Alia Lira Hartmann: Desde otras ciudades

▲ El edificio no tiene la belleza de un monumento, pero es mudo testigo de las heridas de una ciudad.Foto Alia Lira Hartmann
H
iroshima quedó grabada en la memoria del mundo cuando la primera bomba nuclear lanzada por Estados Unidos cayó en esa ciudad el 6 de agosto de 1945. Tenía entre 250 mil y 350 mil habitantes, de los cuales 80 mil perdieron la vida al momento de la explosión; al final de ese año, serían 140 mil por las quemaduras o la radiación.
Los sobrevivientes comenzaron a rehacer sus vidas entre los escombros. El verano facilitó algunas actividades al aire libre; las escuelas reanudaron clases en improvisados salones y las oficinas de gobierno instalaban escritorios para documentar los detalles de la destrucción. Los habitantes estaban perplejos cuando empezaban a sufrir los efectos de la radiación, hasta entonces desconocidos. Algunos escondían sus quemaduras, pues era difícil encontrar trabajo.
Actualmente tiene más de un millón de habitantes. Entre los edificios modernos, una estructura de hierro retorcido, ladrillos desnudos y muros resquebrajados permanece como una herida abierta en el corazón de la ciudad, a un costado de uno de los ríos que la atraviesan: el Motoyasu.
Se trata de la Cúpula de la Bomba Atómica, Genbaku Dome. El edificio albergaba un salón de promoción industrial de la prefectura. Fue construido en 1914, cuando Hiroshima pretendía convertirse en un importante centro industrial y comercial. Destacaban en su diseño elementos de arquitectura europea lo cual era muy atractivo para un país oriental. Su cúpula metálica le daba una apariencia singular al paisaje urbano.
La detonación ocurrió a sólo 160 metros arriba, lo incendió y quienes se encontraban allí murieron de forma instantánea. La ola de fuego arrasó con 90 por ciento de la ciudad; paradójicamente, el antiguo no desapareció por completo, aunque quedó severamente destruido y parte de su estructura permaneció en pie.
Se conservó, entre otros factores, por la forma en que la explosión se produjo y con la resistencia de la estructura. La inmensa onda expansiva de fuego destruyó gran parte de sus muros y elementos interiores, pero de manera sorpresiva dejó perfectamente reconocible su parte central y el domo.
Al terminar la guerra se debatió qué hacer con sus restos. Para muchos sobrevivientes debían ser completamente demolido al ser un testigo silencioso de la dolorosa tragedia. Sin embargo, muchos otros quisieron conservarlo para que las generaciones futuras pudieran tener un ejemplo palpable y comprender lo ocurrido. Finalmente, en 1966 la prefectura decidió conservarlo.
La Cúpula de la Bomba Atómica es uno de los símbolos más poderosos de la memoria de la Segunda Guerra Mundial. Es un destino imprescindible en Japón. Los restos se encuentran protegidos por una reja, pero es posible tomar fotos. Una placa al frente indica los detalles de la construcción antes y después.
No fue reconstruida ni embellecida. Se optó por mantenerla en ruinas procurando conservar la apariencia tras el bombardeo. Intervenciones posteriores han buscado estabilizarla para evitar su deterioro con refuerzos mínimos. En 1996 fue registrada en la Unesco como patrimonio mundial. Mientras otras urbes conservan con orgullo sus edificios históricos, iglesias o templos como parte de su pasado, Hiroshima tienen uno en ruinas que representa lo que el mundo nunca debe olvidar.
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