Jugó la Libertadores, perdió un ojo y hoy es repartidor: "Vendo sándwiches para mantener a mi familia"

Hace 20 días, Matías Rosso se despertó y descubrió que prácticamente no podía ver con su ojo izquierdo. El exdelantero, que disputó la Copa Libertadores con Estudiantes de La Plata y se retiró del fútbol profesional en 2020, atraviesa un momento difícil: convive con la diabetes desde 2015, se quedó sin trabajo y necesita sostener a su familia. Hoy, en Rosario, su ciudad natal, encontró una forma de salir adelante con la elaboración y venta de sándwiches de milanesa. “Lo que más necesito, lo que más quiero, es trabajar”, le relató a Olé.
La historia de Rosso es la de un futbolista que conoció las exigencias del profesionalismo y que, lejos de las canchas, tuvo que aprender a empezar de nuevo. Nacido en Rosario, se formó en Chacarita Juniors, donde debutó como profesional y fue parte del equipo que consiguió el ascenso a la Primera B Nacional en 2014. Su rendimiento le permitió dar el salto a Estudiantes de La Plata, tuvo la oportunidad de jugar en la máxima categoría del fútbol argentino y disputar dos partidos de la Copa Libertadores.
Matías Rosso, en Estudiantes.
Después pasó por Aldosivi, tuvo un segundo ciclo en Chacarita, jugó en Estudiantes de Caseros y cerró su recorrido profesional en Gimnasia y Tiro de Salta, entre 2018 y 2019. En total, disputó 97 partidos oficiales y convirtió 13 goles. Sin embargo, cuando regresó de Salta, el panorama cambió por completo. Una dura fractura de tobillo sufrida durante su etapa en Estudiantes de Caseros y la llegada de la pandemia terminaron de complicar sus posibilidades de continuar jugando.
Matías Rosso, Agustín Rossi y el Chapa Zapata a la cabeza, el Funebrero desata la algarabía en pleno césped.
“Yo dejé de jugar porque me quedé sin club en la pandemia y ahí ningún club te contrataba por el hecho de saber qué iba a pasar con el fútbol, porque no sabíamos. No conseguí club”, recuerda. En 2020, con 27 años, el cierre de una etapa que había comenzado desde chico lo obligó a buscar otro camino. La diabetes, en cambio, era una realidad con la que convivía desde hacía cinco años: se la habían diagnosticado en 2015, cuando llegó a Estudiantes y se sometió a los estudios médicos de rutina.
Matías Rosso en Chaca.
Lejos de la pelota, Rosso se aferró a los trabajos que encontró para sostener a su familia. Durante cuatro años trabajó como cajero en un polirrubro. Después consiguió un auto y comenzó a manejar para como conductor de aplicación. Pero la situación económica se volvió cada vez más difícil y terminó quedándose sin empleo. “Uno está más acostumbrado a una vida, al fútbol, a vivir de otra manera, y pasamos a vivir de una manera totalmente diferente. Pero bueno, siempre dándolo todo y metiéndole con todo”, explica.
Matías vive con su pareja, con quien lleva más de 16 años, y sus dos hijos: Zoe, de 13 años, y su nene de nueve. El alquiler, los gastos cotidianos y la necesidad de garantizarles lo indispensable se convirtieron en una preocupación constante. Por eso, cuando se quedó sin trabajo, volvió a buscar una salida por sus propios medios. Esta vez, con una propuesta gastronómica: preparar sándwiches y viandas para vender en Rosario.
Matías Rosso habló con Olé.
“Ahora estoy con los sándwiches, con las viandas, por ahí salimos a vender eso y se vendió, salió el otro día y se vendió bastante bien”, relata. La iniciativa empezó a darle una respuesta concreta en medio de la incertidumbre. Pero, cuando parecía haber encontrado una forma de generar ingresos, recibió otro golpe que modificó sus posibilidades de trabajo.
Hace aproximadamente 20 días, Rosso se despertó y descubrió que prácticamente no podía ver con el ojo izquierdo. “Fue de un día para el otro. Un día me desperté y le dije a mi mujer que no veía nada del ojo izquierdo, prácticamente nada”, cuenta. Según le explicaron los médicos, la pérdida de visión estaría relacionada con una complicación de la diabetes. Ahora espera nuevas consultas para conocer cómo continuará el tratamiento y cuáles son las posibilidades de recuperar parte de la visión.
Matías Rosso habló con Olé.
“Lo que me explican los médicos por ahí es que tuve un pico y, sin darme cuenta, me afectó el ojo izquierdo”, señala. Por el momento, la visión es mínima y borrosa. Aunque mantiene la esperanza de que el tratamiento pueda ayudarlo, todavía necesita respuestas médicas. Tiene nuevos turnos programados que espera con la expectativa de conocer mejor su situación y los pasos que deberá seguir.
Matías Rosso habló con Olé.
La repercusión de su historia en las redes sociales le permitió llegar a más personas y recibir numerosos mensajes de apoyo. Sin embargo, aclara que su intención al contar lo que le estaba pasando no era generar lástima ni pedir dinero. Su objetivo era dar a conocer el emprendimiento para conseguir clientes y poder seguir trabajando. “Yo subí la foto pero no fue para que pasaran un alias ni para que la gente me pasara plata o lo que sea. Sinceramente, lo subí para que la gente supiera que iba a estar con el tema de los sándwiches, porque acá en Rosario me conoce mucha gente”, aclara. Y agrega, con satisfacción por la respuesta que recibió: “Mucha gente me pidió sándwiches, tuve la suerte de salir a vender y vendí todo”.
Detrás de la historia viral hay una necesidad concreta. Rosso no esconde que atraviesa un momento difícil, pero tampoco quiere quedar definido únicamente por lo que le pasó. “Uno nunca quiere dar lástima ni sacarle rédito a lo que le pasó. Esto que me pasó no se lo deseo a nadie. Es un garrón: de un día para el otro me desperté y no veía de un ojo”, expresa.
La pérdida de visión lo obligó a cambiar su rutina, su forma de trabajar y hasta sus posibilidades de trasladarse. “Sinceramente, la estoy pasando mal, pero por el solo hecho de decir que no puedo salir a hacer las cosas que yo hago, seguir de pie por mis hijos. Pero bueno, se busca la vuelta”.
En medio de ese escenario, también apareció una oportunidad para volver a acercarse al fútbol. Rosso recibió el ofrecimiento de una beca para realizar un curso de director técnico, una posibilidad que lo entusiasma y que representa una puerta para seguir vinculado a la actividad que marcó su vida. “Me llamaron y para mí fue algo hermoso, fue algo hermoso porque es algo que me gusta. Aparte, seguir en el fútbol es algo muy lindo”, cuenta.
Matías Rosso habló con Olé.
Su experiencia como profesional, los entrenadores que tuvo y los compañeros con los que compartió vestuario son parte de un recorrido que le gustaría aprovechar en esta nueva etapa. “Tuve técnicos muy buenos, tuve compañeros muy buenos, de los que aprendí un montón de cosas. Y sería hermoso poder seguir con eso, así que esto es una caricia al alma”, dice.
Mientras espera novedades sobre su salud y busca consolidar la venta de sus productos, el exjugador mantiene una prioridad por encima de todas: conseguir trabajo. No importa si es dentro o fuera del fútbol. Lo que necesita es una oportunidad que le permita sostener a su familia y recuperar cierta estabilidad en medio de la adversidad.
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