Balotaje: Los modelos de país que están en juego en una elección crucial entre Lula y Bolsonaro

Pocos minutos después de las 19.00 del jueves, luego que la encuestadora Datafolha diera a conocer un nuevo sondeo donde Flávio Bolsonaro (PL) y Luiz Inácio Lula da Silva (PT) aparecen empatados con el 50% de los votos válidos cada uno de cara a la segunda vuelta presidencial de este domingo en Brasil, un grupo de repartidores de aplicación en moto hacían sonar sus bocinas en la avenida Paulista de Sao Paulo -con la fachada del Centro Cultural Fiesp iluminada con la bandera nacional de fondo- en apoyo al ascenso del actual mandatario en los sondeos. Ya se habían manifestado el miércoles en el sector de Pacaembu, según ellos, en defensa de la democracia y por la reelección del líder del izquierdista Partido de los Trabajadores.
Durante la misma jornada, Eduardo, conductor de Uber, expresaba a este medio las razones de su voto por Flávio Bolsonaro, señalando que durante el mandato de su padre, Jair Bolsonaro, las cifras económicas “estaban mucho mejor”. Además, recordó que Lula fue parte de la Operación Lava Jato, “el mayor caso de corrupción y lavado de dinero en la historia de Brasil”, enfatizó. Pero Eduardo obvió el dato que el expresidente de extrema derecha fue condenado a 27 años y 3 meses de prisión por intento de golpe de Estado precisamente contra Lula.
Pero el descontento de Eduardo tiene fundamento. Si bien los principales indicadores económicos parecen positivos bajo el mandato de Lula, con un crecimiento sólido a lo largo de su tercer mandato y una tasa de desempleo del 5,3%, la más baja desde el inicio de la serie histórica actual, en 2012, los votantes no están convencidos. Una encuesta de Quaest realizada en septiembre mostró que el 49% cree que la economía ha empeorado en el último año, en medio de un aumento del endeudamiento de los hogares, mientras que solo el 19% considera que ha mejorado.
Una de las explicaciones de esta desconexión reside en el crecimiento significativo de Uber y de las aplicaciones de reparto, que funcionan como una suerte de red de protección económica para muchas personas con dificultades para encontrar trabajo a tiempo completo, destaca el Financial Times.
Casi dos millones de personas, en su mayoría hombres, trabajan actualmente a tiempo completo para aplicaciones de transporte o reparto -alrededor del 2% de la fuerza laboral-. El número de conductores creció un 37% en tres años, según un estudio gubernamental. El motivo más frecuente para trabajar en estas aplicaciones, señaló el instituto brasileño de estadística, es la dificultad para encontrar otro empleo.
La tendencia está tan extendida que incluso ha dado lugar a un término en portugués: la “uberización” de la economía. Algunos trabajadores, sin embargo, han empezado a cuestionar si Lula -exlíder sindical de los años 70- es la persona más indicada para encabezar esta transformación, apunta el periódico británico.
Visión sobre el papel del Estado
Precisamente la economía es uno de los puntos de mayor contraste entre las dos candidaturas al sillón del Palacio de Planalto. La diferencia central radica en la visión sobre el papel del Estado. Mientras Lula defiende una actuación más activa del gobierno para estimular el crecimiento y reducir las desigualdades, Flávio apuesta por que el desarrollo económico sea impulsado por la iniciativa privada.

El programa de Lula, detalla BBC Brasil, afirma tener como objetivo “mantener tasas robustas de crecimiento, ampliar las inversiones, elevar la productividad” y fortalecer la política industrial, además de defender una mayor progresividad tributaria, en la que los ricos paguen proporcionalmente más impuestos que los pobres. Para equilibrar las cuentas públicas, Lula propone mantener el “nuevo marco fiscal”, un conjunto de normas que limita el crecimiento del gasto gubernamental.
Por su parte, Flávio Bolsonaro apuesta por reducir el tamaño del Estado, recortar el gasto público y disminuir la carga tributaria. El programa promete un “gran recorte”, que incluye la reducción del número de ministerios y una revisión de la reforma tributaria aprobada en 2023. El documento también aboga por privatizaciones y nuevas normas fiscales orientadas a la “estabilización y reducción de la deuda pública”.
“En lo económico, Lula defiende un modelo más bien social, que pasa por programas asistenciales robustos y persistentes, mientras que Flávio llama la atención por el alto costo que estos programas tienen para el presupuesto público y el endeudamiento del Estado”, comenta a La Tercera el analista político brasileño y columnista de UOL, Joāo Paulo Charleaux.
“Lo que pasa es que Flávio no puede criticar abiertamente los programa sociales, porque corre el riesgo de perder votos, lo que resulta en una campaña llena de falsedades y desconfianzas. Cuando le preguntan de dónde va a sacar la plata para este ahorro, él dice cosas que no calzan, cosas genéricas como el combate a la corrupción, la reducción en el número de ministerios, arriendo de inmuebles que pertenecen al Estado. O sea, son cosas que representan valores muy bajos comparado con el ahorro de miles de millones de reales que es necesario para lograr lo que él promete. Entonces, eso genera la desconfianza de que en el fondo va a tener que reducir costos de programas sociales”, explica.

Un análisis similar hace Beto Vasques, cientista político y director de Relaciones Institucionales del Instituto Democracia em Xeque. “Diría que no hay riesgo, es que habrá un programa de desmantelamiento de las políticas sociales, de recortes. De hecho, Flavio presumía en su programa en la televisión que iba a hacer un tijeretazo. Pero la propaganda y Lula empezaron a decir que iba a hacer recortes de los programas sociales, y él dice públicamente que no, que es mentira. Pero luego se filtraron conversaciones de sus asesores con los agentes del mercado financiero, donde hace el compromiso de bajar dos puntos en los gastos públicos del PIB”, señaló el experto a este medio.
Pero Vasques considera que los dos modelos que se enfrentan en estas elecciones van más allá de las diferencias económicas. “Lo que creo que está en disputa es un proyecto democrático popular con aciertos y errores, pero que ha llevado a más Estado, más justicia social, búsqueda de la igualdad, construcción de un Estado de políticas públicas sociales como un sistema público de salud, educación”, dice sobre la gestión de Lula. “Por un lado este proyecto y por el otro la regresión autocrática”, apunta en alusión a Flávio Bolsonaro.
Para Luiz Carlos Azedo, columnista de Correio Braziliense, “Lula y Flávio representan dos proyectos de nación que dividen a Brasil”. A su juicio, “Lula representa una alternativa anclada en la combinación de derechos constitucionales y pluralismo. Sus raíces se encuentran en las luchas sindicales, en la resistencia a la dictadura y en el pacto de 1988. Esta matriz acerca la socialdemocracia al reformismo popular, aunque conlleva acomodos con fuerzas conservadoras, y Lula constituye un liderazgo carismático y personalista. Su mayor contradicción reside en su dependencia de negociaciones opacas y de los intereses particulares del Centrão”.

En cambio, escribe, “Flávio representa una derecha nacional-conservadora, con tendencias ‘iliberales’ encarnadas en el bolsonarismo; es decir, una postura nostálgica del régimen militar y del llamado ‘milagro económico’. Se invoca la soberanía popular para fortalecer al gobernante frente a las instituciones intermedias, prometiendo un gobierno de mayoría en conflicto con las minorías y con las políticas igualitaristas. Sus raíces incluyen el anticomunismo, la tradición de tutela militar y el conservadurismo religioso, todo ello reorganizado a través de las redes sociales. El poder plebiscitario permite al líder arrogarse la capacidad de interpretar al ‘pueblo’ frente a las instituciones”.
Washington vs Beijing
En este contexto, sostiene Azedo, “la elección brasileña moviliza grandes intereses internacionales. Las tierras raras, la energía, los alimentos, los datos, la infraestructura y la Amazonia –según el Observatorio del Clima, el programa de Lula incluye 16 de los 28 compromisos ambientales necesarios y el de Bolsonaro, solo uno- forman parte de la disputa entre Washington y Beijing. Una victoria de Flávio Bolsonaro acercará a Brasilia a la agenda de Donald Trump, acortando la distancia política que Lula mantiene. El comercio con China dificulta una ruptura, pero crece la presión a favor de un realineamiento diplomático radical”.

Al respecto, Fernanda Magnotta, investigadora sénior en el Centro Brasileño de Relaciones Internacionales, sostiene que estas elecciones plantean a Washington “un contraste real en materia de política exterior”. En un artículo publicado en la revista Americas Quarterly, afirma que “el programa del presidente Luiz Inácio Lula da Silva sitúa la autonomía estratégica, una diplomacia universalista, los BRICS y el Sur Global en el centro del papel internacional de Brasil. Por su parte, la campaña del senador Flávio Bolsonaro promete recomponer las relaciones con Estados Unidos y otros socios tradicionales, restaurar una diplomacia más pragmática y otorgar mayor peso al comercio, la inversión y la interacción con instituciones occidentales, como la OCDE”.
“No obstante, esto no se traduce necesariamente en una elección entre Washington y Beijing. Lula busca diversificar sus alianzas y rechaza la lógica de una nueva Guerra Fría. Bolsonaro aboga por negociar con todos -‘desde China hasta la Unión Europea, desde Estados Unidos hasta los mercados asiáticos’-, evitando al mismo tiempo una dependencia excesiva de un solo socio. En otras palabras, Lula no excluiría a Estados Unidos, y una mayor receptividad de Bolsonaro hacia Washington no implicaría una alineación automática en todas las cuestiones”, asegura.
Pero Charleaux tiene reparos frente a esta visión. “Lula defiende un postura de libre mercado, lo que significa negociar tanto con EE.UU. como con China, mientras que Flávio está alienado prioritariamente con los intereses de Donald Trump, lo que resulta en una relación privilegiada con Washington, lo que se expresa particularmente en el tema de tierras raras y en el ingreso de Brasil en el Escudo de las Américas”, dice a La Tercera.

Vasques va más allá. Asegura que “Trump viene haciendo todo lo que puede” contra el actual gobierno brasileño. “A partir del hermano de Flávio, Eduardo Bolsonaro, que vive en Estados Unidos, está operando junto a los miembros del gabinete de Marco Rubio y de la Casa Blanca, la gente más MAGA, para intentar sabotear al gobierno Lula”. “Brasil es la joya de la corona para cerrar su patio trasero de nuevo bajo el Escudo de las Américas y, bajo la excusa de combate al narcoterrorismo, la intención es permitir la injerencia militar y de inteligencia norteamericana en Brasil, como ya están haciendo otras partes del continente”, enfatiza.
Bajo este escenario, el prestigioso economista turcoamericano Daron Acemoglu, premio Nobel de Economía 2024 y profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), dijo a BBC Brasil que la de este domingo “es, probablemente, la elección más importante fuera de EE.UU. este año”. “Brasil es muy importante para América Latina”. De hecho, si (la familia) Bolsonaro regresa al poder, sería equivalente a que EE.UU. hubiera optado por un segundo mandato de Donald Trump”, comentó el coautor del libro Por qué fracasan los países.
Vasques, en ese sentido, cree que las de Brasil, junto con las de medio mandato en Estados Unidos y las parlamentarias en Israel, “son las tres elecciones más importantes”, porque “ellas en conjunto definen lo que puede ser el 2027”. “Tendremos una aurora democrática si Trump se vuelve pato cojo, a Benjamin Netanyahu lo echan del poder y los Bolsonaro no vuelven al poder en Brasil. Pero puede pasar lo contrario y hundirnos aún más del otoño hacia el invierno democrático, si Trump mantiene mayorías, si Netanyahu logra seguir en el poder y si los Bolsonaro vuelven”, concluye.
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