Festina Lente, de Daniela Urías, reivindica el abrazo

▲ La pieza invita a cuestionar la prisa en la vida urbana y a reivindicar la calma como forma de resistencia.Foto Jacobo Ríos / Cortesía de la coreógrafa
Fabiola Palapa Quijas
Periódico La Jornada
Sábado 15 de agosto de 2026, p. 5
La coreógrafa Daniela Urías estrena este 15 de agosto Festina Lente, una obra que invita a cuestionar la prisa que domina la vida urbana y a reivindicar la pausa, la calma y el abrazo como formas de resistencia.
La pieza, que se presentará en el teatro Raúl Flores Canelo del Centro Nacional de las Artes, es el resultado de un proceso de dos años que germinó durante una residencia en el Ballet Hispánico de Nueva York.
“Ahí germinaron las semillitas del proceso. Hicimos laboratorios y exploraciones, posteriormente continuamos con la elaboración y la construcción mediante la plataforma de Efiartes para desplazar el trabajo a territorio mexicano”, explicó la creadora en entrevista.
Si bien Nueva York y la Ciudad de México son ciudades símiles en ritmo y exigencia, Urías destaca que el contexto cultural y los cuerpos cambian la obra. “En el Ballet Hispánico, el lenguaje está mucho más apegado a la danza clásica. Aquí convoqué a intérpretes mexicanos con herramientas teatrales y contemporáneas. Eso le da otras capas. Trabajar con personas que habitan esta ciudad en su vivir cotidiano brinda mucha información”, relata.
Para esta versión mexicana se integraron Ana Estrada, maestra ensayadora, y Amanda del Valle, intérprete, quienes participaron en la residencia cuando aún formaban parte del Ballet Hispánico. El eje conceptual de Festina Lente –locución latina que significa “apresúrate despacio”– nace de una sensación personal que es colectiva, detalla.
“Todos tenemos una forma muy directa de relacionarnos con ir a la carrera, la urgencia, la prisa. El tiempo no es algo que podamos detener, pero nuestro entendimiento del tiempo, la lógica que nos hace ir rápido, esa sí podemos cuestionarla. Qué ideas se han insertado en nosotros como personas en una sociedad que nos exige esa rapidez”, señala.
De acuerdo con la coreógrafa, esa velocidad impuesta por el sistema económico y la sobreinformación nos ha hecho perder gestos esenciales. “Hay mucha desconexión y prima la individualidad. Estamos perdiendo la capacidad de voltear a vernos, platicar, mirarnos, abrazarnos. Gestos que en ese ritmo acelerado se han olvidado”.
Uno de los símbolos centrales de la puesta es el abrazo. Urías comenta: “no sólo es rodear con los brazos al otro. Es cómo puedo estar ahí resistiendo, generando comunidad y empatía desde la mirada, desde el contacto mínimo”.

▲ El vestuario alude a una sociedad posapocalíptica en la que predominan los tonos apagados, en tanto que la escenografía explora el concepto de “no lugar”.Foto Jacobo Ríos / Cortesía de la coreógrafa
Historias de cansancio y prisa entorpecida
El montaje se construyó a partir de un trabajo interpretativo minucioso junto con la dramaturga Catherine Correa, para extraer de los cuerpos de sus propios intérpretes las historias de cansancio y prisa, y traducirlas en un lenguaje gestual mínimo pero claro.
“Me di cuenta de que estar acelerada no fue algo que yo impuse en mi cuerpo, está dictado por una lógica social. Al final no vamos a detener el tiempo, pero dejar de estar a su servicio, eso sí lo podemos modificar”, explica.
En el escenario, los cuerpos se moverán con prisa, pero con torpeza, hasta llegar a un estado frenético para después ir en busca de la quietud, de otra cadencia que también se verá reflejada en lo sonoro.
Un reloj que vigila, que acecha, forma parte del montaje, pues además de representar el paso del tiempo, simboliza la opresión de quienes viven sometidos a la lógica de un sistema capitalista regido por la velocidad, la productividad y los modelos acelerados de consumo y desecho.
El universo visual de la pieza se construye con el diseño de vestuario de Andrés Zepól, quien retoma referencias del transeúnte y de una sociedad posapocalíptica en la que predominan los tonos apagados y los zapatos evocan el desgaste del calzado obrero.
La escenografía y el diseño de iluminación, a cargo de Carolina Jiménez, exploran el concepto de “no lugar”: espacios de tránsito donde las personas carecen de un sentido de pertenencia y cuya función principal es la movilidad.
El diseño sonoro y la música, creados por Donovan Sierra, acompañan el recorrido emocional de la obra: desde la tensión provocada por la prisa hasta una sensación de liberación y transformación.
Sobre su residencia, la creadora expresó que fue un privilegio trabajar en Nueva York ya que contó con “condiciones de oro” y bailarines con total disposición y tiempo.
Festina Lente se estrena hoy a las 19 horas en el teatro Raúl Flores Canelo del Cenart y tendrá una segunda función el domingo 16 a las 18 horas.
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