Arthur Brooks, experto en felicidad de Harvard: “Las redes sociales no son una plaza pública, son una máquina diseñada para volverte un adicto a la aprobación ajena”

Las redes sociales son parte de la vida cotidiana, pero detrás de los ‘me gusta’, los comentarios y las notificaciones existe un mecanismo que puede influir en la forma en que las personas buscan reconocimiento. El académico y experto en felicidad Arthur C. Brooks ha dedicado parte de sus investigaciones a analizar cómo la tecnología puede afectar las relaciones humanas y el bienestar emocional.
El mensaje que el investigador transmite en sus entrevistas y conferencias apunta hacia la misma dirección: los peligros de la interacción digital en exceso. Según el especialista, el uso desmedido de las plataformas digitales no solo desgasta el bienestar emocional, sino que termina reemplazando los vínculos humanos esenciales.
¿Por qué las redes sociales pueden generar dependencia?
Uno de los aspectos que merece atención es la necesidad de recibir aprobación de otras personas. Los corazones, las visualizaciones y los comentarios pueden funcionar como señales de reconocimiento que llevan a algunos usuarios a revisar constantemente sus publicaciones y esperar una respuesta de los demás. Esta dinámica puede hacer que la percepción personal termine dependiendo de la reacción que genera el contenido compartido.
En un artículo publicado en The Washington Post en 2019, Brooks explicó que el problema aparece cuando el uso de estas plataformas deja de complementar la vida cotidiana y comienza a sustituir las relaciones humanas. Su planteamiento es claro: las redes sociales deben estar al servicio de las personas y no convertirse en el centro de sus actividades.

El experto considera que estas plataformas deben complementar la vida real y no sustituir los vínculos personales. (Foto: Arthur Brooks / Facebook)
El problema no es solamente pasar demasiado tiempo conectado
En una entrevista publicada en mayo de 2026 en el podcast Glass Half Full, conducido por Craig Melvin, Brooks volvió a abordar el impacto de los teléfonos y las redes sociales. El académico explicó que estas herramientas pueden ser útiles para mantener el contacto con otras personas, pero recomendó utilizarlas de manera consciente y no automática.
Durante la conversación, Brooks también hizo una precisión importante: no considera que las empresas tecnológicas necesariamente hayan buscado deliberadamente provocar adicciones. Según explicó, las plataformas fueron incorporando funciones que aumentaban el tiempo que los usuarios permanecían dentro de las aplicaciones.
El resultado puede ser un ciclo en el que una persona recurre al teléfono para combatir el aburrimiento y termina teniendo cada vez más dificultades para tolerar esos momentos sin estímulos digitales.
Es así que el experto invita a revisar la relación que cada persona mantiene con la tecnología. Si las notificaciones, las publicaciones y la necesidad de recibir reconocimiento comienzan a desplazar las conversaciones presenciales, las actividades cotidianas o el tiempo con familiares y amigos, puede ser momento de establecer límites.
La idea no es abandonar las redes sociales, sino recuperar el control sobre el tiempo y la atención que se les dedica.
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