"Suena con fuerza para los Premios Oscar": Esta película ya es uno de los fenómenos cinéfilos del año y está emocionando a la crítica por todos los festivales de cine del mundo

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"¿Alguna vez has perdido diez años de tu vida?", se pregunta el protagonista de 'Club Kid', ese joven aparentemente flamboyante, hedonista, risueño y tierno que está mejor preparado para la paternidad de lo que él mismo cree. La historia de Peter, un treintañero promotor de fiestas clandestinas cuya vida da un giro inesperado cuando se ve obligado a cuidar de un hijo de diez años que nunca supo que tenía, aterrizó con fuerza en la 71ª Seminci de Valladolid –dentro de la sección Constelaciones– después de deslumbrar al público en San Sebastián y de recibir una ovación de 6 minutos en el pasado Festival de Cannes.

Distribuida por A24, ganadora de una intensa batalla entre varios estudios por hacerse con sus derechos (el acuerdo se firmó en 17 millones de dólares), 'Club Kid' es la sorprendentemente sincera ópera prima de Jordan Firstman. El influencer y comediante, conocido hasta ahora por su participación en series como 'I Love LA' o 'Hacks', escribe, dirige y protagoniza una vuelta de tuerca queer, audaz, cruda, tierna y sensibilísima de un tópico que ya hemos visto varias veces en el cine: el de un padre irresponsable que de pronto se ve obligado a encargarse de un hijo.

Familias inesperadas
'Club Kid' es muchas cosas: una comedia queer, una sutil buddy movie, un melodrama judicial y, sobre todo, un tierno retrato de una relación paternofilial que se sale de los modelos tradicionales para cuestionar quién o cómo se puede (y se debe) formar una familia. Desde una perspectiva queer, Jordan Firstman explora la identidad, la soledad y los vínculos afectivos sin renunciar al humor ni esquivar las contradicciones de sus personajes. Al fin y al cabo, Peter aprende a cuidar de su hijo mientras descubre que la familia elegida –su grupo de amigos– y la biológica no tienen por qué excluirse: ambas pueden convivir y transformarse mutuamente.
Con este más que sólido debut, Firstman confirma su lugar entre la nueva generación de creadores de Hollywood. ¿El motivo? Una personalidad firme, una sensibilidad arrolladora y una mirada propia de autor, acompañada de referencias musicales que van de Björk a Ethel Cain o Elliott Smith. Pero su mayor virtud –además de fluctuar con éxito entre el drama y la comedia– está en la capacidad de transmitir la resiliencia, la calidez y la belleza salvaje de las familias queer a un público ajeno al colectivo, algo que no se veía realmente desde 'Paris Is Burning' (Jennie Livingston, 1990). Y quién sabe. Puede que el tiempo termine confirmando la importancia de una película que, bajo su apariencia ligera, ofrece un retrato auténtico, conmovedor y lleno de matices sobre cómo el amor puede aparecer donde menos se espera.

El toque Baker, cero juicios y... ¿Premios Oscar?
La mirada de Firstman encuentra un aliado perfecto en la fotografía de Adam Newport-Berra, responsable de estilizar las imágenes de 'La invitación' (Olivia Wilde, 2026) y de series como 'Euphoria' y 'The Studio', que rueda aquí en película de 35 mm. El resultado es una película visualmente cuidada, llena de personalidad, que encuentra en los clubes LGBTQ+ clandestinos una humanidad inesperada. Es así como Firstman parece canalizar a su Sean Baker interior —no por casualidad, Alex Coco, productor de 'Anora' y colaborador habitual de Baker, está detrás del proyecto; hasta el niño lleva el apellido Baker— para retratar una comunidad con sus propias reglas, contradicciones y formas de cuidarse.
También brillan los secundarios, porque aquí no hay personaje pequeño: desde la icónica y extravagante vecina interpretada por Colleen Camp hasta el aspirante a filósofo queer azerbaiyano que vive en el sofá de Peter sin pagar alquiler. Cara Delevingne, Diego Calva ('Babylon'), una estupendísima Kirby Howell-Baptiste ('Killing Eve') y el joven Reggie Absolom completan un reparto que combina rostros consolidados y nuevos talentos. Entre todos dan forma a una película tan divertida como tierna, capaz de capturar la euforia de ser visto por primera vez, de ver el mundo a través de los ojos de otra persona por primera vez y de darse cuenta de que siempre ha habido muchísimo amor ahí fuera, desde el principio.

Hay algo especialmente sutil en la forma en que Firstman utiliza las convenciones de una historia universal para construir un retrato mucho más amplio. La película mira de frente al sexo, las drogas y las imperfecciones de sus personajes, pero lo hace con cariño y, sobre todo, desprovisto de juicios. También es consciente de que las estructuras familiares tradicionales pueden ser espacios de abuso y exclusión, de los que muchas personas queer necesitan escapar para encontrar un lugar seguro. Frente a ellas, 'Club Kid' celebra otras formas de pertenencia sin llegar a idealizarlas. Capaz de evocar el desasosiego existencial de ver cómo la vida se desvía hacia rumbos inimaginables y de acompañarlo con una madurez emocional poco frecuente, la cinta resulta encantadora incluso cuando sigue caminos conocidos. Por todo ello, ya suena con fuerza para los Premios Oscar y como posible contendiente en la temporada de premios. Veremos qué le depara la carrera.
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