Científicos descubren que los elefantes asiáticos pueden controlar sus impulsos
Un experimento con 16 elefantes asiáticos en Tailandia revela que pueden frenar respuestas aprendidas y cambiar rápidamente de estrategia cuando las reglas dejan de funcionar.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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A simple vista, el experimento parecía fácil. Había una pieza de fruta dentro de una caja y un elefante dispuesto a conseguirla. El problema era que la ruta más evidente no conducía hasta la recompensa. Para alcanzarla había que ignorar lo que indicaban los sentidos, contener el primer impulso y buscar otra solución.
Eso es precisamente lo que consiguió hacer un grupo de elefantes asiáticos (Elephas maximus) en un experimento realizado en Tailandia. Un equipo dirigido por investigadores de la City University of New York ha encontrado evidencias de que estos animales son capaces de inhibir determinadas respuestas automáticas y modificar rápidamente su comportamiento cuando las circunstancias cambian. El trabajo, publicado en PLOS One recientemente, ofrece algunas de las primeras pruebas experimentales de control inhibitorio en esta especie.
La capacidad estudiada puede parecer abstracta, pero forma parte de innumerables decisiones cotidianas. El control inhibitorio permite frenar una respuesta dominante cuando existe otra alternativa más eficaz. Está relacionado con la flexibilidad cognitiva y la toma de decisiones y ha sido estudiado en numerosas especies mediante experimentos en los que conseguir una recompensa exige renunciar al camino aparentemente más directo.
En este caso había además una cuestión pendiente. Los elefantes poseen cerebros grandes, viven en sociedades complejas y son capaces de resolver problemas de manera flexible y cooperativa. Sin embargo, un estudio anterior basado en otro tipo de prueba había obtenido resultados pobres sobre su capacidad de inhibición. Los investigadores sospechaban que el problema podía encontrarse en el propio experimento: aquella prueba dependía considerablemente de observar las acciones de una persona, mientras que los elefantes recurren de manera importante al olfato, el oído y el tacto.
Una caja transparente puso a prueba a 16 elefantes
El nuevo estudio se desarrolló con 16 elefantes asiáticos, ocho machos y ocho hembras, de entre cuatro y 60 años, alojados en el National Elephant Institute de Lampang, en Tailandia. Las pruebas se realizaron entre agosto de 2023 y enero de 2024. Ninguno había participado anteriormente en experimentos similares con una barrera transparente y, según los investigadores, probablemente tampoco estaba familiarizado con este tipo de material.
El montaje fue deliberadamente sencillo. Los científicos fabricaron dos cajas de acrílico de 40 centímetros de lado. Una era opaca y la otra transparente. Ambas tenían una cara completamente abierta, mientras que la caja transparente incorporaba además cinco pequeños agujeros frontales. En su interior se colocaba una recompensa especialmente atractiva para cada animal: piña, manzana o un pequeño plátano.
Primero llegó el aprendizaje. Los elefantes tuvieron que descubrir que para conseguir la fruta de la caja negra era necesario rodear el obstáculo con la trompa y acceder por la cara abierta. Después apareció la trampa: la caja opaca fue sustituida por otra transparente. La comida podía verse y olerse desde el frente, pero los pequeños agujeros impedían alcanzarla directamente.

En teoría, esa tentación debía provocar un conflicto. El animal podía intentar avanzar directamente hacia aquello que tenía delante o mantener la estrategia aprendida y buscar la abertura. Sin embargo, ocurrió algo inesperado. El tiempo que necesitaron los elefantes para introducir la trompa por la abertura no aumentó significativamente al pasar de la caja opaca a la transparente. Continuaron rodeando el obstáculo con rapidez.
El resultado admite, no obstante, dos interpretaciones. Podría significar que los elefantes poseen un control inhibitorio especialmente eficaz frente a este estímulo. Pero existe otra posibilidad que los propios autores subrayan: quizá la transparencia de la caja, incluso acompañada de señales olfativas, simplemente no generó un impulso suficientemente potente como para interferir con la conducta que acababan de aprender.
El verdadero desafío apareció cuando cambiaron las reglas
Los investigadores introdujeron entonces una dificultad distinta y, probablemente, más reveladora. La abertura de la caja podía encontrarse arriba, abajo, a la izquierda o a la derecha. Después de que los animales aprendieran a acceder a ella desde una determinada posición, los científicos giraban el dispositivo.
Aquí sí apareció el error que estaban buscando.
Cuando la abertura cambiaba de lugar, los elefantes tardaban significativamente más en encontrarla. La conducta aprendida anteriormente interfería con la nueva solución. Es decir, existía una respuesta dominante que debían abandonar antes de adoptar otra estrategia. Sin embargo, el efecto duraba poco: durante los ensayos consecutivos con la misma orientación, el rendimiento mejoraba rápidamente.
Este detalle resulta importante porque permite separar el simple aprendizaje de una situación en la que realmente hay que modificar una respuesta previa. El elefante no tenía únicamente que descubrir dónde estaba la comida. Debía dejar de hacer algo que apenas unos minutos antes había funcionado.
El estudio también incluyó una sesión especialmente exigente en la que las cuatro orientaciones aparecían en un orden pseudaleatorio, evitando repetir consecutivamente la misma posición. Los investigadores registraron las pruebas mediante varias cámaras y analizaron aspectos como el tiempo necesario para encontrar la abertura y el periodo durante el cual la trompa permanecía dentro de la caja.
La edad dejó una pista inesperada
Entre los resultados apareció además una diferencia que abre una nueva línea de investigación. Los ejemplares de mayor edad mostraron más dificultades cuando tenían que abandonar una respuesta previamente aprendida. El rendimiento en esas pruebas empeoraba con la edad. Los autores plantean que podría tratarse de una señal de deterioro cognitivo asociado al envejecimiento, aunque advierten de que hacen falta más estudios antes de establecer esa conclusión.
La cuestión resulta especialmente interesante en los elefantes porque pueden superar los 60 años y existen investigaciones previas que muestran la enorme importancia del conocimiento acumulado por los individuos veteranos. Una menor flexibilidad ante determinadas tareas experimentales no significa necesariamente una pérdida general de capacidades cognitivas.

También conviene mantener otra cautela: participaron solamente 16 individuos. El experimento aporta evidencia sobre una capacidad concreta en unas condiciones determinadas, pero no convierte el comportamiento observado en una medida global de “inteligencia”. Los propios investigadores recuerdan además que las pruebas de desvío pueden estar influidas por factores como aprendizaje, motivación, personalidad o experiencia previa.
Lo interesante está precisamente en algo mucho más específico. Frente a un problema que cambiaba ante sus ojos, estos elefantes fueron capaces de abandonar una solución que había dejado de funcionar y aprender otra en pocos intentos. En la naturaleza, donde las rutas, los recursos y los peligros pueden transformarse rápidamente, saber cuándo dejar de insistir puede ser tan importante como encontrar una solución por primera vez.
Referencias
- Asian elephants (Elephas maximus) demonstrate inhibitory control in a detour task, PLOS One (2026). DOI: 10.1317/journal.pone.0356549
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