La culpa no es del gato

Chile tiene la tercera tasa de fecundidad más baja del mundo, después de Corea del Sur y Singapur, con apenas 0,99 hijos por mujer. En la prensa, hemos visto titulares con la frase “Prefiero un gatito”, tomada del testimonio de una joven. Aunque el artículo analiza diversas causas, su titular corre el riesgo de reducir un fenómeno complejo a una supuesta falta de interés.
Muchos jóvenes quisieran ser padres o madres, sin embargo, entre ese deseo y la posibilidad de concretarlo hay numerosos obstáculos: conciliar trabajo y crianza, acceder a una vivienda y asumir la parentalidad como un proyecto de dos.
Y antes de los hijos están los vínculos. Hay quienes quisieran tener hijos, o tener más, pero no han encontrado pareja o no logran construir un proyecto de vida compartido. La soledad también forma parte de esta realidad.
Si queremos que nazcan más niños, urgen políticas que faciliten formar y sostener una familia, con apoyos efectivos para la crianza y corresponsabilidad entre madres y padres. El cuidado de los hijos no puede seguir recayendo desproporcionadamente sobre las mujeres. Mientras sigamos tratando la baja natalidad como un asunto meramente individual, seguiremos diagnosticando mal. Y el gato seguirá cargando con la culpa.
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