunda Guerra Mundial.
Origen anti-euro
AfD se formó en febrero de 2013 en Oberursel, una ciudad a 20 minutos de Frankfurt, en el estado de Hesse. “Surgió como un partido anti-euro”, explica Dan Hough, profesor de política de la Universidad de Sussex y experto en Alemania.
En medio de la crisis de la divisa, el primer estandarte del partido fue que “Grecia y otros países de la región abandonaran el euro” y, posteriormente, que Alemania también la dejara, “lo que habría significado el fin de la moneda”, añade.

Ese discurso euroescéptico, no obstante, con el pasar del tiempo “se estaba quedando sin fuerza y necesitaba urgentemente un nuevo impulso”, continúa Hough. Ese impulso llegó en 2015, cuando Alemania recibió alrededor de un millón de refugiados que escapaban de los conflictos en Siria, Afganistán e Irak y el partido pasó de discutir el euro a rechazar la migración.
“Ahí fue donde la AfD realmente encontró su razón de ser, y fue ese acontecimiento decisivo lo que le permitió transformarse en la fuerza populista de extrema derecha que vemos hoy”, explica.
Werner Patzelt, profesor emérito de la Universidad Técnica de Dresde, ha estudiado en numerosas oportunidades a la AfD. Consultado por cuándo notó el potencial del partido por primera vez, el académico se remite a 2015, en el contexto de las manifestaciones del movimiento de extrema derecha Pegida, “que se oponían a la inmigración musulmana a gran escala y atrajeron una considerable atención en toda Alemania”, recuerda.
“Cuando se preguntaba a sus participantes qué partido pensaban apoyar en la siguiente cita electoral, casi todos mencionaban a la AfD”, afirma Patzelt, que atendió a las manifestaciones como observador.
“Tras la gran afluencia de migrantes en 2015, se celebraron elecciones en varios estados federados alemanes en la primavera de 2016. Y tal como había previsto, estos comicios marcaron el inicio del ascenso de la AfD, una trayectoria que ha continuado hasta el día de hoy”, agrega.
En cuanto a sus resultados electorales recientes, el académico apunta que la AfD recibió un nuevo impulso desde mediados de 2022. Con la inflación, la inseguridad energética, las consecuencias de la invasión rusa a Ucrania y el desgaste de la coalición de gobierno, el partido encontró “otra gran oportunidad para expandirse”, explica.
¿Un electorado descontento?
En Sajonia-Anhalt, según reportó The Conversation, AfD ganó entre los obreros (59%) y entre los votantes de menor nivel educativo (57%). Sin embargo, también registró apoyo entre graduados universitarios (30%) y entre quienes se perciben con buena situación económica (37%). Así, lideró en todos los rangos etarios, a excepción de los mayores de 70 años.
Según explica Teresa Haußmann, cientista política de la Universidad de Potsdam, el electorado de AfD a nivel país tiene dos niveles. Por un lado, cuenta con “un núcleo estable de partidarios muy comprometidos, claramente nacionalistas y alineados con la ideología de extrema derecha del partido”, plantea.
Por otro lado, también recibe apoyo de un grupo “más amplio de votantes con menor compromiso ideológico”, añade. En este, su afiliación se relaciona con una sensación de inseguridad económica y social, insatisfacción con los servicios públicos y desconfianza hacia el gobierno. Aunque en este sector no están ausentes las actitudes extremistas, aclara Haußmann, estas no explican su voto.
Sobre su distribución geográfica, Patzelt añade que hoy es el partido más fuerte en los cinco estados del este del país, en base a encuestas recientes. No obstante, también “ha más que duplicado sus votos en el oeste”, agrega. De hecho, explica el académico, 70% de sus votantes son del occidente de Alemania, simplemente “porque vive más gente ahí”. De esta forma, la AfD “es dominante en el este, pero ya no está confinada ahí”, resume.
Según complementa Hough, en el este del país el fenómeno es distinto. Pese a la reunificación del país tras la caída de la República Democrática Alemana (RDA), en aquella región los sueldos y las pensiones siguen siendo más bajos que en la parte occidental. Pese a que la situación de sus habitantes ha mejorado con el tiempo, explica, entre ellos “persiste una sensación de que son ciudadanos de segunda clase”, además de una “percepción de una brecha entre el este y el oeste”.
El manual de estilo de la AfD
Para Henk de Berg, profesor de Alemán en la Universidad de Sheffield de Reino Unido y experto en cultura política alemana, una de las más claras representaciones de la retórica de AfD está en la propaganda electoral del candidato Ulrich Siegmund para las elecciones de Sajonia-Anhalt.
En aquel afiche no hay una postura antiinmigración, sino que el candidato aparece sonriendo bajo el eslogan de “Todo va a estar bien”. Según explica de Berg, es un ejemplo del populismo del partido: “No se trata de lo que tiene sentido racional, se trata de cómo se siente la gente”, que en general “se siente abandonada por los políticos tradicionales”.

En el caso contrario, apunta el experto, “si te fijas en lo que hace Friedrich Merz, él siempre plantea una especie de escenario apocalíptico o sombrío”. Y, aunque la AfD también suele afirmar que “las cosas son terribles ahora”, lo complementan con una idea de que las cosas “eran mejores en el pasado y que pueden volver a ser buenas en el futuro”.
Por otro lado, afirma de Berg, catalogar al partido de nazi es “históricamente incorrecto”. Esto, debido a que el concepto se suele relacionar con “campos de concentración, policías secretas, un Führer. Y AfD no tiene nada de eso”. No obstante, aclara, “hay paralelismos entre la AfD y el nazismo” en su retórica y estrategia política.
Uno de los ejemplos de esto es que ambos cuentan con una “ideología container”, afirma. Es decir, realizan propuestas que reúnen conceptos usualmente incompatibles. Y, además, suelen presentar sus ideas con un cierto nivel de vaguedad que “consigue tanto a los extremistas como a los más moderados”, agrega.
Una de ellas es el concepto de “remigración”, dice de Berg; un término con que la AfD ha descrito su plan de deportaciones masivas y que el canciller Merz calificó de “un sinónimo de limpieza étnica”. Esto último, debido a una investigación periodística que reveló el uso del concepto en una reunión con miembros del partido para referirse a la deportación de ciudadanos alemanes con antecedentes migratorios.
“(La AfD) nunca ha definido con claridad a qué se refieren exactamente con ‘remigración’”, afirma de Berg. “Podría significar, por ejemplo, que expulsarán del país a todos los que no hayan nacido en Alemania, o que quieren deshacerse de los extranjeros que han cometido delitos”.
Según complementa Haußmann, “la experiencia de Alemania con el nacionalsocialismo condiciona el debate sobre la AfD de una manera muy concreta, tanto institucional como culturalmente”.
La parte institucional, afirma la cientista política, se remonta a la Constitución del país. Esta permite que el Tribunal Constitucional prohíba a un partido que busque socavar la democracia del país. Por eso, el procedimiento que han discutido los partidos tradicionales de Alemania por prohibir la AfD es un “debate específicamente alemán”, afirma.
Por otro lado, “el legado histórico también modifica la cultura política”, profundiza. Es así como en manifestaciones en contra de la AfD se ha invocado frecuentemente la consigna posguerra del “Nunca más”, afirma.
Además, añade la experta, “la dimensión histórica del nacionalsocialismo también está presente en cómo las propias figuras de la AfD se relacionan con él”. Entre los votantes del partido, afirma, una porción significativa “opina que Alemania debería ir más allá de su cultura de memoria histórica sobre el Holocausto y otros crímenes del régimen nazi, y poner menos énfasis en ella”.
Así, por ejemplo, uno de los fundadores del partido, Alexander Gauland, “se ha referido al pasado nazi como una Vogelschiss -una caca de pájaro-, en la historia alemana”, concluye Haußmann.
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