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Sunday, November 1, 2026

El primer ministro

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Cuentan que el entonces candidato Kast llegó hasta Jorge Quiroz por recomendación de conocidos en común. Corrían los tiempos en que 40 economistas aparecieron respaldando a Matthei y el aspirante de los republicanos necesitaba un personaje de alto perfil técnico para encabezar su propuesta económica.

Quiroz se la jugó y asumió con desplante y convicción el rol de vocero económico y paladín de las dos banderas fundamentales que levantó la candidatura de Kast: destrabar la inversión y recortar el gasto fiscal en los famosos US$ 6 mil millones en 18 meses.

Como vocero económico sacó a relucir en campaña tres atributos que también han marcado su gestión al frente de Hacienda: ideas claras (“nada reemplaza a la iniciativa privada para generar progreso”), tenacidad (“todos los cambios de táctica necesarios, pero la hoja de ruta no cambia”) y pragmatismo, sustentado en su experiencia como asesor de distintas industrias productivas y, por lo mismo, conocedor de las trabas que frenan oportunidades de crecimiento.

Como resultado, Quiroz aparece instalado hoy como el ministro con la agenda más definida de todo el gabinete, pero no solo porque tiene grandes proyectos aprobados o en trámite parlamentario, sino porque sigue con la bandera en alto defendiendo la tesis de la batalla cultural. “Nuestro objetivo es abrir una nueva era”, dijo al público reunido en la Enade el pasado miércoles.

La idea de un jefe de gabinete no radica solo en contar con un director de orquesta que ordene a los músicos, sino en uno que también mantenga y defienda el sentido y concepción de la obra a interpretar. Este segundo atributo es evidente en el titular de Hacienda, pese a quien le pese, y lo luce bastante por encima de otros ministros llamados a dominar la batuta.

Ni siquiera tiene complejo en afirmar que se reunió con la presidenta de la Corte Suprema para solicitar que el Poder Judicial ponga de su parte en el trámite más expedito de los permisos ambientales, pese a ser una tarea que se supondría más propia del titular de Justicia, como también en hacer pública su opinión sobre el rol que la política está otorgando al Tribunal Constitucional.

Quiroz transmite que va con todo en una suerte de epopeya que trasciende los números y que persigue sacar al país del “relato equivocado” en que navegamos durante la última década. Y enfrenta su talón de Aquiles (las negativas cifras de crecimiento y empleo) con un discurso rebosante de optimismo: “Nos estamos haciendo cargo”. De esta forma, antes que esperar una mejora en las criticadas capacidades comunicacionales de La Moneda, el ministro asume directamente la tarea de sacar a relucir esos avances que la opinión pública no estaría percibiendo.

La tarea no es fácil, porque el miércoles proclama que “las señales de reactivación son enormes” y, al día siguiente, el INE informa un desempleo de 9,8%, mientras que el Banco Central alerta por la inflación y los alcaldes del sur denuncian que el diésel en Melinka supera los $ 2.000.

Eso importa, porque el reclamo de Melinka representa la realidad que viven las personas y, aunque necesarias, las reformas tributarias o el fin del impuesto a las ganancias de capital no impactan directamente en el bolsillo. Mientras, el precio de los alimentos sube 4,3% y el formato de retail pequeño bordea el 20% de participación, porque buena parte de las personas pasaron de la compra mensual a la compra semanal y, ahora, a la compra diaria. Las reformas apuntan al mediano y largo plazo, pero como dijo el economista Tomás Izquierdo: “Nadie vive en el largo plazo; todos vivimos en el día a día”.

Pero no sería justo cobrarle a Quiroz toda la cuenta por esa brecha entre las reformas y la vida diaria. A siete meses de iniciada la nueva administración, son varios los ministros que aparecen ante la opinión pública sin una agenda definida y alineada con las necesidades de las personas. Aunque polémico, más le ayuda Poduje montado en una máquina para tapar hoyos de las calles, que sus colegas sentados buena parte de la mañana escuchando charlas en la Enade.

Al comienzo de la administración Kast, la famosa batalla cultural se libraba en varios frentes. Ahora, entre errores y omisiones, sólo Quiroz pareciera seguir ese derrotero con igual entusiasmo. Incluso, convoca a los empresarios a que se hagan parte de esta misión reconstructora y reformadora, instándolos a reaccionar a la reforma tributaria incrementando sus inversiones. El problema es que aplauden en la Enade, pero vuelven a sus oficinas y revalúan sus proyectos a la luz del bajo crecimiento de la demanda o del alza sostenida en algunos de los principales insumos.

Por lo mismo, un toque de moderación también ayudaría. Porque Quiroz afirma que no tiene “miedo de equivocarme por ambicioso” y recurre a los incrementos en las cifras de inversión y a las mejoras en los tiempos de tramitación de proyectos para demostrar que se avanza, pero siguen pendientes los ejemplos con indicadores que hagan sentido a las personas comunes y corrientes, como son la inflación y el empleo. Y esos tardarán.

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