The Jerusalem PostParashat Noah: How prayer becomes an ark that carries us through turbulent times - opinionInquirerDe Lima backs QC task force axing: No authority for ‘utak-Tokhang’Daily MaverickFruit juice is not ‘more equal’ when it comes to sugar and public healthRTP DesportoMundiais Ciclismo. Miguel Salgueiro medalha de bronze na corrida por pontosEl Comercio¿Por qué Ucrania ataca a Yandex, el “Google de Rusia”, y cómo podría responder Putin?Straits Times SportJodar apologises for swearing at ball kid in ShanghaiGIGAZINE「マチ★アソビ vol.31」イベントスケジュール一覧まとめZDF heuteAktuelle Pressemitteilungen des ZDFBBC NewsNorwegian teen 'hitman' detained for UK murder plot20 MinutenNackte (38) schleicht in Wohnung – und muss Schmerzensgeld zahlenIl Fatto QuotidianoViolenze sulla Flotilla, non solo Ben-Gvir: indagato anche il ministro della Difesa KatzWirtualna Polska"Jestem na to gotowy". Sędzia TK mógłby oddać mandat. Stawia jeden warunek
The Daily Newsstand · Free, Always
Friday, October 16, 2026

Panorama internacional: Elecciones en EE.UU. y Brasil, entre la economía y otros espectros

Translate

Las elecciones definitorias en Brasil del próximo domingo 25 coinciden por un puñado de días con las muy importantes legislativas norteamericanas del 3 de noviembre. Si la primera está llamada a reconfigurar el escenario de la región por el tamaño del protagonista, la segunda amenaza constituir el comienzo del fin del modelo nacionalista autoritario de Donald Trump.

En escenarios tan diferentes, en estas dos enormes economías el voto inminente está regido por una circunstancia común en los procesos electorales de este cuarto de siglo alrededor del mundo: la frustración de los electorados debido a una economía que no los ampara. Por donde se mire las sociedades votan contra lo que hay apretando la billetera en el bolsillo y en muchos casos tapándose la nariz.

Los últimos datos oficiales en Washington confirman el nivel de riesgo de Trump en esas urnas clave. Según datos de su gobierno, el costo de vida creció 0,6% en setiembre, el mayor incremento mensual en cinco meses. En comparación con el mismo periodo del año anterior, el alza es del 3,7%. Es debido en gran medida a los precios en escalada de los combustibles.

Las naftas que a finales de septiembre alcanzaron su nivel más alto en cuatro meses, situándose cerca de los US$4,50 por galón experimentaron un fuerte ascenso del 9,1%. En el último año, han subido 34,2%. Los precios de la energía para calefacción muestran el mismo recorrido: aumentaron 15,3% en septiembre, un incremento interanual de nada menos que 74,2%. “El panorama se oscurece”, titulo Bloomberg su mirada de estos números en la perspectiva de las urnas. Es lo que puede convertir el voto de noviembre en una piedra arrojadiza contra el presidente que nacionalizó el comicio como un examen sobre su gestión.

En Brasil acaba de constatarse un efecto similar, aunque la gestión de Lula da Silva difiere radicalmente de su colega del norte en infinidad de aspectos. Un informe reciente de Folha de Sao Paulo confirma que en la primera vuelta el líder del PT perdió apoyos que creía garantizados incluso en el nordeste más precarizado. Y se agrega la curiosa circunstancia de que el mandatario creció entre el 4% más rico del opulento estado de San Pablo.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, habla con los periodistas tras su reunión en la Casa Blanca con el presidente estadounidense, Donald Trump, en la embajada de Brasil en Washington. Foto Reuters

Lo que el electorado le reprocha Lula es lo mismo que a Trump. Pero en dosis diferentes. Aunque el salario creció 26% durante este gobierno, según indica a Clarín el economista Marcelo Neri de la Fundación Getulio Vargas, el ingreso no cubre como antes las necesidades inmediatas. Lo que en EE.UU. se conoce como affordability (asequibilidad) la capacidad de poder pagar. En Brasil la incapacidad para cumplir los gastos básicos generalizó un endeudamiento familiar significativo y un costo social con claro efecto político.

Es por eso que la campaña diseñada por el PT para intentar revertir el golpe de la primera vuelta que se zanjó con la victoria por menos de dos puntos del conservador Flávio Bolsonaro, apunta a seducir a los votantes de ese amplio espacio nordestino y de las clases medias en el sudeste, universos que explican el récord de abstención que presentó la elección. Un desafío difícil, pero que tienta al PT. Encuestas de Quaest y Datafolha advierten que ambos candidatos marchan empatados al balotaje, aunque no por las mejores razones. El miedo a uno equipara el miedo al otro, explicó el director de Quaest, Felipe Nunes. El voto vuelve a definirse por el menos malo.

Frustración económica

Jerónimo Rodríguez, el gobernador oficialista reelecto en Bahía admite que la imagen que Lula forjó durante sus dos pirremos mandatos no tiene el mismo efecto hoy en parte del electorado y remarca que el mensaje de campaña debería incluir asuntos cotidianos juntos con los clásicos de democracia y soberanía.

Ese desafío lo describe de un modo más brutal el estratega de campañas Igor Paulin, quien coordinó las dos derrotas sufridas por el oficialismo petista en Alagoas y significativamente en Pernambuco, el estado natal de Lula donde la gobernadora Raquel Lyra derrotó al aliado del presidente, Joao Campos. Para Paulin la causa de ese desenlace se debe a que mientras “Lula hablaba de defender las tierras raras, los votantes reclamaban un bife de costilla”.

La historia es elocuente sobre esos efectos básicos que, por ejemplo, le sirvieron a Trump para derrotar a Joe Biden y que ahora amenazan con esmerilar su poder. En el caso de Brasil, el líder del PT derrotó en octubre de 2022 al entonces presidente Jair Bolsonaro, el padre de Flávio, aupado en el enojo popular e incluso empresario por la pobreza de esa administración. El ex capitán del ejército y ex diputado, que llegó sorpresivamente al gobierno, también él montado en la fallida gestión de la petista Dilma Rousseff, nunca encontró el rumbo que había prometido y agravó la situación de la economía con endeudamientos, nuevos impuestos, indecisiones e intervencionismo estatal.

En 2019 la inflación había trepado a dos dígitos anuales, la mayor desde 2015, también por el efecto de la pandemia, pero condimentada por improvisaciones que enfurecían a su ministro de Hacienda, Paulo Guedes, que advertía que el país “acabaría en seis meses como Argentina”. Eran sus palabras.

Sergio Moro interviene en un acto de campaña junto al candidato presidencial Flavio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), en Porto Alegre, Brasil. Foto Reuters

Un episodio ilustrativo de esas formas de gestionar, se produjo en 2021 cuando Bolsonaro echó al presidente de Petrobras y lo reemplazó con un general retirado del Ejército a quien dio el mandato de cesar los frecuentes aumentos en los combustibles. La consecuencia fue un desplome de 21% del valor accionario de la empresa, en apenas minutos una pérdida de 18 mil millones de dólares.

Fue por entonces que se publicó una famosa carta abierta firmada por dos centenares de ex ministros, ex titulares del Banco Central y ejecutivos de grandes corporaciones, como el CEO de la mayor empresa empacadora de carne de Brasil o el titular del directorio del Banco Itaú, el conglomerado financiero más grande del hemisferio sur, alarmados por lo que estaba sucediendo. Quienes formulaban esas críticas eran aquellos que arroparon la candidatura de este dirigente para evitar que Lula regresara al poder. Acabaron frustrados de convivir con “el presidente más inepto de la historia de la nación”, como el conservador O Estado de Sao Paulo, describió implacable a Bolsonaro.

Por el lado social ese panorama explicaba el crecimiento del líder del PT. La Fundación Getulio Vargas reveló que en 2020 alrededor de 22 millones de brasileños cayeron en la pobreza. Y tres de cada 10 vivían con algún grado de inseguridad alimentaria. Después se supo que sumaban 34 millones y que el país había quedado dentro del mapa del hambre de la ONU.

Es interesante que el electorado ahora, con un escenario nuevamente de deudas sociales, aunque con datos macros en orden, se incline por lo que hubo tan cercano y que no fue necesariamente brillante. Al margen de la legítima desconfianza sobre la efectividad de las encuestas para medir el comportamiento de los electorados --todas habían pronosticado la victoria de Lula en primera vuelta-- Nunes observa el dilema de los brasileños para entender ese comportamiento. El miedo a Lula era mayoritario entre los jóvenes camino a la primera vuelta, “pero ahora se dividen y 45% tiene más miedo del regreso de Bolsonaro y tambièn 45% a la continuidad de Lula.

“Lo que llama la atención son las justificaciones para ese miedo -reflexiona -. Quien tiene miedo de Lula, destaca corrupción, costo de vida y una mala administración como sus razones. Quien tiene miedo de Bolsonaro, señala un rechazo personal a la familia, el intento del golpe, el recuerdo de un gobierno malo y la posibilidad del final de los programas sociales”. El miedo que vota.

View the original on Clarín →

KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.