La increíble historia de Jagger Herrera con una conexión de 30 años con el Vasco y un deseo que involucra a River

Hay historias que parecen escritas mucho antes de que sus protagonistas sepan que algún día van a cruzarse. La de Facundo Herrera con Rodolfo Arruabarrena tiene tres capítulos increíbles, separados por tres décadas, pero unidos por un mismo lugar: Boca.
El primero lo protagonizó Leonardo Herrera, el papá de Facundo. Categoría 1975, lateral derecho y compañero de Arruabarrena en las Inferiores de Boca. Jugaron juntos en infantiles, prenovena y novena, y hasta compartieron ocasionalmente la zaga central. A esos chicos de la 75 los dirigió durante seis meses Coqui Raffo, en una postal de otros tiempos: además de ser jugador de Primera, Raffo tuvo brevemente a su cargo a esa categoría a mediados de los 80, según le contó a Olé desde Brasil, donde trabaja en las formativas de Athletico Paranaense.
El segundo capítulo empezó casi 15 años después. Leonardo y su papá Lito llevaron a Facundo a probarse a La Candela cuando tenía apenas seis años. "Conocían a Coqui Raffo, llegó de su parte", contó uno de los captadores que estuvieron ese día. Raffo era en ese entonces el coordinador de las Inferiores.
La foto de mediados de los 80, con Arruabarrena y el padre de Jagger Herrera.
Y faltaba el tercer capítulo. El más inesperado. Unos 30 años después, aquel compañero de su papá volvió a aparecer en su camino, pero desde otro lugar: Arruabarrena era el entrenador de Boca y Facundo, el hijo de aquel viejo compañero de la categoría 75, estaba ante la posibilidad de llegar a Primera. El Vasco le abrió la puerta. Y él mismo reveló la relación: "Conozco al padre Leo y también al abuelo Lito, pero si está es porque se lo ganó".
“A mí me tocó ir con mi abuelo y con mi viejo. Yo era muy chiquito, tendría alrededor de seis años. Fue una prueba que me hice en La Candela y la verdad que no entendía mucho: yo iba y sólo jugaba a la pelota”, recordó tiempo atrás Jagger en una charla con El Canal de Boca.
Aquel chico que llegó desde Villa Tesei no sabía entonces que acababa de empezar un recorrido que lo llevaría a atravesar todas las categorías de Boca hasta llegar a la Primera. Y tampoco sabía que, muchos años después, aquella historia familiar tendría una nueva conexión con Arruabarrena.
De sus inicios en el mediocampo a la zaga central
Herrera no nació como marcador central. Durante buena parte de su formación jugó como volante central y también podía hacerlo de 8, según le contaron a Olé desde Boca Predio. Hasta que en algún momento lo fueron retrasando. Lo corrieron a la zaga y allí terminó encontrando su lugar.
“Trato de mirar mucho al Cuti Romero, a Van Dijk, trato de copiar mucho esas cosas”, contó. Y cuando la referencia tiene que ser de Boca, aparece otro nombre de la historia reciente: “Cuando estaba Marcos (Rojo) lo trataba de mirar mucho a él”. No mira solamente para entretenerse. Mira para aprender.
De chico, con el número 5.
El apodo nació en las Inferiores por su parecido con Mick Jagger, el histórico cantante de los Rolling Stones. Con el tiempo se convirtió en una marca que lo acompañó durante todo su crecimiento y que explotó hacia afuera cuando Boca empezó a mostrar a sus juveniles.
Los rasgos, la comparación inevitable. El nombre quedó instalado. Y hay un detalle todavía mejor: el propio Herrera contó alguna vez que ni siquiera conocía demasiado a la persona detrás de su apodo ni había escuchado una canción. Hoy ya está completamente acostumbrado.
“La verdad que ya estoy acostumbrado, tantos años diciéndome Jagger y más ahora que me lo dicen en todos lados”, contó recientemente. Pero hay un lugar donde el apodo no existe. “Mi familia me dice Facundo”.
Y ahí aparece otra de las claves de su historia. En su familia se apoya a cada paso, son su pilar.
El sueño se hizo realidad
El salto a Primera llegó después de ese recorrido silencioso por las Inferiores. Y el debut fue en Paraguay. La camiseta 42 fue para su familia. Una para su mamá y otra para su abuelo Lito, el que estuvo con él desde el inicio. Porque si hay algo que aparece una y otra vez cuando Herrera habla de este momento es su familia.
“Lo que estoy viviendo, la verdad, es un sueño. Es lo que siempre busqué de chiquito. Con tanto esfuerzo, que las cosas se estén dando, la verdad que me pone muy contento. Trato de mantenerme tranquilo con la familia, siempre apoyando ahí”.
No es una frase hecha. Para él, la familia funciona como el cable a tierra en medio de un mundo que cambió de golpe. “Ellos, la verdad, son mi pilar. Son los que siempre me dicen: ‘Bueno, esto sí está bien, esto está mal’. Yo trato de apoyarme en ellos, obviamente los escucho siempre porque siempre van a querer lo mejor para mí”.
La Bombonera
Después del debut llegó otro momento que durante años había imaginado: jugar en la Bombonera, un sueño que había fijado en una entrevista de 2024 con El Canal de Boca. Y para un chico que nació hincha de Boca y pasó prácticamente toda su vida dentro del club, la experiencia tuvo un peso todavía mayor.
“Fue algo hermoso, algo único, algo que me imaginaba siempre: estar ahí con toda la gente tan eufórica. La verdad que fue algo hermoso. Lo viví tranquilo, lo disfruté al máximo porque es lo que siempre había querido y tratando de disfrutar siempre”.
Herrera sabe que tiene un plus que muchos otros no: conoce lo que significa Boca desde el otro lado de la línea. Ahora le toca vivirlo desde adentro. Y hay momentos que todavía lo sorprenden. “Se te cruza todo cuando la gente canta. El otro día, en el gol de Toto, esperando el VAR... hermoso. Mirás todo”.
El sueño pendiente
Jagger ya cumplió varios de los sueños que tenía de chico. Llegar a Boca. Hacer todas las Inferiores. Jugar en Reserva. Debutar en Primera. Entrar a la Bombonera. Pero le queda uno. Y tiene bastante claro cómo quiere que sea. “Mi primer gol me gustaría hacérselo a River, olvidate. De cabeza, que sea de cabeza, ojalá faltando unos minutos”.
Con River tiene una historia particular: ya festejó en Primera. Fue en el triunfo 1-0 de 2022 en la Bombonera con un gol de Darío Benedetto. Jagger, que estaba atrás de ese arco como alcanzapelotas, no dudó en sumarse al festejo y saludar uno por uno a los jugadores. Ese momento lo atesora en su cuenta de Instagram. A la espera de otro festejo, pero con él entre los 11 de Arruabarrena.
Jagger Herrera, en medio del festejo de Benedetto.
Mientras tanto, Jagger sigue aprendiendo. Mira al Cuti, a Van Dijk y a los defensores que pasaron por Boca. Prefiere el truco a la Play, mira fútbol argentino y también la Premier, y trata de mantener los pies sobre la tierra. Porque para todos los demás ya es Jagger. Para su familia, para su mamá y para su abuelo Lito, para aquellos que lo acompañaron aquella primera vez en La Candela, sigue siendo Facundo. El mismo chico que, con seis años, llegó a Boca sin entender demasiado y sólo quería jugar a la pelota. Tres décadas después de que su papá compartiera cancha con el Vasco, aquel chico ya juega en la Bombonera. Y la historia recién empieza.

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