De desarmar un barco viejo en Puerto Varas a venderle oxígeno a los gigantes salmoneros del mundo

En los canales del sur de Chile, la vida de un salmón transcurre en una jaula marina donde las cosas se complican cuando el agua pierde oxígeno. A mediados de los 2000, la respuesta de la industria era una pesadilla logística y económica: fabricar oxígeno líquido en plantas terrestres, moverlo en camiones criogénicos hasta la costa y fletar barcazas para recargar estanques flotantes en pleno temporal. Hace dos décadas, un grupo de profesionales en Puerto Varas decidió romper el molde con una pregunta sencilla: ¿por qué no fabricar el oxígeno en el propio centro de cultivo, directamente sobre las olas?
La idea surgió de Oxzo, compañía que, justamente, vendía los cilindros de oxígeno a esta industria. Parte del equipo, liderado por el ingeniero John Marcus, postularon en 2004 a un subsidio de InnovaChile de Corfo, para levantar el primer prototipo. Compraron un barco viejo, desarmaron su estructura para rescatar el acero y convocaron a ingenieros mecánicos, eléctricos y de control de la zona. Con oxicorte y talento armaron un artefacto naval flotante de 8 por 8 metros equipado con compresores y tamices moleculares (material poroso con orificios) capaces de capturar el aire del entorno, separar el nitrógeno e inyectar oxígeno de alta pureza de forma autónoma.
Esa primera plataforma generó 50 kilos de oxígeno por hora de manera continua y sin personal a bordo. Sin embargo, cuando las salmoneras exigieron mayor capacidad, la escala sobrepasó la caja de los fundadores. En 2006, el grupo Fiordo Austral ingresó a la propiedad adquiriendo el 40% de la rama marina. Aquella inyección permitió que la marca Oxzo, comenzara a dedicarse sólo a esa área, mientras que la venta de cilindros quedó en otra empresa.
El gran acierto no estuvo solo en los fierros, sino en el modelo de negocios. En lugar de vender maquinarias costosas a las salmoneras, Oxzo inventó el “oxígeno como servicio”, haciendo una analogía con la modalidad SaaS (software como servicio por su sigla en inglés) que proviene de la industria tecnológica. Bajo este esquema, la startup asume la propiedad del activo, diseña la ingeniería, instala los equipos y realiza el mantenimiento. El cliente paga una tarifa mensual fija a cambio de una cuota garantizada de oxígeno.
“No le vendemos un equipo al cliente; asumimos la responsabilidad completa de la oxigenación en el centro. Nos encargamos del mantenimiento, las visitas técnicas y el suministro para que el productor se concentre en sus peces”, explica John Marcus, actual gerente general de la compañía, quien luego de trabajar en la empresa Air Liquide, se sumó desde el inicio a la aventura.
Hoy, Oxzo tiene más de 160 trabajadores y sus más de 60 plataformas operativas incluyen antenas de conexión satelital Starlink y se conectan 24/7 a una central en Puerto Varas, donde algoritmos de machine learning predicen caídas de oxígeno antes de que afecten a los peces.
Según informes independientes de Aquabench, los centros de cultivo que operan con Oxzo aumentan la biomasa cosechada en un 15%, reducen la mortalidad de los peces en un 24% y recortan un 5% el costo total de producción al optimizar la conversión del alimento. La lógica biológica es clara: un pez sin estrés respiratorio come mejor, acelera su crecimiento y disminuye la huella de carbono por kilo producido.
Para evitar que competidores globales copiaran el invento, los socios construyeron un blindaje de propiedad intelectual. Hoy cuentan con seis familias de patentes concedidas hasta 2044 en plazas clave como Chile, Noruega, Canadá, Reino Unido, Islandia, Dinamarca y Ecuador, resguardando desde la difusión laminar profunda hasta sus plataformas Oxymar y Oxymizer.
Este blindaje y la tracción del negocio atrajeron a inversionistas institucionales. Tras destinar más de US$2 millones a I+D en los últimos dos años, en 2024 la firma de inversiones chilena Altis ingresó a la propiedad. Pero el gran hito internacional ocurrió en diciembre de 2025: el fondo estadounidense S2G Investments —vinculado a Builders Vision, la plataforma de impacto de Lukas Walton, heredero del imperio Walmart— inyectó US$25 millones a cambio del 15% de la compañía. La operación dejó el control repartido entre Fiordo Austral (cerca del 50%), Altis y S2G, posicionando a Oxzo en la elite global de la tecnología oceánica. “La llegada de un fondo como S2G valida que la tecnología desarrollada en el sur de Chile tiene estándares globales y nos abre las puertas para escalar con fuerza en los mercados más exigentes”, enfatiza Marcus.
Con la mirada hacia el norte
Con plataformas capaces de generar hasta 600 kilos de oxígeno por hora (unas 14 toneladas diarias), la hoja de ruta de la compañía apunta a resolver el reto más complejo de la acuicultura frente al cambio climático: las Floraciones de Algas Nocivas (FAN) o mareas rojas.
A través de sistemas de surgencia que elevan agua limpia desde las profundidades, ensayos en Puerto Montt demostraron que su tecnología reduce en un 34% la proliferación de fitoplancton y en un 61% el pico de actividad fotosintética, evitando mortandades masivas en eventos como El Niño. El plan contempla el lanzamiento de AIR MAR, una plataforma que alterna de forma automática entre la inyección masiva de aire (hasta 6.000 pies cúbicos por minuto) y la generación de oxígeno de alta pureza sin detener el proceso.
En paralelo, la estrategia internacional adapta la tecnología a cada potencia acuícola: en Noruega para combatir el parásito caligus con faldones que exigen oxigenación artificial; en Canadá para cumplir las exigencias ambientales de protección al salmón salvaje; y en Ecuador con la expansión a la industria camaronera. “Hoy el foco ya no es solo reaccionar a una emergencia en la jaula, sino usar analítica predictiva e ingeniería de avanzada para anticiparnos a lo que pasa en el océano y operar en cualquier mercado del mundo”, concluye Marcus.
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