La genética de los Williams
Pagar con el futbolista la frustración cuando sufre una lesión no está bien. Para empezar porque el propio protagonista es el primero que no desea estar en esa situación, más aún cuando es repetida. Tampoco está bien entrar al trapo en redes sociales, de la forma que sea, por un calentón. Muchas veces es difícil templarse, pero es lo que toca.
El nuevo stop de Nico Williams es una faena ahora que cogía continuidad y olvidaba la pubalgia y la lesión de mayo que le hizo estar renqueante durante toda la Copa del Mundo. Ojalá sea lo menos posible y pueda alistarse pronto para Terzic porque el equipo lo agradecerá. Sin mostrar su versión de ‘starboy’, pero siempre quiere la pelota y se atreve y eso es lo que necesita el conjunto rojiblanco.
La faena es la misma, sea con España o con el Athletic. Nico ha caído vistiendo las dos camisetas. Lo que hay que tratar de evitar es pasar por la enfermería, la de la Federación y la de Lezama. Ser un futbolista top, sobre todo hoy en día, pasa por tener un físico privilegiado, por ser capaz de encadenar tres partidos por semana. Esa es la siguiente cima a conquistar por el campeón del mundo y de Europa.
Ahora parece lejana, pero el tiempo juega a su favor. Básicamente porque cada vez irá conociendo mejor su cuerpo y sus límites. Su hermano Iñaki es el mejor ejemplo. Pasó de encadenar lesiones en sus inicios como profesional a tirarse siete años sin faltar a un partido de Liga. Nico cuenta de su lado con la genética de los Williams. Poca broma.
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