Daniel Monzón, director de cine: "En España había niñas de mi edad siendo encerradas y adoctrinadas mientras yo veía 'Regreso al futuro' en 1985"

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Daniel Monzón vuelve a los años setenta para mirar de frente una de las páginas más incómodas de la historia reciente de España. Si 'Las leyes de la frontera' exploraba la juventud y las grietas sociales de aquella época desde una mirada juvenil, 'Ruega por nosotras', presentada fuera de concurso en el Festival de San Sebastián, ejerce una mirada femenina y hacia una institución que durante décadas permaneció en silencio: el Patronato de Protección a la Mujer. Ambientada en 1974, la película sigue a Ana (Zoe Bonafonte), una joven de familia acomodada enviada por su padre a uno de los reformatorios destinados a mujeres «caídas o en riesgo de caer», según la retórica nacionalcatólica.

El director de 'Celda 211' vuelve a contar con Jorge Guerricaechevarría en el guion y Roque Baños en la música para construir un drama carcelario en el que la violencia física y psicológica, la disciplina y los intentos de fuga conviven con la solidaridad entre las internas. Como apunta Laura Pérez en la crítica de 'Ruega por nosotras', "Monzón crea un drama carcelario con todos los ingredientes del género: el régimen disciplinario brutal, el castigo físico y psicológico, la solidaridad entre las presas, los intentos de fuga, la tensión entre supervivencia y rebelión… Con el devastador agravante emocional de que aquí las reclusas son niñas, las carceleras monjas y los responsables de que estén allí son sus propios padres".

Daniel Monzón, junto a las actrices y reparto de ’Ruega por nosotras en el Festival de San Sebastián.
Hablamos en el Festival de San Sebastián con el director de 'Ruega por nosotras', la película que recupera esta historia silenciada, sobre la investigación que hay detrás de ella, las voces de las supervivientes y la necesidad de volver la mirada hacia un pasado que todavía no está tan lejos.
El germen de esta historia está en una investigación que empezó en 2020. ¿Por qué sentiste que era importante contarla ahora?
Creo que ahora es el momento más adecuado para contarla. Esta es una película que llevo germinando, efectivamente, desde 2020. Han sido prácticamente seis años buceando en lo que significó el Patronato de Protección a la Mujer: estudiando tesis doctorales, libros de ensayo como los de Consuelo García del Cid —uno de ellos da título a la película, 'Ruega por nosotras'—, entrevistas y testimonios de gente que pasó por allí. Todo ese material nos ha servido para orquestar dramáticamente una película en la que, por desgracia, no nos hemos inventado nada. Nada. Todo lo que cuenta la película sucedió tal y como fue.

Es una historia muy dura. ¿Cómo fue ese proceso de investigación? ¿Llegaste a hablar directamente con mujeres que pasaron por el Patronato?
Intentamos hablar también con algunas personas de las órdenes religiosas que estuvieron implicadas, pero declinaron. Aun así, el grueso de la investigación procede de decenas y decenas de testimonios de mujeres que pasaron por el Patronato. Los libros de investigación de Consuelo García del Cid son valiosísimos. Ella pasó por el Patronato y fue la primera, digamos, que escribió sobre ello. Después han aparecido muchos otros libros que han tratado el asunto, además de documentales y podcasts. Pero durante muchísimo tiempo las mujeres que pasaron por el Patronato no querían hablar de ello y, de hecho, muchas siguen siendo muy reticentes porque lo consideran un estigma. Es como sentirse como un preso que ha pasado por la cárcel y no quiere contarlo. Hablamos de gente que se siente culpable de algo de lo que no tiene ninguna culpa.

¿Qué significaba para esas chicas entrar en el Patronato?
Eran años muy concretos, en la adolescencia, precisamente cuando te estás formando como persona. A esas chicas se les metió en la cabeza, se las trituró, para que pensaran que eran culpables, que eran pecadoras, que eran personas de segunda categoría, incompletas. Todo el periplo del Patronato empezaba en un lugar llamado Centro de Observación y Clasificación, donde básicamente se reconocía si eran vírgenes o no. Si lo eran, se las consideraba completas; si no, mujeres incompletas. Y, en función de esa catalogación, se las llevaba a un centro u otro, más o menos severo.
¿De qué tipo de “rebeldías” estamos hablando?
Había 538 centros en España que funcionaban como cárceles encubiertas para adolescentes que el régimen consideraba rebeldes. Y la consideración de que eran rebeldes podía deberse a cosas de lo más variopintas: alguna había salido con minifalda, fumaba o había tenido relaciones sexuales con su novio antes del matrimonio. También había chicas de familias desestructuradas cuyo padre, hermano o tío las violaba y, sin embargo, eran ellas las consideradas culpables de generar ese deseo. Ese era, en cierto modo, el corpus de los reformatorios del Patronato. Desde los 16 hasta los 21 años, cuando alcanzaban la mayoría de edad, estaban encerradas, rezando, limpiando y haciendo trabajos forzados sin remunerar. Hacían trajes y uniformes para la milicia, vestidos de comunión… Trabajos por los que no recibían ningún dinero y cuyos beneficios acababan revirtiendo en las órdenes religiosas que gestionaban estos centros. Era lo más parecido a una especie de Gestapo encubierta.

La película llega además en un momento en el que el cine español está abordando cada vez más el papel de la religión. ¿Cómo ves esa relación de las generaciones más jóvenes con la fe?
Creo que es una película especialmente valiosa en estos tiempos porque cuenta una historia muy reciente. Lo más terrible es que el Patronato se instauró durante el franquismo, en 1940, auspiciado por Carmen Polo de Franco, y teóricamente tendría que haber acabado con la muerte del dictador en 1975. Pero no. Por pura inercia, duró diez años más en democracia, hasta 1985, cuando estaba Felipe González en el poder. En España había niñas de mi edad siendo encerradas y adoctrinadas mientras yo veía 'Regreso al futuro' en 1985. Terminó ese año, sí, pero el sustrato sigue latente en nuestra sociedad.

¿Crees que una de las razones para hacer esta película era precisamente que las generaciones jóvenes desconocen esa parte de la historia?
Sí. Creo que contar una historia como esta en un momento en el que hay demasiada gente joven que no está informada de lo que significó el pasado histórico de España es muy interesante. Es importante que conozcan algo que desconocían por completo, porque esta es una historia muy acallada, en la que había interés en no contarla. Las propias supervivientes que salieron de allí no la contaban y siguen teniendo un pudor enorme que les impide decir que pasaron por el Patronato. Es importante que la gente joven conozca lo que significó la España de aquellos tiempos, porque nada como esto tiene que volver a suceder nunca. Para mí, cuando conocí la historia y vi lo desconocida que era, casi se convirtió en una obligación. Tengo una hija que ahora tiene 19 años, va a cumplir 20, y esta es una película que, entre otras cosas, le debo a ella.
Ayer se anunció que vuelves a trabajar con Luis Tosar. ¿Qué puedes contar de '250 metros' y de este reencuentro después de 'Celda 211'?
De momento puedo contar muy poco, aunque el guion está escrito y estoy muy contento con esta nueva aventura. Su protagonista vuelve a ser un gran querido amigo mío y uno de los mejores actores que tenemos, no ya en España sino en el mundo: Luis Tosar. Teníamos muchísimas ganas de volver a trabajar juntos y creo que hemos dado con el proyecto idóneo para hacerlo.
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