Pereira llora a casi 100 víctimas mientras sigue buscando a sus más de 270 desaparecidos
En el parque La Libertad se concentran buena parte de los fallecidos y damnificados. La emergencia deja a 270 desaparecidos y 35.200 casas afectadas.
Siguen las labores de búsqueda y recolección de escombros en la ciudad de Pereira. Foto: Sergio Cárdenas. El Tiempo

PERIODISTA JUDICIALActualizado:

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“Hijo, te amo y el domingo te vas a estar casando. Y si no es el domingo, va a ser en ocho o 15 días, pero vas a estar ahí, hijo”, repetía Hernán Giraldo, padre de Juan Felipe Giraldo, aferrándose a la esperanza de que su hijo fuera rescatado con vida. De que pudiera ver crecer a su pequeño hijo de 2 años y cumpliera con el matrimonio que estaba a días de celebrar.
En la tarde del viernes 14 de agosto, su cuerpo fue encontrado entre los escombros del hotel Dibeni, en el centro de Pereira. Allí permaneció don Hernán durante cuatro días sin pestañear, siguiendo cada movimiento de los rescatistas y aferrándose a cualquier señal de vida.
Juan Felipe es una de las 95 personas, hasta ahora identificadas, que murieron en el terremoto del pasado lunes 10 de agosto en Pereira. “Parece como si la hubieran bombardeado”, dicen sus habitantes, que casi una semana después de la tragedia, con la misma pujanza con la que se organizaron para, en fila india, levantar muros y salvar vidas, hoy tienen la mirada puesta en la reconstrucción.
Desde el 10 de agosto, la ciudad ha sido el escenario de las tragedias de Ana Victoria Mejía Osorio, Luis Carlos Velasco Gutiérrez, José Manuel Castaño Tejada, Manuel Enrique Gómez Ariza y otras 90 personas y sus familias, que añoraban un rescate.
Pero también ha sido escenario de esperanza. De historias como la de Daniela Largo y la fe inagotable de su mamá, que la esperó durante 36 horas hasta verla salir con vida de entre las columnas y paredes derrumbadas de lo que antes era una pensión, en una esquina del parque de la Libertad, una de las zonas que quedó prácticamente pulverizada. Daniela sobrevivió al cáncer, logró sobrevivir al terremoto, pero murió en la mañana de este viernes 15 de agosto como consecuencia de permanecer sepultada durante tres días bajo bloques de cemento. Como ella, otras 260 personas fueron rescatadas. Un número similar, 270, sin embargo, sigue desaparecido.
Hernán Giraldo permaneció en el Hotel Dibeni mientras buscaban a su hijo Juan Felipe. Foto:Redes sociales
En total, 66 edificaciones colapsaron por completo y más de 35.000 viviendas resultaron averiadas.
Hoy, la capital risaraldense tiene esquinas, calles enteras con casas sin fachada, varillas expuestas y carros aplastados por los escombros. Pero también está llena de rescatistas, equipos técnicos del Ejército, además de brigadas internacionales que llegaron desde países como Estados Unidos y Ecuador.
Aunque se mantienen los esfuerzos, y la esperanza, de hallar personas con vida entre los escombros, con cada hora que pasa se va cerrando esa ventana de posibilidad y empieza a imponerse otro reto: la gestión sanitaria de los cuerpos y su entrega digna a las familias.
Diego Vélez estaba en un hotel de Pereira cuando sintió que se lo iba a tragar la tierra. Salió corriendo y, estando en la calle, vio cómo se le venía encima esa edificación que hoy ya no existe. La que era su casa fue removida con ayuda de máquinas y la última imagen que quedó de ella fue la de una lavadora colgando de un cuarto piso, junto a varias prendas de ropa extendidas en ganchos.
Esa noche, Olivia López, madre cabeza de hogar, durmió en la calle porque tenía temor de perder lo que tanto tiempo le costó construir. Entre el lunes del terremoto y el martes del asombro, mandó a sus hijos a dormir donde amigas para poder quedarse a cuidar lo poco que le queda en pie.
Su casa quedó con parte del techo desplomado, sus paredes están al borde del colapso y caminar por los pasillos deja la sensación de estar pisando gelatina. La difícil situación es la misma en su trabajo. Labora en el restaurante de al lado, conocido en la zona como Lunita, y el martes no abrió porque también resultó afectado.
En Pereira, la ciudad más golpeada del Eje Cafetero, uno de los puntos críticos son los alrededores del parque La Libertad. Allí viven Diego y Olivia. Hoy son la cara de una tragedia que deja más de 280 muertos y un sinfín de preguntas a las que tal vez, con el tiempo, se les dé una respuesta.
“Increíble cómo cambia la vida, ¿no?”, “¿por qué no alcanzó a salir el barbero?”, “¿cómo voy a hacer con mis hijos?”, “¿se imagina que hubiera estado adentro del camión?”, “¿y si se hubiera ayudado más rápido, la señora habría alcanzado a vivir?” son algunas de las dudas.
Una de las imágenes que más recuerdan los pereiranos es la de la ciudadanía que, tras las primeras horas del terremoto, mientras las autoridades asimilaban la magnitud de la tragedia y organizaban la respuesta a la emergencia, se volcó a las calles, se remangó la camisa y comenzó a quitar, con sus propias manos, uno a uno los bloques de cemento mientras gritaba los nombres de quienes podían seguir atrapados.
Hoy, el panorama sigue siendo devastador. Varias personas murieron y otras permanecen atrapadas bajo los escombros, con un margen mínimo de posibilidades de sobrevivir.
En el lugar donde funcionaba el hotel Dibeni permanecen concentrados los mayores esfuerzos de rescate, aunque por momentos los puños levantados de los rescatistas parecen sentir señales de vida, el intenso calor y la cantidad de escombros dificultaron las labores y en ocasiones se riega en la zona un fuerte olor a descomposición.
Graves afectaciones en Pereira tras fuerte terremoto de magnitud 7,4. Foto:SERGIO CÁRDENAS/ EL TIEMPO
El propietario del hotel le contó a este diario que tiene un listado de las personas que, según la información disponible, todavía estarían atrapadas bajo la estructura. En su mayoría son turistas que habían llegado días antes a hospedarse en la ciudad.
El alcalde Mauricio Salazar también recorrió el centro de Pereira y se refirió a esa señal de vida que llegó desde los escombros.“A las cuatro de la mañana hubo contacto con una persona que está en medio de los escombros, una mujer. Eso nos llena de mucha esperanza, de mucho entusiasmo, de mucha ilusión. Acá se está trabajando a toda marcha para lograr sacar a esa persona con vida y, ojalá, encontrar muchas más”, dijo el mandatario.
El cuadro de esa escena se repite, en menor medida, en algunas partes de Manizales y Armenia, así como en municipios del Eje Cafetero. Es frecuente ver calles llenas de escombros, gente brindando ayuda humanitaria, voluntarios cargando baldes, bomberos pidiendo silencio y fuertes olores a descomposición, porque el paso del tiempo ha hecho de las suyas.
*Con información de Laura Gutiérrez
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