"Querían aparecer con la calavera de Federico García Lorca en la mano"
Ian Gibson, historiador nacido en Dublín en 1939, ha dedicado buena parte de su vida a investigar la figura de Federico García Lorca, desde su obra hasta las circunstancias de su asesinato. Su fascinación comenzó en la juventud y terminó convirtiéndose en una investigación histórica marcada por décadas de búsquedas, testimonios y preguntas todavía sin respuesta.
Su vínculo con Lorca comenzó a los 18 años, cuando encontró en una librería un volumen con el 'Romancero gitano'. La lectura de 'Romance de la luna luna' le descubrió un universo desconocido y despertó un interés que orientó su trayectoria hacia la investigación sobre el poeta.

Con los años, Gibson reconstruyó los últimos días de Lorca y trató de averiguar dónde fueron enterrados sus restos tras su asesinato durante la Guerra Civil.

En una charla reciente con 'La Vanguardia', Gibson criticó la primera búsqueda oficial: "Creo que la primera búsqueda oficial, financiada con dinero público, no se hizo bien. La preparación fue deficiente; empezaron demasiado rápido y no estudiaron suficientemente el terreno ni sus alrededores. El enterrador de Lorca, Manuel Castilla, "Manolo, el comunista", me llevó al lugar exacto en 1966, en pleno franquismo, y me confesó que allí había enterrado al poeta y a tres personas más muy cerca del famoso olivo en Alfacar. Pero a mí no me consultaron. Lorca es un símbolo. Si logramos encontrar sus restos, todo podría cambiar. Ayudaría a la normalización -entre comillas- de este país. Porque Lorca es de todos".
El hispanista también lamenta que su experiencia quedara al margen de aquellas excavaciones. "Nunca me consultaron. Y eso que yo había dedicado mi vida a este tema. Pero ellos querían hacerlo solos. Querían aparecer con la calavera de Lorca en la mano, como en Hamlet. 'Lo hemos hecho nosotros, sin necesidad de que un jodido guiri…'. Algo de eso había. Además, había otras fuentes que probablemente no se consultaron. La linde del terreno, el olivo, el pinar al otro lado… La búsqueda debería haber abarcado toda esa zona. Se actuó con prisas y sin preparación suficiente. Se trataba de dinero público y había que ir con cuidado, porque cualquier fallo sería criticado. En la zona donde excavaron había demasiada roca; no era un lugar lógico para enterrar. En cambio, en la otra zona cercana, entre el olivo y el camino, la tierra era más blanda y accesible", agrega el hispanista.
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