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Wednesday, September 30, 2026

Mia Heller, una estudiante de 18 años de secundaria, construyó un filtro de agua sin membrana del tamaño de una bolsa de harina, con tres módulos y una capacidad de un litro por pasada: su sensor de turbidez registró el 95,52 % de los microplásticos extraídos mediante aceite magnético

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Todo comenzó con una noticia que apareció en un periódico del condado de Fauquier. El artículo advertía que el agua del grifo contenía químicos externos y microplásticos y que no había fondos públicos destinados a filtrarlos. Para Mia Heller, estudiante de la escuela secundaria Kettle Run, esa información fue suficiente para empezar a buscar una alternativa.

La inquietud también tenía un origen doméstico. Sus padres habían comprado un sistema avanzado de filtración para la casa, pero la joven observó que las membranas podían obstruirse, perder caudal y necesitar reemplazos. Cada recambio implicaba un gasto y otro componente que terminaba descartado. Entonces se hizo una pregunta: ¿qué pasaría si un filtro pudiera funcionar sin ninguna membrana?

El aceite que permite separar los microplásticos

La respuesta que encontró fue el ferrofluido, un líquido con partículas magnéticas a nanoescala suspendidas en aceite. Cuando se aproxima un imán, el material se desplaza siguiendo el campo magnético y puede formar puntas oscuras sobre su superficie.

El comportamiento que para Heller resultaba interesante no era solamente magnético. Los microplásticos son hidrófobos, por lo que tienen afinidad por el aceite. Al incorporar ferrofluido a una muestra contaminada, los fragmentos de plástico se adhieren a él. Luego, mediante un campo magnético, el aceite puede desplazarse y llevar consigo los polímeros, mientras el agua queda separada.

Mia Heller, estudiante norteamericana. Foto: Regeneron International Science and Engineering Fair

El desarrollo comenzó en la primavera de 2024 y no fue inmediato. El primer prototipo consistía en un vial ampliado y giratorio que permitía observar el proceso de unión. Fueron necesarias unas cinco iteraciones para llegar al sistema actual. Heller trabajó en un garaje y una cocina mientras asistía a un programa de media jornada en la Mountain Vista Governor’s School.

El resultado fue un circuito cerrado en el que el ferrofluido puede recuperarse después de separar los residuos plásticos, limpiarse y volver a utilizarse. Esa característica se convirtió en uno de los aspectos centrales del diseño.

Un prototipo doméstico que todavía debe ser verificado

El dispositivo actual tiene tres módulos. Uno contiene aproximadamente un litro de agua contaminada, otro almacena el ferrofluido y un tercero, ubicado en el centro, se ocupa de la separación magnética. El sistema procesa cerca de un litro por ciclo y fue pensado para una escala doméstica, como una jarra filtrante o una unidad ubicada debajo de la mesada.

El ferrofluido puede recuperarse tras separar los residuos plásticos. (Foto: YouTube Mia Heller)

Para medir los resultados, Heller construyó además un sensor de turbidez. Las pruebas indicaron que logró extraer el 95,52 % de los microplásticos, medidos por peso, y recuperar el 87,15 % del ferrofluido para devolverlo al circuito.

El resultado llevó a Heller a ser finalista de la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería Regeneron de 2025, donde obtuvo un premio de 500 dólares otorgado por la Sociedad de la Oficina de Patentes y Marcas. La comparación con los sistemas convencionales también resulta relevante: as plantas de tratamiento de agua potable consiguen eliminar entre un 70% y más de un 90% de los microplásticos.

Pero todavía hay preguntas por responder. Matthew J. Campen, toxicólogo de la Universidad de Nuevo México, calificó el concepto como una gran idea, aunque señaló la necesidad de determinar qué sucede con los residuos concentrados que quedan después de la separación y si el procedimiento puede ser escalado.

Las pruebas: logró extraer el 95,52% de los microplásticos. (Foto: YouTube Mia Heller)

Otro obstáculo es el costo del ferrofluido en cantidades mayores. Por eso Heller apunta, al menos por ahora, al uso doméstico y no a las plantas municipales. En declaraciones a Scholastic’s Upfront, la joven explicó que antes de pensar en llevar el desarrollo al mercado quiere contar con la verificación de un laboratorio independiente.

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