Dos días en el mar le costaron al portaaviones de la Marina Real HMS Prince of Wales 328 días en dique seco. El problema fue un acoplamiento defectuoso en el eje de la hélice de estribor

El portaaviones británico HMS Prince of Wales, uno de los buques de guerra más importantes de la Marina Real del Reino Unido, protagonizó un episodio que puso en discusión los controles de calidad de la industria naval. En agosto de 2022, apenas dos días después de abandonar el puerto de Portsmouth, sufrió una falla mecánica que lo mantuvo 328 días en dique seco.
La embarcación, de 65.000 toneladas, había partido el 27 de agosto para participar en un despliegue de tres meses por América del Norte. Sin embargo, una avería en el acoplamiento del eje de la hélice de estribor obligó a interrumpir la navegación cerca de la isla de Wight. El incidente también provocó daños en una hélice de 33 toneladas y determinó la cancelación de la misión.

La investigación posterior del Ministerio de Defensa británico estableció que el eje había quedado desalineado durante la construcción del portaaviones y que determinados componentes habían sido instalados incorrectamente.
El problema no era completamente desconocido: sus posibles consecuencias habían sido evaluadas antes de la entrada en servicio del buque, pero se autorizó continuar con las pruebas de navegación.
Una falla de construcción que terminó costando millones
El HMS Prince of Wales había recibido en 2019 las certificaciones correspondientes de las autoridades navales y de Lloyd's Register, sin restricciones sobre sus ejes de propulsión. Durante las pruebas anteriores, las mediciones de vibración se habían mantenido dentro de los parámetros permitidos, por lo que no se estableció un seguimiento especial.

El sistema de propulsión del portaaviones combina dos turbinas de gas Rolls-Royce MT30 y cuatro generadores diésel, que suministran electricidad a cuatro motores de propulsión. Estos accionan dos extensos ejes conectados a las hélices.
La falla ocurrió en el acoplamiento que unía las últimas dos secciones del eje de estribor, una pieza fundamental para transmitir la potencia necesaria para desplazar la embarcación.
Tras el incidente, buzos de la Marina Real detectaron daños importantes en el eje y la hélice, además de desperfectos superficiales en el timón. Los técnicos también encontraron problemas de alineación en el eje de babor, por lo que ambos sistemas debieron ser reparados. El portaaviones fue trasladado al astillero de Rosyth, en Escocia, donde permaneció hasta el 21 de julio de 2023.

Las reparaciones alcanzaron aproximadamente 25 millones de libras esterlinas, una suma que inicialmente debió afrontar la propia Marina británica. Según explicaron funcionarios ante el Parlamento, una garantía extendida para un proyecto de semejante magnitud habría tenido un costo superior al de los trabajos realizados.
El episodio generó cuestionamientos sobre la responsabilidad por los defectos detectados durante la construcción.
La misión cancelada y el regreso del portaaviones al servicio
La avería también tuvo consecuencias operativas. El despliegue WESTLANT 22 contemplaba pruebas con aviones de combate F-35B, operaciones con aeronaves no tripuladas y ejercicios conjuntos con fuerzas estadounidenses y canadienses. La agenda incluía escalas en Nueva York, Halifax y el Caribe, pero las principales pruebas aeronáuticas debieron postergarse hasta 2023.
El HMS Queen Elizabeth, buque gemelo del Prince of Wales, asumió parte de las actividades previstas para mantener los compromisos internacionales del Reino Unido. No obstante, no pudo reemplazar completamente las pruebas programadas, debido a que el portaaviones averiado transportaba equipamiento especializado.

Después de las reparaciones, el Prince of Wales retomó sus operaciones y completó las pruebas pendientes durante un despliegue por aguas estadounidenses en 2023. Posteriormente, en 2025, encabezó una misión de ocho meses por el Indo-Pacífico, durante la cual recorrió más de 40.000 millas náuticas, una demostración de que las intervenciones habían permitido recuperar su capacidad operativa.
El 24 de julio de 2026, el portaaviones regresó a Portsmouth después de tres meses de operaciones en el Atlántico Norte y el Ártico.
Su recuperación permitió dejar atrás una de las averías más costosas de su historia reciente, aunque el incidente continúa como ejemplo de las consecuencias que puede tener un defecto de construcción inicialmente considerado aceptable en una embarcación militar de alta complejidad.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.