EEUU depende de China para fabricar chips más de lo que reconoce

La industria de los semiconductores de EEUU no es independiente. Actualmente no lo es la de ningún país. Las empresas estadounidenses que se dedican a la fabricación de circuitos integrados, como Intel, GlobalFoundries o Texas Instruments, entre otras, se gastan unos 27.000 millones de dólares al año en equipos de fotolitografía, máquinas de procesamiento de obleas y materiales avanzados.
Los productos de la empresa neerlandesa ASML y las japonesas Tokyo Electron o JSR Corporation son algunos de los más demandados por los fabricantes de chips de todo el planeta. También por los de EEUU. De hecho, el 95% del dinero que las compañías estadounidenses dedican a la compra de los productos y las materias primas que necesitan va a parar a Europa, Japón, y también a sus propios proveedores en EEUU, como Applied Materials, Lam Research o KLA Corporation.
No obstante, hay un matiz que merece la pena que no pasemos por alto: el 95% del que acabamos de hablar se reduce al 68% si nos ceñimos a la procedencia real de esos productos o materias primas, y no a la nacionalidad de la empresa que los produce. Como hemos visto, ASML es de Países Bajos, pero también produce algunas de sus máquinas en Alemania, EEUU y Taiwán. Applied Materials es de EEUU, pero también fabrica en Singapur y Taiwán. Y KLA Corporation produce, además de en su país de origen, en Singapur y China.
UN VISTAZO A...
La presencia de China aumenta si rastreamos los equipos de una forma minuciosa
Si solo contemplamos la sede de los proveedores de equipos para fabricar semiconductores, China únicamente representa alrededor del 1% del suministro directo de máquinas y materiales avanzados para la industria estadounidense. Sin embargo, si en vez de mirar solo hacia la sede rastreamos el lugar de fabricación de esos productos, la participación del país liderado por Xi Jinping se incrementa hasta el 5%. Y si ampliamos el espectro a todo el sudeste asiático esa cifra se incrementa hasta el 10%.
Si nos ceñimos a las máquinas involucradas en la producción de circuitos integrados, EEUU apenas depende de China. Depende, sobre todo, de Países Bajos, Alemania, Japón y Taiwán, así como de sus propios proveedores nacionales. Sin embargo, para fabricar chips no hacen falta solo máquinas; también son necesarias materias primas. Algunas de ellas son escasas, y con frecuencia su mayor productor es China. Este es el auténtico punto débil de la industria de los semiconductores estadounidense.
En 2025 China produjo alrededor de 270.000 toneladas de tierras raras frente a unas 390.000 toneladas extraídas a escala mundial
En 2025 China produjo alrededor de 270.000 toneladas de tierras raras frente a unas 390.000 toneladas extraídas a escala mundial. Estas cifras las ha recabado el Servicio Geológico de EEUU, por lo que presumiblemente son fiables, y ponen encima de la mesa una realidad inapelable: actualmente el país liderado por Xi Jinping produce alrededor del 69% de las tierras raras extraídas en todo el mundo.
Esta cifra intimida, no cabe duda, pero hay otra todavía más impactante: China también domina la industria del procesado al que es necesario someter las tierras raras para que puedan ser utilizadas. Tanto es así que su cuota, si nos ceñimos a la industria global de procesado, asciende al 90%. Con una producción de aproximadamente el 70% del mercado global y un control del 90% de la industria de procesado de las tierras raras, este país asiático tiene la sartén bien agarrada por el mango. Por mucho que lo lamenten EEUU y sus aliados.
De hecho, durante los últimos tres años China ha utilizado su dominio sobre las tierras raras como una herramienta de presión sobre sus rivales. La industria de los semiconductores no solo de EEUU, sino también de Taiwán, Corea del Sur y Japón es vulnerable. Y reducir su dependencia de China exige mucho más que trasladar algunas fábricas. EEUU en particular se enfrenta a un problema estructural que le obliga a reconstruir casi por completo su cadena de suministro, especialmente la de las tierras raras y otros minerales estratégicos sin los que su industria de los chips difícilmente podría sostenerse.
Imagen | Intel
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