Hallan dentro de una caca fosilizada de dinosaurio una pluma de 66 millones de años con un detalle sorprendente
Un coprolito de 66 millones de años hallado en Montana conserva plumas extraordinariamente modernas y una posible pista sobre por qué solo algunas aves sobrevivieron al asteroide.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Hace 66 millones de años, poco antes de que un asteroide alterara para siempre la historia de la vida en la Tierra, un dinosaurio de tamaño medio devoró a un ave acuática. De aquel episodio no quedó un esqueleto articulado ni una escena congelada en ámbar. Quedó un excremento fosilizado. Y en su interior, sorprendentemente, varias plumas conservadas con un nivel de detalle extraordinario.
El fósil procede de la Formación Hell Creek, en Montana, uno de los grandes yacimientos del final del Cretácico. Fue localizado en 2016 y durante años parecía poco más que un nódulo oscuro. Sin embargo, una pequeña pluma visible en su superficie llamó la atención de los investigadores. El análisis posterior mediante microtomografía computarizada reveló que aquella pieza escondía mucho más: otras plumas, fragmentos de huesos y diminutas escamas de pez.
El estudio, publicado en Current Biology, describe lo que sus autores consideran una de las plumas tridimensionales mejor conservadas conocidas del Mesozoico. Su importancia no reside solo en su aspecto. La estructura interna del raquis, el eje central de la pluma, presenta una sección aproximadamente cuadrada y un interior relleno de médula, una combinación comparable a la de las plumas modernas y hasta ahora no documentada con esta claridad en fósiles mesozoicos.
El hallazgo plantea además una cuestión de mayor alcance. Si algunas aves de finales del Cretácico ya poseían plumas con rasgos tan modernos, ¿por qué desaparecieron durante la gran extinción de hace 66 millones de años mientras el linaje que acabaría originando todas las aves actuales logró sobrevivir?
Un ave buceadora escondida dentro de un coprolito
Los huesos encontrados junto a las plumas son fragmentarios, pero su estructura aporta una pista importante. El equipo comparó su densidad y morfología con la de distintos grupos de aves fósiles y concluyó que encajan mejor con los hesperornitiformes, aves acuáticas especializadas en el buceo y emparentadas de forma relativamente cercana con el linaje de las aves modernas. Muchas habían perdido la capacidad de volar y se impulsaban bajo el agua con las patas.
El propio plumaje refuerza esa interpretación. Una de las plumas presenta una elevada densidad de barbas y características estructurales asociadas en aves actuales con una menor penetración del agua. Los valores medidos se aproximan a los de algunas especies acuáticas modernas, aunque no alcanzan la especialización extrema de animales como los pingüinos. Para los autores, esto encaja con un ave vinculada a ambientes costeros o fluviales, pero no necesariamente con un buceador oceánico extremo.

La historia preservada dentro del coprolito resulta todavía más llamativa porque incluye escamas de un pez del grupo de los lepisosteidos. La secuencia más probable es casi cinematográfica: el ave acuática había comido pescado poco antes de ser capturada por un dinosaurio depredador. El excremento conserva así dos niveles de una misma cadena alimentaria del Cretácico terminal.
No es posible saber con certeza qué dinosaurio produjo el coprolito. El artículo menciona como posibilidades a terópodos de tamaño medio presentes en Hell Creek, entre ellos formas como Nanotyrannus o Anzu. Lo relevante, en cualquier caso, es que un episodio digestivo aparentemente trivial terminó preservando tejidos que casi nunca sobreviven en el registro fósil.
El coprolito conserva una escena excepcional de la cadena alimentaria de hace 66 millones de años: un dinosaurio se alimentó de un ave acuática que, poco antes, había comido un pez.
La pista inesperada sobre las aves que sobrevivieron
La parte más sugerente del estudio aparece al comparar las plumas. Junto a estructuras claramente modernas, los investigadores identificaron también formas más primitivas y filamentosas. Esa combinación indica que los hesperornitiformes habían desarrollado plumas aerodinámicas y resistentes, pero todavía conservaban tipos de plumaje corporal más simples.

Las plumas del cuerpo no sirven solo para cubrir al animal: también son fundamentales para conservar el calor. Las aves actuales poseen un plumaje complejo capaz de retener aire y crear una capa aislante muy eficiente. Si algunos grupos cretácicos disponían de un aislamiento menos eficaz, podrían haber quedado en desventaja cuando el impacto del asteroide provocó un brusco enfriamiento global.
El equipo no sostiene que las plumas expliquen por sí solas la supervivencia de las aves modernas. La extinción del límite Cretácico-Paleógeno fue un fenómeno complejo, y factores como la dieta, el hábitat, el tamaño corporal o la reproducción también pudieron influir. Pero el descubrimiento debilita una explicación sencilla: vivir cerca del agua no bastaba. Los hesperornitiformes eran aves acuáticas y, aun así, desaparecieron.
Quizá la aportación más duradera del trabajo sea metodológica. Durante más de un siglo de exploraciones en Hell Creek apenas habían aparecido plumas. Esta salió de un coprolito que se rompió por casualidad. Los autores plantean que otros excrementos fosilizados conservados en museos podrían esconder estructuras delicadas todavía invisibles. Si las tomografías empiezan a aplicarse de forma sistemática, algunos de los fósiles más modestos podrían convertirse en archivos inesperados de piel, dieta y comportamiento.
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