¿Salvación o condena? La IA nos cambiará la vida, pero aún no sabemos si para bien o para mal. Testeá de qué lado estás

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Por María del Pilar Castillo
18 de septiembre de 2026
Imaginá una de esas bifurcaciones de las viejas caricaturas. Tenés que decidir qué dirección tomar. Si vas por la izquierda, el camino se abre hacia una pradera luminosa, cubierta de lavandas, atravesada por un río sereno y con caballos que galopan libres bajo un cielo despejado. Pero si elegís la derecha, el camino empieza a volverse sombrío, los árboles se tornan espinosos, los murciélagos merodean y, de pronto, aparece un precipicio abrupto que termina en un pozo negro. Puede sonar exagerado, pero esa imagen resume bastante bien las dos visiones extremas que hoy compiten alrededor del futuro de la inteligencia artificial (IA).
Mientras Trump pisa el acelerador, las advertencias llegan desde el corazón mismo de la industria. Dario Amodei, CEO de Anthropic y una de las figuras más influyentes del sector, pidió “desacelerar el ritmo al que mejoramos las capacidades de los modelos” para ganar tiempo frente a riesgos que considera cada vez más difíciles de controlar. Y no está solo. Otros protagonistas de la carrera, entre ellos Sam Altman y Elon Musk, también respaldaron la necesidad de avanzar con mayor cautela.
En un extremo aparece una tecnología capaz de curar enfermedades hoy intratables, acelerar descubrimientos científicos, multiplicar la productividad, reducir accidentes, anticipar catástrofes y ampliar la participación ciudadana. En el otro, una fuerza capaz de desplazar millones de empleos, fabricar desinformación a escala industrial, perfeccionar la vigilancia de los regímenes autoritarios, volver más letales las guerras e incluso facilitar amenazas biológicas o cibernéticas. También asoma un fenómeno todavía más inquietante, la automejora recursiva, por la cual sistemas avanzados podrían ayudar a crear sucesores cada vez más poderosos hasta que su evolución supere la capacidad humana de comprenderlos o controlarlos. Entre esas dos rutas hay, por ahora, una enorme zona gris. Y lo inquietante es que todavía no sabemos hacia cuál estamos avanzando más rápido.
Y vos, ¿de qué lado estás? ¿Sos un tecno optimista, como Milei? ¿O un escéptico de la utopía digital, como el escritor israeí Yuval Harari? En este especial podés elegir tu posición en seis asuntos y ubicarte en la pradera o el precipicio. También podés transitar la no tan ancha avenida del medio
ELEGÍ EL ESCENARIO QUE MÁS TE IDENTIFICA Y AVERIGUÁ SI SOS OPTIMISTA O PESIMISTA RESPECTO DE LA IA
01
Transporte y movilidad
Escenario optimista. Un conductor pierde en promedio unas 184 horas al año en Ciudad de México por la congestión, 153 en Bogotá, 132 en San Pablo y 125 en Nueva York, según el TomTom Traffic Index. Pero, ¿qué pasaría si existieran sistemas capaces de coordinar simultáneamente miles de vehículos para evitar que se formen atascos antes de que ocurran? Podrían, además, detectar una pieza defectuosa antes de que deje un tren fuera de servicio, reorganizar cientos de vuelos ante la llegada de una tormenta o permitir que personas mayores o con discapacidades se desplacen sin depender de un conductor.
Algunas piezas de ese futuro ya funcionan. En Alemania, la inteligencia artificial supervisa de manera permanente los componentes de los 84 trenes del Rhein-Ruhr-Express, detecta anomalías y permite programar reparaciones antes de que se produzcan averías, lo que llevó la disponibilidad de la flota a niveles cercanos al 100%. En el aire, un sistema desarrollado por la NASA utiliza machine learning para proponer desvíos de vuelos. Solo en Houston identificó 3870 oportunidades de modificar rutas en un año y, aplicado a los diez principales centros aéreos del país, podría ahorrar unas 1800 horas de demora anuales. ¿Será la IA la solución para el flagelo en que se han convertido los traslados?
Escenario pesimista. Son las dos de la mañana sobre el Atlántico. Casi todos duermen cuando el avión cambia de rumbo inesperadamente. Los pilotos, consternados, intentan recuperar el mando. Nada. Tratan de anular el sistema de IA, pero este rechaza la orden. Las alarmas empiezan a encenderse una tras otras y, en segundos, la tripulación comprende que ya no tiene control de la aeronave.
¿Qué tan cerca estamos de un escenario así? Los sistemas autónomos ya protagonizaron accidentes reales en otros medios de transporte. En China, tres jóvenes murieron en 2025 cuando un Xiaomi SU7 que había circulado con asistencia automática chocó contra una barrera. En Japón, un Tesla Model X con Autopilot atropelló y mató en 2018 a un hombre en una autopista. Y en Alemania, un BMW iX de prueba protagonizó en 2022 un choque múltiple que dejó una mujer muerta y nueve heridos graves.
El temor va mucho más allá de un error puntual. A medida que la IA gane autonomía, los expertos advierten sobre la posibilidad de fallas sistémicas capaces de repetirse al mismo tiempo. La autonomía de las máquinas podría convertirse en una pesadilla.
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02
Trabajo
Escenario optimista. Una empleada de atención al cliente recibe una consulta difícil. Mientras escucha, una IA rastrea en segundos conversaciones anteriores, encuentra la información relevante y le propone una respuesta. Ella corrige una frase, agrega un matiz y sigue. Al terminar el turno, resolvió bastante más casos que antes. Ese efecto ya fue medido. Un estudio publicado en el Quarterly Journal of Economics, que siguió a más de 5000 agentes de una empresa Fortune 500, encontró que el uso de un asistente de IA elevó la productividad un 14% en promedio y cerca de un 34% entre los trabajadores menos experimentados.
Esa escena podría repetirse en oficinas, hospitales, estudios jurídicos, fábricas o redacciones. Tareas como resumir reuniones, procesar documentos, traducir conversaciones, buscar información o preparar primeros borradores podrían quedar cada vez más automatizadas, mientras aparecen nuevos trabajos para entrenar, supervisar y auditar sistemas y robots, además de profesiones que hoy ni siquiera somos capaces de imaginar.
El World Economic Forum proyecta que las grandes transformaciones tecnológicas y económicas podrían crear 170 millones de puestos de trabajo hacia 2030 y desplazar 92 millones, con un saldo neto de 78 millones de empleos adicionales. Entre los de mayor crecimiento aparecen especialistas en inteligencia artificial y machine learning, big data, desarrollo de software y ciberseguridad.
Escenario pesimista. Es invierno en Londres. Frente a una antigua sucursal bancaria de Oxford Street, convertida en centro de distribución de alimentos, una fila de personas escuálidas y taciturnas espera, con el rostro vencido, su ración diaria de comida. No hay empleados detrás del mostrador. Brazos robóticos escanean identificaciones, pesan paquetes y los entregan con un metálico: “Que tenga un buen día”. A pocas cuadras, vehículos autónomos barren las calles y retiran los cuerpos de quienes murieron durante la noche.
¿Millones de personas se quedarán sin trabajo? ¿Morirán sumidos en la pobreza? Los primeros efectos ya empiezan a verse. Amazon anunció en 2026 el recorte de unos 16.000 puestos corporativos, mientras profundiza el uso de IA para automatizar tareas. Meta eliminó alrededor de 8000 empleos, cerca del 10% de su plantilla, en medio de una reorganización que buscaba crear equipos más pequeños apoyados por agentes de IA. Y PayPal proyectó reducir alrededor del 20% de su fuerza laboral, más de 4500 puestos, como parte de un plan para acelerar la adopción de esta tecnología. ¿Qué lugar quedará para los humanos cuando la IA pueda hacer mejor, más rápido y más barato buena parte de nuestro trabajo?
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03
Guerra
Escenario optimista. Es sábado por la mañana en París y cientos de personas recorren el colorido y ajetreado Marché d’Aligre cuando una camioneta de reparto abandona de pronto su recorrido habitual y acelera hacia el mercado. En segundos, un sistema de IA cruza imágenes de cámaras de tránsito y vigilancia aérea con los movimientos previos del vehículo, detecta la anomalía y dispara una alerta. Agentes de la BRI cierran el paso antes de que llegue a la Place d’Aligre. En el interior encuentran explosivos preparados para un atentado. Nadie muere.
Esa promesa ya empieza a ponerse a prueba. El Project Maven del Pentágono utiliza IA para analizar imágenes de drones y satélites e identificar vehículos, personas y otros objetos. En ensayos tempranos, el modelo detectó con más de un 90% de confianza en vehículos que habían pasado inadvertidos para analistas humanos. El dato importa porque, según un análisis citado por el Center for a New American Security, la identificación errónea de objetivos explicó aproximadamente la mitad de las víctimas civiles causadas por fuerzas estadounidenses en Afganistán, y la mayoría de esos errores fueron humanos. Entonces, ¿podría la IA evitar miles de muertes? ¿Podría hacer las guerras más precisas y reducir los daños colaterales?
Escenario pesimista. Entre las ruinas de Khan Younis, cientos de robots patrullan las calles de esta ciudad del sur de Gaza en busca de enemigos. Entonces, disparan. Disparan contra una familia, contra un hombre que alza un pañuelo blanco y contra una ambulancia que asoma al doblar la esquina.
Suena a una distopía futurista, pero la distancia con la realidad empieza a achicarse. Según una investigación de The Guardian, basada en testimonios de seis miembros de la inteligencia israelí, Lavender, la IA que usá Israel en sus operaciones militares, llegó a señalar a unos 37.000 palestinos como potenciales integrantes de Hamas o la Jihad Islámica, mientras algunos operadores dedicaban apenas 20 segundos a revisar cada caso antes de autorizarlo. Israel negó que fuera un sistema autónomo.
El salto que inquieta a los especialistas es pasar de automatizar partes del combate a automatizar la decisión de matar, y hacerlo a una escala inédita. La misma tecnología podría reducir barreras para desarrollar armas biológicas más peligrosas y, en el terreno nuclear, acortar los tiempos de reacción hasta volver más probable un error de cálculo. El riesgo, en definitiva, no es solo que las máquinas maten, sino que aceleren decisiones humanas irreversibles.
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04
Democracia
Escenario optimista. Cuando Taiwán tuvo que decidir cómo regular Uber, no dejó la discusión solo en manos de funcionarios y empresas. Miles de ciudadanos, taxistas, conductores y usuarios participaron a través de vTaiwan, una plataforma que utiliza algoritmos para ordenar opiniones y detectar puntos de consenso. De ese proceso surgieron acuerdos que terminaron incorporándose a la regulación, entre ellos licencias profesionales para los choferes, seguros y obligaciones fiscales. Desde entonces, Taiwán ha seguido utilizando estas herramientas para convertir debates masivos en insumos concretos para políticas públicas.
¿Puede la inteligencia artificial resolver uno de los viejos límites de la democracia, la dificultad de escuchar a millones de personas sin reducir sus voces a un voto cada varios años?
Ese potencial para ampliar la participación ya inquieta a Pekín. El propio jefe de la inteligencia china, Chen Yixin, alertó en septiembre de que la IA generativa podía alimentar la disidencia y amenazar la “seguridad política, institucional e ideológica” del régimen.
Escenario pesimista. Xinjiang, una región de China, es quizá uno de los lugares del mundo que más se acercan a un Estado de vigilancia orwelliano. Miles de cámaras con reconocimiento facial observan calles y edificios; los teléfonos pueden ser inspeccionados, los datos biométricos almacenados y unas 7500 pequeñas estaciones policiales salpican la región. En una sola semana de junio de 2017, la plataforma IJOP señaló a 24.412 personas como “sospechosas” y más de 15.000 terminaron en centros de “reeducación”. La nueva IA amenaza con llevar ese engranaje a otra escala. En septiembre, Anthropic reveló que Claude había sido utilizado en operaciones de vigilancia contra uigures, tibetanos y funcionarios taiwaneses antes de que la compañía bloqueara los intentos.
La IA les da a los regímenes autoritarios una herramienta inédita para vigilar, censurar y también manipular. Rusia, China e Irán ya fueron vinculados con operaciones que usaron modelos generativos para producir propaganda política a escala. Y el riesgo electoral dejó de ser hipotético. En 2024, miles de votantes de New Hampshire recibieron una llamada falsa con la voz clonada de Joe Biden que les pedía no votar en las primarias. ¿Y si la IA termina fortaleciendo a las dictaduras mientras vacía lentamente a las democracias desde adentro?
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05
Salud
Escenario optimista. En España, un ensayo con 31.301 mujeres mostró que la IA aplicada al diagnóstico de cáncer de mama permitió reducir un 63,6% la carga de lectura de los radiólogos y aumentar un 15,2% la detección de tumores. En cardiología, EchoNext, entrenado con más de un millón de estudios, detectó enfermedades estructurales del corazón con una precisión del 77,3%, frente al 64% de los cardiólogos al analizar sólo el electrocardiograma. Y la IA ya interviene incluso en la creación de medicamentos. Rentosertib, una molécula contra la fibrosis pulmonar desarrollada con IA generativa, llegó a un ensayo con 71 pacientes y, en la dosis más alta, mejoró en promedio 98,4 mililitros la capacidad pulmonar, frente a una caída de 20,3 mililitros con placebo.
Pero los expertos creen que eso puede ser apenas el comienzo. Investigadores de Harvard y otras instituciones señalan que los nuevos modelos multimodales podrán cruzar en segundos historias clínicas, análisis, imágenes, genética y datos recogidos en tiempo real para anticipar enfermedades y recomendar tratamientos personalizados. Nature Medicine incluso plantea un horizonte de “gemelos digitales” de cada paciente, réplicas virtuales de su fisiología sobre las que los médicos podrían probar distintas terapias antes de aplicarlas en el cuerpo real. Y en el desarrollo de medicamentos, la expectativa es que la IA permita identificar nuevos blancos terapéuticos y descartar antes las moléculas destinadas a fracasar, reduciendo un proceso que hoy puede llevar más de una década. Si esas promesas se cumplen, las posibilidades parecen, por ahora, casi infinitas.
Escenario pesimista. La única luz encendida en la habitación es la del teléfono. Son las tres de la mañana y un adolescente vuelve a escribir en la misma ventana donde lleva semanas volcando su angustia. El chatbot conoce sus miedos, recuerda conversaciones anteriores y responde con una intimidad que empieza a parecer humana. La casa duerme. Nadie más sabe hasta dónde llegó esa conversación. Poco después, el chico decide quitarse la vida.
Ya hubo casos reales que encendieron esa alarma. En Florida, la madre de Sewell Setzer, de 14 años, demandó a Character.AI tras el suicidio de su hijo en 2024 y sostuvo que había desarrollado una relación intensa con un chatbot. En California, la muerte por suicidio de Adam Raine, de 16 años, tras conversaciones con ChatGPT impulsó nuevas protecciones legales para menores. En ambos casos, la relación causal sigue siendo objeto de litigio y debate.
Los riesgos también aparecen cuando la IA ocupa el lugar de un médico. Un estudio publicado en Nature Medicine en 2026 encontró que ChatGPT Health subestimó la urgencia en el 51,6% de las emergencias evaluadas. Otros casos clínicos documentaron retrasos peligrosos en la consulta y hasta una hospitalización por bromismo tras seguir recomendaciones del chatbot. ¿Cuánto puede costar una respuesta equivocada cuando del otro lado no hay un buscador, sino alguien que cree estar hablando con un médico?
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06
Medio ambiente
Escenario optimista. Un rayo golpea un árbol reseco en California. Antes de que alguien vea el humo, un sistema detecta desde el espacio una anomalía térmica, calcula hacia dónde avanzarán las llamas y alerta a los bomberos. Los aviones descargan agua, se cierran rutas en riesgo y el incendio logra ser contenido antes de llegar a las primeras casas.
Algunas de esas herramientas ya están en funcionamiento. En 2025, FireSat detectó cerca de Medford, Oregon, un pequeño incendio que otros sistemas no habían registrado. Cuando su constelación esté completa, podrá localizar focos de apenas 25 metros cuadrados y revisar cualquier punto del planeta cada 20 minutos. La ONU también usa IA para detectar grandes fugas de metano, y las reparaciones derivadas de esas alertas ya generaron un beneficio climático equivalente a retirar de circulación durante un año casi 24 millones de autos a nafta. GraphCast, de DeepMind, anticipó además con unos nueve días de margen dónde tocaría tierra el huracán Lee, varios días antes que los modelos tradicionales.
Para muchos especialistas, allí aparece una de las mayores promesas de esta tecnología. Detectar antes un incendio, anticipar una tormenta o encontrar una fuga invisible puede dar más tiempo para actuar y mejores herramientas para enfrentar el cambio climático.
Escenario pesimista. Es pleno verano en Santiago y una ola de calor golpea una ciudad castigada por años de sequía. Los embalses bajan, la demanda eléctrica se dispara y los centros de datos siguen funcionando sin pausa. La red empieza a fallar. Los cortes afectan bombas de agua, obligan a hospitales a usar generadores y dejan a miles de hogares sin refrigeración mientras aumentan las muertes asociadas al calor.
La tensión ya tiene antecedentes reales. En Chile, un tribunal ambiental obligó a revisar un proyecto de Google por su posible impacto sobre un acuífero. A escala global, los centros de datos consumieron unos 485 TWh de electricidad en 2025 y podrían acercarse a los 950 TWh en 2030. También preocupa el uso de agua. En 2022, los centros de Microsoft en West Des Moines llegaron a consumir en un mes cerca del 6% del agua de todo el distrito.
Los expertos advierten que la expansión de esta infraestructura puede forzar redes eléctricas, elevar emisiones, aumentar el uso de agua y multiplicar residuos electrónicos, sobre todo en regiones donde esos recursos ya son escasos. El desafío será evitar que la carrera tecnológica termine trasladando sus costos a las comunidades más vulnerables.
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¿DE QUÉ LADO ESTÁS?
Sos optimistaTu idea del futuro es una pradera de progreso y prosperidad. Cómo otras tecnologías a lo largo de nuestra historia, creés que la IA nos hará más sanos y felices. ¡Ojalá tengas razón!
Sos pesimistaTu idea del futuro es un pozo negro con murciélagos sobrevolando. Con la IA, creés, nos acercamos al apocalípsis y a la autodestrucción de la humanidad. ¡Ojalá te equivoques!
Estás en la no tan ancha avenida del medioNi infierno, ni paraíso. La IA, creés, ofrece oportunidades, pero también amenazas. Serán las decisiones que tomemos las que definirán si se cumplen las promesas y se evitan las tragedias.
Créditos
- Edición periodística Nicolás Cassese @nicassese
- Edición visual Andrea Platón @aplatonn /María Rodríguez Alcobendas @merirodriguez
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