El sinsentido del culebrón de Cesc como entrenador del Barça
El barcelonismo ha encontrado un punto de unión insólito: Hansi Flick. Gusta a todos, de todas las edades, géneros e ismos. Tanto la afición como la prensa están encantadas con él. El equipo juega de cine, divierte, gana, golea, encadena ligas, no monta pollos y no avergüenza la culerada en ninguna ocasión. Al contrario, es educado, respetuoso e, incluso, mucha gente me dice que lo encuentra guapo. No diré que no. Su fichaje fue un acierto y todo el mundo aplaudió cuando se anunció su renovación hasta junio de 2028, con la opción de ampliarlo una temporada opcional. Ojalá lo cumpla, porque merecería ser el entrenador del Barça cuando el renovado Camp Nou esté terminado y a punto para su inauguración.

Por eso, si nos queda por delante un año y medio, o dos y medio, de Hansi Flick, de pronto es una nota discordante empezar a señalar al sucesor. Como si ya estuviese escrito que Cesc Fàbregas debe llegar, ese día, al banquillo del Barça. En pocas fechas, se ha sabido que Cesc, que está haciendo un enorme trabajo en Italia, hizo poner una cláusula de salida del Como por si el Barça, Arsenal o Chelsea se interesaban por sus servicios. Esta semana, Laporta ha hecho grandes elogios de Cesc, sabiendo que en pocos meses será rival del Barça en la Champions y subrayando que están más que satisfechos con el entrenador actual. Cuando Flick esté cerca de terminar su contrato, ya será momento que el Club, Deco, Laporta o quien sea, trabajen la opción del sucesor ideal.

Mientras, no nos podemos pasar tres años hablando de cuando Cesc llegue al Barça. Porque este culebrón ya lo vivimos, durante tres veranos en su etapa de jugador y, al final, cuando llegó, las expectativas estaban tan altas que no fue bueno para nadie.
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