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Thursday, September 24, 2026

Así batió Usain Bolt el récord mundial de 100 metros que sigue intocable 17 años después

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16 de agosto de 2009. Usain Bolt llevaba un año siendo el rey del sprint. El mundo aún no sabía que su reinado sería duradero, y tampoco sabía que esa noche en Berlín, en el mismo estadio en el que 73 años antes Jesse Owens puso en evidencia a Adolf Hitler, el ‘rayo’ correría como jamás ha vuelto a hacerlo nadie.

Bolt siguió siendo el rey hasta su retirada en 2017, el mejor velocista de la historia, pero sus piernas no volvieron a estar al nivel sublime de aquel Mundial 2009 en Berlín. A punto de cumplir los 23 años, el 16 de agosto ganó la final de los 100 metros. Su primer título mundial de los 11 que acabaría atesorando, y la confirmación de la magia que arrancó un año antes en los Juegos Olímpicos de Pekín.

Fue el mejor 100 de su vida, una obra maestra que no se ha repetido y sigue intocable. Nadie se ha acercado. 9 segundos y 58 centésimas. La locura. 37,6 kilómetros por hora de promedio, 44,7 km/h en la fase de mayor velocidad. Un récord monumental, más de una décima sobre su anterior tope, los 9”69 que logró un año antes en la final olímpica de Pekín. El mayor margen de siempre sobre el récord anterior.

Usain Bolt, sobre la pista azul del Estadio Olímpico de Berlín en la que, en 2009, se convirtió en un mito eterno del deporte
Usain Bolt, sobre la pista azul del Estadio Olímpico de Berlín en la que, en 2009, se convirtió en un mito eterno del deporteGetty

¿Cómo lo hizo? Fue el vértice de una carrera perfecta, la mejor de la historia, ayudada por una pista rapidísima y un viento perfecto, favorable (0,9 metros por segundo) pero dentro de la legalidad. Y tenía rivales. Sin ellos Bolt no hubiera tenido la motivación ni la necesidad de empujar su límite. Ese rival, Tyson Gay, hizo lo que pudo, que fue muchísimo: 9”71, entonces la tercera mejor marca de siempre, solo por detrás de los dos récords de Bolt. Gay, campeón en el anterior Mundial, estaba preparadísimo, rebajó en 6 centésimas su marca de los Juegos de Pekín. Y Asafa Powell (9”84) sale en las fotos como el tercero en el podio. Hasta cinco atletas bajaron de los 10 segundos.

Gay estuvo superlativo, pero Bolt competía en otra liga. De hecho, hizo la marca que todos imaginaban que ‘escondió’ en la final olímpica un año antes, cuando comenzó a celebrar el oro mucho antes de traspasar la meta. Con la zancada más larga de la final (2,5 metros), fruto de su 1,96 de estatura, construyó la carrera perfecta, esta vez con una salida digna, al contrario de lo acostumbrado en Bolt. Nadie le tomó ventaja y el jamaicano ya era el amo a los 30 metros. Empleó 41 zancadas, como en Pekín 2008. Sus rivales necesitaron 42 pasos. Nadie más ha podido acercarse a esa marca al paso de los años. Un mes después de aquella final, Tyson Gay corrió en 9"69. Y el propio Bolt, en la final olímpica de Londres 2012, hizo 9"63, el segundo mejor registro de todos los tiempos.

Era el más joven de los finalistas, 23 años. Cuatro días después, volvió a hacerlo, esta vez en la final de los 200 metros: 19”19, otro récord mundial que nadie ha podido superar desde entonces. Van ya 17 años de vigencia de ambos récords, y los rankings actuales apuntan a que durarán bastante más.

Era un Bolt imparable, que obligaba entonces al mundo a preguntarse cuál era su límite. Y en realidad, ése fue su cénit. El Bolt posterior, siempre superior al resto y con poquísimos borrones -apenas su salida falsa en el 100 del Mundial 2011-, ya no pudo con el Bolt sobrenatural de 2009, el que volaba sobre una pista azul en Berlín.

Desde entonces, el atletismo ha echado en falta no solo sus marcas imbatibles, también su carisma, las celebraciones desfasadas incluso desde los tacos de salida, antes de ganar, su -falsa- despreocupación, sus ganas de fiesta y ese aparente pasotismo que convertía en aún más épicas sus victorias. Algún día caerán sus récords, pero no habrá nadie con su aura

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