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Wednesday, September 23, 2026

¿Por qué enterraron a un hombre hace 5.000 años con un collar de 42 dientes? El hallazgo que desconcierta a los arqueólogos

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Hallan un enterramiento neolítico de un individuo en Polonia. Un collar de 42 dientes y unos cráneos fragmentados plantean un enigma de hace 5.000 años.

Erica Couto

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En un túmulo funerario neolítico de apenas cuatro metros de diámetro, al sur de Breslavia, Polonia, reposaba el esqueleto casi completo de un hombre adulto. Lo acompañaba un curioso ajuar funerario: un collar formado por decenas de dientes perforados. Cerca de sus restos aparecieron, además, fragmentos de otros cráneos humanos. La combinación resulta tan sugerente como enigmática y plantea una serie de preguntas que la arqueología está intentando responder.

El hallazgo, que la Universidad Médica de Breslavia ha dado a conocer en 2026, se ha presentado como uno de los enterramientos neolíticos más singulares de la Baja Silesia. ¿Se trata de una escena de violencia ritual o la interpretación de este singular enterramiento discurre por otros cauces?

En el interior de la cámara funeraria de un túmulo en Żórawina, se ha identificado el esqueleto casi completo de un hombre adulto. Portaba un collar hecho de dientes.

Interior de cámara funeraria neolítica en túmulo circular, esqueleto incompleto sobre suelo terroso, vista cenital inclinada,
Recreación fantasiosa.

El llamativo hallazgo de Żórawina

El yacimiento donde se encontró el enterramiento se localiza en las proximidades de Żórawina, al sur de Breslavia y en un área funeraria de la Baja Silesia. Los arqueólogos documentaron un túmulo neolítico circular de aproximadamente 4 metros de diámetro, con una cámara funeraria central.

En el interior de la cámara, se identificó el esqueleto casi completo de un hombre adulto. La datación provisional lo sitúa alrededor de 2900 a. C., en plena fase media del Neolítico. Esa fecha, sin embargo, procede de la tipología del hacha hallada junto al cuerpo; aún no se ha corroborado a través de un análisis de radiocarbono.

El conjunto se ha vinculado, de forma preliminar, con el círculo de la Cultura de la cerámica cordada, una tradición arqueológica extendida por buena parte de Europa durante el III milenio a. C. Esa asociación es provisional y deberá confirmarse mediante un análisis minucioso de la cronología, la tipología de los objetos, el contexto funerario y los datos genéticos. La Cultura de la cerámica cordada, conocida por sus vasijas decoradas con impresiones de cuerda y por sus hachas de combate, se asocia a comunidades pastoriles y móviles que dejaron una huella genética profunda en la Europa de los periodos posteriores.

El conjunto se ha vinculado, de forma preliminar, con el círculo de la Cultura de la cerámica cordada, una tradición arqueológica extendida por buena parte de Europa durante el III milenio a. C.

Un collar de 42 dientes y un ajuar cuidadosamente seleccionado

La pieza más llamativa es, sin duda, el collar: 42 dientes que se perforaron de manera intencional en la raíz y se dispusieron en forma de collar. ¿De qué animales proceden esos dientes? Aunque todavía no se han identificado de manera definitiva, se han propuesto grandes mamíferos, entre ellos cánidos (lobos o perros), osos y ungulados. Tampoco se ha descartado por completo que alguno pueda tener un origen humano. Solo los análisis genéticos y zooarqueológicos podrán resolver la cuestión.

Junto al collar, se recuperaron cuentas de hueso y de ámbar, piezas de sílex y un hacha de serpentinita con indicios de uso. El ámbar solía viajar por rutas de intercambio de larga distancia, lo que sugiere que quienes prepararon el enterramiento tenían acceso a bienes importados.

Primer plano arqueológico del collar de 42 dientes perforados sobre tela sin texto, composición en diagonal con cuentas de hu

Aunque los dientes todavía no se han identificado de manera definitiva, se han propuesto grandes mamíferos, entre ellos cánidos (lobos o perros), osos y ungulados.

El collar, el túmulo y los cráneos: una posible interpretación

¿Qué función tenía el collar en el enterramiento? Su presencia en el ajuar funerario podría interpretarse como una suerte de tecnología de la memoria. Quizá sirvió para expresar vínculos con la caza, funcionar como un amuleto, señalar una identidad personal o colectiva, o comunicar la capacidad de acceder a animales considerados valiosos. La frontera entre un objeto de prestigio y un objeto ritual suele desdibujarse. Así, un collar de dientes podía indicar habilidad o rango y, al mismo tiempo, servir de recuerdo o talismán.

El túmulo, por su parte, se caracteriza por su visibilidad en el paisaje. Una estructura circular de unos cuatro metros convertía el enterramiento en un lugar reconocible, un punto de referencia para la comunidad. Con todo, este rasgo no basta para identificar al difunto como un posible guerrero, jefe o chamán. Aunque el hacha y el ajuar permiten plantear esas hipótesis, en ningún caso las confirman.

¿Qué hay de los fragmentos de dos cráneos humanos adultos hallados en el entorno del enterramiento? Una de las hipótesis que barajan los arqueólogos es que podrían pertenecer a cabezas depositadas intencionalmente, quizá como ofrendas. De todos modos, los fragmentos craneales por sí solos no lo demuestran. La presencia de estos restos también podría explicarse gracias a la tafonomía, es decir, el estudio de los procesos que afectan a los restos después de la muerte: desplazamientos posteriores, corrimientos de tierra, reutilización del espacio funerario o alteraciones naturales pueden generar una imagen muy distinta respecto a la deposición original.

Escena de excavación cerca del túmulo: fragmentos de cráneos humanos adultos en tierra fina junto a herramienta de campo, sin

Hipótesis aún por demostrar

Entre los análisis arqueológicos pendientes, los restos deberán someterse a datación por radiocarbono, que permitirá contrastar la fecha estimada a partir del hacha y comprobar si el hombre enterrado y los cráneos adicionales pertenecen al mismo momento cronológico. El estudio osteológico (el análisis detallado de los huesos), por su parte, resulta igualmente decisivo. Para sostener la hipótesis de una decapitación habría que detectar marcas de corte, lesiones compatibles en las vértebras cervicales, fracturas perimortem (producidas alrededor del momento de la muerte) y patrones de desarticulación coherentes en los restos craneales. A ello se suman los análisis de ADN y los estudios de isótopos, previstos para identificar las especies animales a las que pertenecen los dientes y explorar posibles relaciones biológicas, la dieta y la movilidad.

A la espera de nuevos análisis

Aunque la identificación de las especies a las que pertenecen los dientes, la posible decapitación y el vínculo entre el individuo inhumado y los cráneos siguen siendo una incógnita, los datos disponibles hasta el momento apuntan a un enterramiento excepcional. Żórawina ofrece nuevo material para explorar los rituales funerarios, las cuestiones de identidad social y memoria, y las posibles jerarquías de las comunidades neolíticas en Europa central. La respuesta a estas cuestiones, sin embargo, tendrá que esperar.

Referencias

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