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Saturday, October 17, 2026

‘Whalefall’ es una de las grandes películas de acción del año que sorprende en cada escena

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Whalefall (2026) podría tener una de las premisas más insólitas del año. En especial, porque la historia de un buzo que es tragado por una ballena y debe escapar del interior del animal es disparatada por necesidad. No obstante, la dirección de Brian Duffield convierte esa historia en aparente sin sentido, en un brillante ejercicio de acción. Más interesante todavía, en una reflexión madura, profunda y emotiva, sobre la supervivencia y el sufrimiento emocional. Todo mientras, sí, nuestro esforzado protagonista Jay Gardiner (Austin Abrams, de Resident Evil) intenta salir de las entrañas de un cetáceo descomunal.

Por lo que gran parte del mérito de Whalefall es convertir un relato con apenas personas en pantallas, en una reflexión de la naturaleza humana. Más allá, en utilizar todos los tropos de las survival movies para subvertirlos con habilidad y un asombroso vigor. El resultado es una cinta que no solo no aburre jamás, aunque prácticamente estamos viendo el mismo encuadre todo el tiempo. Además, es lo suficientemente inteligente para combinar en una misma trama la idea del duelo y el motivo por el cual el dolor puede impulsar a vivir. Ambos puntos de vista extremos sobre sobrevivir a una tragedia que Whalefall analiza con buen gusto y sin caer en sensiblerías. 

Además, esta adaptación del libro del mismo nombre de Daniel Kraus, publicado en 2023, toma lo esencial del libro sin cambiar el fondo. Razones no faltan. La obra del ganador del premio Pulitzer es un testimonio tenso sobre el dolor espiritual. Y de hecho, el libro está más interesado en las complejas relaciones entre padres e hijos que en técnicas de buceo. Pero lo cierto es que la historia, de la misma forma que la película, evita como puede la necesidad de conmover. Antes que eso, apunta toda su energía en mostrar que una situación de vida o muerte, empuja a cualquiera al límite de sus creencias y su resistencia. Mucho más, muestra la fortaleza de quien lo padece. Todos temas que Whalefall maneja de manera elegante, osada y bien planteada. 

Una durísima aventura que, además, es una reflexión sobre el duelo

Para eso, Whalefall enfoca casi toda su atención en Jay y su profunda angustia después de la muerte de su padre (Josh Brolin). Al que además no pudo dar sepultura. Así que el fallecimiento sigue siendo una especie de herida abierta con la que el personaje no puede lidiar. El tema vuelve una y otra vez (y por un motivo válido). Pero Whalefall tiene el ingenio y la habilidad para no convertir esa obsesión en el centro de la historia. En realidad, Jay parece estar lleno de matices que la cinta no cuenta del todo, pero que se hacen cada vez más elaborados e importantes. Lo más curioso es que el guion no necesita sobreexplicar a su personaje para hacerlo creíble. Mucho menos, para hacerlo cercano y que el público se preocupe por él. 

Sin perder tiempo, Whalefall establece su dilema y esa rapidez establece el ritmo de la cinta. Eso, sin que el núcleo emocional parezca superficial o mal relatado. Jay no puede superar la desaparición de su padre y busca formas de perdonarse por lo ocurrido. De modo que intentará conectar con el dolor a su manera. Ambos compartían el amor por el buceo en aguas profundas. Por lo que naturalmente Jay intenta superar la pérdida, rememorando los mejores momentos juntos bajo el agua. El director evita con cuidado utilizar metáforas baratas como que el agua es capaz de limpiar pesares o algo semejante. Y de hecho, el punto fuerte de la cinta es analizar que Jay no entiende bien la naturaleza de su dolor, de la misma forma que no entiende el peligro total que podría correr. 

Por supuesto, esa decisión de argumento permite establecer que Jay va a cometer alguna imprudencia. O que, en cualquier caso, el azar en medio de una situación inesperada puede ser una forma violenta de morir. Que es exactamente lo que enfrentará Jay cuando tropieza con un calamar gigante, solo para después, ser devorado por una ballena. Y aunque el giro de argumento parezca casi paródico, lo cierto es que Whalefall es un drama bien construido que impacta. Mucho más, que toma esa situación aparentemente descabellada y la lleva a una dimensión realista que sorprende por su eficacia. 

Una película que no abusa de lo científico ni de lo emotivo

Whalefall podría tener apenas dos opciones para dirimir su conflicto. Por un lado, volverse detallada y científica (la novela original es conocida por eso), o confusa y violenta. Al contrario, Whalefall es más el viaje interior del personaje mientras intenta sobrevivir y lograrlo, con el recuerdo del padre como faro. Jay comprende que la única forma de salvar la vida es poner en práctica todo lo que aprendió siendo niño. Lo que implica un repaso emotivo, sobrio y elegante de la relación que tuvo con su padre alguna vez. No obstante, la cinta no abusa de la sensación de que Jay busca la redención mientras lo digiere una ballena. En realidad, la película se toma en serio este repaso mental y espiritual en medio de una emergencia.

Lo que incluye ser por completo frontal, honesta y brutalmente detallada en algunos puntos y solo conmovedora en otros. Parte del mérito de que esa combinación funcione la tiene Austin Abrams. El actor interpreta a Jay como un chico nervioso y afligido, pero además, uno hábil, fuerte y casi siempre diestro. Una de las cosas que más sorprende de este personaje (radicalmente distinto al Brian de Resident Evil) es lo físicamente demandante que se hace su travesía. Y lo mucho que Abrams entrega al esforzarse en todo lo que puede en hacerlo creíble. Desde llorar, babear, gritar, mostrar asco de manera sincera y físicamente visceral. Lo cierto es que el actor crea un protagonista memorable en una circunstancia absurda. 

Pero además, Whalefall crea una experiencia inmersiva completa. Eso, con un diseño de sonido que convierte al interior hueco de la ballena en una caja de resonancia del mar. La experiencia no es sencilla de recrear y el director se toma en serio la tarea de utilizar la cámara para crear una visión claustrofóbica de la tragedia. Pero es el score y la forma como el sonido acompaña la batalla de Jay lo que hace que Whalefall convierta cada escena en sensaciones mezcladas entre sí. Del pánico a la fuerza de voluntad, de la emotividad a una batalla por mantenerse cuerdo. Jay atraviesa todo el espectro de emociones, en compañía de una puesta en escena física que sorprende por su verosimilitud. 

Para el final (lo único quizás predecible en la película), Whalefall logró construir una idea sobre el sufrimiento y el esfuerzo físico que se conectan la una a la otra. Un mérito que hace que esas dos perspectivas de la historia corran en paralelo y de manera bien establecida. Una experiencia total que hace de Whalefall una de las mejores películas de acción del año y una de las imperdibles del género de la década. 

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