PunchAbia APC candidate denies alliance rumoursThe Jerusalem PostAfter Morocco, Tokyo ticket troubles, Arkia launches discounted eSIM deal for passengersCNN TürkSON DAKİKA | Van'da feci kaza! TIR ile minibüs çarpıştı: 9 ölü, 5 yaralıInquirerTwo arrested in Dipolog buy-bust, shabu worth P340,000 seizedZDF heuteEntdecken Sie das ZDF-NachrichtenstudioSoompiWatch: A2O LITE Takes 10th Win For “NEON” On “Music Core”; Performances By BLACKPINK’s Jisoo, RESCENE, TREASURE, And MoreDaily MailRussell Brand is left 'cowering in fear' in his cell as hundreds of prisoners chant: 'There's a Brand new n***e on the wing!'The Indian ExpressGokul chairman poll: CM says quorum is a must, Satej Patil says not requiredEl ComercioResultados Loto Plus Sorteo 3933: controlar los números del sábado 7 de noviembreGMA NewsTrump asks UFC chief Dana White to be White House press secretaryColliderAnya Taylor-Joy’s 148-Minute Sci-Fi Blockbuster Officially Wins Over Fans on StreamingMalay MailPolice round up nine suspects after 19-year-old killed in Sibu
The Daily Newsstand · Free, Always
Sunday, November 8, 2026

La emoción de Paredes, capitán del Boca campeón: “Soñé toda mi vida con esto”

Translate

“Mi psicóloga me mandó una frase que dice: ‘A veces no nos damos cuenta de que estamos viviendo nuestros propios sueños’. Así que me toca disfrutar”. Leandro Paredes soltó esa afirmación todavía con la Bombonera rugiendo detrás, con la cinta de capitán en el brazo, el cuerpo agotado y la emoción haciendo equilibrio en la garganta. Ya no era necesario imaginar aquella escena desde Roma, París o cualquier concentración lejos de casa. El sueño estaba ocurriendo ahí mismo.

Boca acababa de ganarle a Defensa en el último minuto, se había consagrado campeón de la Liga y aquel chico que alguna vez se marchó prometiéndose volver ahora levantaba un título como líder, referente y emblema. “Ya no tengo palabras para describir lo que estoy sintiendo. Es un sueño para mí”, alcanzó a explicar.

Paredes festejó como lo que también es: un hincha. Brazos abiertos, saltos, canciones de cancha, abrazos y esa cinta que durante toda la temporada simbolizó mucho más que una elección de vestuario. Porque este Boca fue suyo. Jugó 40 partidos, acumuló 3.078 minutos, convirtió cuatro goles y dio seis asistencias, aunque su influencia excedió cualquier planilla.

Fue la referencia en el juego, el futbolista que pidió la pelota cuando quemaba, el que eligió los tiempos y el que asumió la responsabilidad en los partidos que más pesan. Marcó el gol del triunfo en el superclásico del Monumental y también manejó los hilos en la victoria en la Bombonera, donde un córner suyo terminó en el cabezazo de Lautaro Di Lollo para otro 1-0 sobre River.

Paredes en plena acción (Fernando de la Orden).Paredes en plena acción (Fernando de la Orden).

El fútbol, sin embargo, le reservó una última ironía hermosa. Paradójica. Paredes empezó a sentir el esfuerzo de una temporada interminable y a los 76 minutos tuvo que salir. En su lugar ingresó Enner Valencia. El mismo Valencia que, cuando la noche parecía encaminarse hacia la frustración, apareció en el descuento para convertir el gol del campeonato. Cinco minutos antes de la explosión, Paredes seguía creyendo.

“Confié. Toca confiar. Hasta que el tiempo lo permita confío hasta el último segundo. No sé si la suerte, tuvimos la constancia, el trabajo, merecíamos esto y lo conseguimos”. Después fue a buscar al héroe. “A Enner le agradecí. Es muestra de lo que es el grupo. Que al que le toque jugar, sea el partido completo o con diez minutos, lo demostró con Racing y lo volvió a demostrar hoy. Agradezco a mis compañeros”.

Es el tercer título de Paredes con Boca, pero ninguno se parece a éste. Porque las otras vueltas olímpicas lo encontraron cuando todavía estaba construyendo su historia. Ahora volvió para conducirla. “Me había tocado ganar pero no había sido protagonista como este año. Soñé toda mi carrera con volver y ser campeón, con mi familia, mis hijos mirándome. Sólo tengo palabras de agradecimiento”.

Ahí estaba la diferencia. No regresó simplemente para ponerse otra vez la camiseta que ama: regresó para hacerse cargo de ella. Para ser capitán, guía y refugio. Para demostrar que todavía podía ser determinante y para cumplir el sueño que había empezado a perseguir desde el mismo día en que se fue.

“Soñé toda la vida con volver desde el día que me fui. Volví con la ilusión de ser campeón, me toca ser campeón. Tocó sufrir pero éramos conscientes de que teníamos con qué llegar a esto y lo hicimos”. Y entonces Paredes empezó a repasar nombres.

Porque incluso en la noche en la que podía hablar de sí mismo eligió hablar de los demás. Se acordó de Barinaga, Weigandt, Cavani, Janson, Ander Herrera, Zenón, Zeballos, de los jugadores que estuvieron durante el semestre anterior, del cuerpo técnico de Claudio Úbeda y de todos los que aportaron para que Boca llegara hasta ese último grito. También de su mujer, de sus hijos, de sus amigos y de su viejo. No quiso que nadie quedara afuera de su sueño.

También apareció el Vasco, una figura a la que Paredes destacó por haber aportado algo que no se encuentra en las estadísticas. “El Vasco nos dio esa chispa de experiencia de saber cómo se juegan estos partidos con esta camiseta, que ha ganado todo en el club. Una persona increíble, muy noble, que nos hace entender lo que es el mundo Boca”. Una frase que también explica parte de este campeonato: un equipo que entendió el peso de la camiseta, aprendió a convivir con la obligación y llegó al final sabiendo que todavía quedaba una última pelota por jugar.

“Al final de un año cuando hay un campeón es porque fue el mejor. Como dije antes, toca agradecer y disfrutar. Volvimos a ser campeones y ojalá la gente sea muy feliz”. Alrededor suyo, justamente, había felicidad. Hinchas abrazándose en las tribunas, futbolistas corriendo sin rumbo, familias llorando y una Bombonera que había pasado de la angustia a la locura en cuestión de segundos. Paredes estaba en el medio de todo eso, ya sin necesidad de conducir nada. Durante el año había manejado el equipo; esa noche podía simplemente dejarse llevar.

Hasta que el cuerpo y la emoción le pusieron un límite. “Al final de año llego con lo justo, sin parar, muchos partidos. Voy a dar hasta lo que no tengo por este club, por mi familia, mis amigos. Saben lo que significa este club”. Y ahí se quebró. El campeón del mundo, el futbolista que recorrió Europa y jugó en los estadios más imponentes, volvió a ser por unos segundos aquel pibe que se fue de Boca imaginando este regreso. Ya había cumplido. Había vuelto, era capitán, era campeón y sus hijos estaban ahí para verlo. La voz dejó de responderle y apenas pudo cerrar como se cierran las cosas que verdaderamente importan: “No voy a poder seguir hablando. Gracias, gracias”.

View the original on Olé →

KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.