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Saturday, August 15, 2026

La dimensión luminosa de la vida

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El nuevo disco de Pat Metheny reúne variedad insólita de registros, atmósferas, temas, velocidades, ambientes. Va de lo íntimo y muy inspirado hasta el furor cercano al rock, siempre con el sonido distintivo de este gran guitarrista y pensador.

El álbum se titula The Bottom Line (Live NYC ‘78) y el hecho de que hoy se redite significa una toma de posición artística de Metheny, quien de esta manera reivindica los valores que enarbola desde hace medio siglo.

Porque en realidad lo que está detrás de este disco es el álbum con el que debutó hace 50 años Pat Metheny, Bright Size Life, una obra de arte que hoy adquiere dimensiones colosales frente al gran corpus musical que ha construido en estas cinco décadas el músico oriundo de Misuri, quien gusta autodenominarse así, como “un simple campesino de Misuri”.

Los paisajes de su tierra natal pueblan desde entonces el sonido de su guitarra mientras los valores fundacionales de su pensamiento musical continúan en crecimiento.

The Bottom Line es un concierto en vivo de 1978 para un programa de radio denominado From The Bottom Line (Desde la línea de fondo) que transmitía para distintas estaciones de frecuencia modulada en todo Estados Unidos, incluida la estación WNYU en Nueva York, donde se grabó el concierto. (En un momento determinado del disco, escuchamos la voz de un locutor identificando las siglas de la estación, como hacen todas las estaciones de radio cada hora).

Los encargados de la música para este disco fueron los fundadores del entonces recién formado Pat Metheny Group: Path Metheny en guitarras acústicas y eléctricas, Lyle Mays en piano y teclados, Mark Egan en el bajo eléctrico y Dan Gottlieb en batería.

Tenemos frente a nosotros una hora y ocho minutos de música muy energética, en un estilo que nos lleva de inmediato al sonido de la banda Weather Report, distintivo de la época.

Destaca la increíble conexión mental entre Path Metheny y Lyle Mays, quien fue su pianista durante décadas y en este disco es, en muchos momentos, el protagonista de lo que suena. Hay momentos realmente explosivos cuando Mays activa el teclado con furor en intensidades calcinantes.

Este disco está considerado como un pivote estilístico en lo que en ese entonces era denominado “jazz fusión”, en aras de un sonido de tremenda energía y rítmicas intrínsecas en una atmósfera incandescente.

Es un disco para ser escuchado con atención porque entre sus furores anidan muchas ideas musicales muy exquisitas, muy pensadas, muy desarrolladas y planteadas de maneras sencillas, lo cual resulta en un efecto definitivo en el escucha, que resulta en un estado de encantamiento a lo largo de todo el disco.

Además del sonido de la banda Weather Report, este disco también evoca el de otro grupo similar: Return to Forever, y también por supuesto a la sublime Mahavishnu Orchestra y al potente grupo The Headhunters.

Desde la primera pieza, el escucha entra en un estado de fascinación que crecerá a lo largo de las 10 piezas que componen el álbum. La primera de ellas, Phase Dance, está profundamente conectada con el sonido original del entonces muy joven Pat Metheny.

De hecho, Metheny era un adolescente cuando comenzó a tocar en público con Gary Burton, con quien hizo su primera incursión en un estudio de grabación, nada menos que en el de ECM Recordings, con su mentor, el vibrafonista Gary Burton.

En el disco que ahora nos ocupa, The Bottom Line, además del sonido distintivo del piano de Lyle Mays y la guitarra de Pat Metheny, destacan el bajo zumbador de Mark Egan y la batería energética y propulsadora de Dan Gottlieb. Un cuarteto de músicos muy poderoso.

Largos solos de Metheny, intervenciones en el piano percusivas, batientes y sonantes, a cargo de Mays, las escalas descendentes clásicas ya desde entonces de Pat Metheny, pinceladas, bosquejos, paisajes sonoros.

Los sonidos en cascada de la pieza titulada San Lorenzo muestran de cuerpo entero un sonido pos-Miles Davis. Se trata de la segunda pieza más larga del disco y tiene un desarrollo similar al de una sinfonía.

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▲ El álbum The Bottom Line (Live NYC ‘78), de Pat Metheny, hoy adquiere dimensiones coloquiales.Foto ECM Records

El corte 3, Unity Village / The Windup (Medley) es un agasajo, con sus sonidos a toda velocidad que recuerdan la música de Conlon Nancarrow.

La pieza más larga del disco se titula The Epic y es eso, precisamente: lo épico, con su bajo eléctrico zumbando, la batería arrasando, el piano a temperaturas elevadas y la guitarra de Metheny guiando la auriga.

En mi humilde opinión, la pieza más bella e importante de este disco es la número 9: Jaco. Data de un disco también primerizo del casi adolescente Pat Metheny, con el extraordinario pianista Paul Bley y una leyenda de la música: el gran Jaco Pastorius, considerado como el más grande bajista de lo que rebasa el nombre de “jazz”, porque Jaco inventó todo y dejó atrás los compartimentos estancos.

John Francis Anthony Pastorius III nació en Pensilvania en 1951 y murió trágicamente en 1987, a los 35 años de edad. Su discografía es impactante. Grabó como solista y como colaborador de Herbie Hancock, Joni Mitchell y Pat Metheny.

Entre sus contribuciones, figura la hazaña de quitarle los “trastes” al mástil del bajo, como si fuera un violonchelo, e inventó técnicas instrumentales nuevas influido por el funk y por las hazañas del contrabajista cubano Cachao. Creó los “armónicos artificiales”, echó mano a placer de las “notas fantasmas”, digitaciones insólitas, rumbos cromáticos novedosos. Un genio.

Quien “descubrió” a Jaco Pastorius fue Pat Metheny. Se conocieron en Miami y Pat incorporó a Jaco en todas sus giras. Entonces grabaron Jaco, con Paul Bley, y en 1976 crearon el hermoso álbum Bright Size Life (La dimensión luminosa de la vida) con el baterista místico Robert Laurence Moses, mejor conocido como Ra Kalm Bob Moses, siendo Ra Kalm su nombre espiritual y significa “El inaudible sonido del sol invisible”.

Trío de místicos: Metheny, Pastorius, Moses.

Y es que el disco Bright Size Life posee magia, misticismo, espiritualidad. Es un prodigio natural de sonidos.

Fue grabado en Alemania con el productor de ECM, Manfred Eicher, por cierto contrabajista acústico. Interesado en introducir el sonido de la música de concierto en lo que se conocía en ese entonces todavía como “jazz”, Eicher quería que el contrabajista del trío fuera Charlie Haden y finalmente puso en los ensayos a Dave Holland, pues se rehusaba a admitir un bajo eléctrico en su estudio de grabación.

La relación de Pat Metheny con Mandred Eicher no habría de durar mucho, debido a las ideas revolucionarias de Metheny pese a la mente abierta de Eicher, quien no obstante siempre busca controlar todo lo que sucede en ECM. El disco resultante no tuvo el éxito que se esperaba y resulta lógico porque se trata de una de esas grabaciones que están destinadas a cambiar, a revolucionar el estado de las cosas.

La redición del disco Bright Size Light permite un prodigio de la acústica: en el oído izquierdo, si es que escuchamos con audífonos, o bien en la bocina izquierda, escuchamos el bajo prodigioso de Jaco Pastorius, mientras que en el derecho, la guitarra de Pat Metheny y en medio sobrevuela la batería mágica de Bob Moses.

Es el disco umbral para la historia del “jazz” (entrecomillo jazz porque hace mucho dejó de ser un género monolítico y su denominación pide también cambios en consecuencia: música) y también es la puerta de entrada al universo Pat Metheny.

Todo lo que ha sucedido en la exitosa carrera de uno de los más grandes músicos contemporáneos, Pat Metheny, tiene su génesis en el disco Brigh Size Life. Es música en estado puro. Un deleite para el cerebro y los sentidos. Una manifestación sencilla pero determinante de la belleza.

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