'Monstruo' recupera el vuelo en Netflix con una temporada 4 cautivadora, pero sigue lejos de la brillantez de 'Dahmer'

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Si Ryan Murphy ha dejado una impronta en Netflix tras el multimillonario contrato que unió al productor y a la plataforma, esa es sin duda la antología 'Monstruo', con la que seguirá haciendo temporadas, junto a su colaborador Ian Brennan, mientras la compañía siga interesada (y, de momento, se mantiene entre sus estrenos más vistos cada vez que lanza una nueva entrega). Así, 'Monstruo: la historia de Lizzie Borden', la cuarta temporada, llegó hace unos días al catálogo de Netflix y, de nuevo, ha conseguido no solo conquistar el número uno de sus series más vistas sino también generar conversación. Una en la que no faltan los empedernidos detractores de Murphy, quienes analizan el rigor histórico del caso que se aborda y también otras miradas más centradas en su calidad artística, todas ellas perspectivas válidas.

En esta ocasión se han fijado en una mujer (o en tres), por primera vez en la serie, y también han elegido un caso cuya resolución no está clara: Lizzie Borden fue acusada y juzgada, pero aunque pasó a la historia como "la asesina del hacha", nunca fue declarada culpable. Sin embargo, Murphy y Brennan eligen para su serie el camino que más les interesa y, desde el minuto uno, optan por imaginar que sí que mató a su padre y a su madrastra, además de adherirse a teorías como la que apunta a que fue empujada a cometer el crimen por la sirvienta y que, incluso, ambas tenían una relación lésbica.

Esa apuesta por utilizar una historia real a capricho puede ser lo que eche para atrás a muchos espectadores. Ni siquiera hay que ser un erudito en Lizzie Borden para detectar varias modificaciones, sino que con leer la Wikipedia ya podemos estar al tanto de que, por ejemplo, las edades no casan: a Lizzie nos la presentan como una frágil jovencita (la actriz Ella Beatty tiene 26 años, pero nos podríamos creer que tiene 18) cuando en la vida real tenía 32 años en el momento del crimen, mientras que Andrew y Abby Borden, las víctimas tenían 69 y 64 años, lejos de los 46 y 44 de quienes les interpretan. Es una decisión de casting consciente, suponemos, pero ya da al espectador la medida de lo que va a tener delante no tiene por qué respetar demasiado los datos contrastables, incluso a pesar de que en determinado momento veamos sobreimpreso un cartel que señala una "conversación extraída directamente de las transcripciones".
Así, descartado el rigor del true crime, queda ver si la serie tiene otros pilares sobre los que apoyarse y si es capaz de aportar algo más que la explotación del mito violento que se reproducía en una cancioncilla infantil que recordaba los 40 y 41 hachazos que recibieron las víctimas (que, en realidad, fueron bastantes menos). Suelen decir los responsables de 'Monstruo' que la antología siempre se articula en torno a la pregunta de si los monstruos nacen o se hacen, pero hay bastante poco de eso en esta temporada. También aseguran que la historia de Lizzie Borden, unida a la de la condesa Erzsébet Báthory y a la de la asesina Aileen Wuornos como tríptico, es un tratado sobre la ira femenina, aunque quizás en esa intención se han quedado cortos.

Más que eso, la idea troncal que une las tres historias de estas mujeres, además de que se tomaron la justicia por su mano, es el poder que tienen unas historias para crear ecos a lo largo de los años (idea que ya se apuntaba más torpemente en 'La historia de Ed Gein'). Que Lizzie Borden no habría cometido su crimen sin leer la historia de la Condesa Sangrienta y encontrar en ella una inspiración, y que Aileen Wuornos no habría tenido la misma fuerza sin contar con Borden como su heroína. Para armar este discurso pretendidamente antipatriarcal (que a los dos guionistas, hombres, les queda poco matizado), se disipan los grises éticos y parece que, como en el mítico 'Cell Block Tango' de Chicago, nos gritan que ellas lo hicieron pero que sus víctimas se lo merecían (He had it coming, he only had himself to blame. If you'd have been there, if you'd have seen it, I betcha you would have done the same!). Se lo merecían los padres de Borden y se lo merecían los puteros de Wournos.

A través de ese mecanismo, 'Monstruo' logra generar en el espectador esta vez un alto nivel de empatía respecto a sus monstruos, alejándose así, como decíamos antes, de esa cuestión de si los monstruos nacen o se hacen; aquí, más relevante que eso, es hacerte entender que tenían sus razones para hacerlo. Los otros cimientos sobre los que se yergue la temporada son su poderío estético (muy en la línea de las anteriores 'Monstruo', 'American Horror Story' y otras impecables producciones de Murphy), muy superior a la media de series de Netflix, y un conjunto de muy buenas interpretaciones. Ella Beatty, a pesar de la cuestión de la edad, resulta magnética y llena la pantalla, haciéndote querer acompañarla en su odisea. Rebecca Hall, como la madrastra malísima, Billie Lourd en uno de sus mejores papales en el murphyverso y una siempre portentosa Sarah Paulson hacen que su contemplación sea un goce. Incluso, cuando la serie pierde fuelle por momentos.
Si 'La historia de Ed Gein' estaba excesivamente estirada en un metraje redundante que llegaba a ser soporífero, a 'La historia de Lizzie Borden' también le sobran algunos pasajes (el episodio 5, con la muerte del padre, y el último, con todo lo posterior al juicio, son los más afectados). La diferencia es que aquí, aunque la historia prácticamente se podría reducir a la mitad de los episodios, las imágenes que nos ofrecen son mucho más cautivadoras, los personajes más atractivos y la atmósfera más conseguida. Así que, sí, aunque podría haber sido más concisa, 'La historia de Lizzie Borden' no resulta fallida y nos hace creer que 'Monstruo' ha retomado el vuelo, aunque aún esté lejos del brillo de aquella primera temporada dedicada a Jeffrey Dahmer.

Nací en Wisteria Lane, fui compañero de piso de Hannah Horvath y 'Chicago' me volvió loco porque Roxie Hart soy yo. Tengo la lengua afilada, pero, como dijo Lola Flores, "me tenían que dar una subvención por la alegría".
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