Los verdaderos caciques: cómo el camarín de Colo Colo se alineó para quedar a un triunfo de la corona

Colo Colo está más cerca que nunca de su 35ª estrella. Es cierto que la distancia de los albos respecto de sus escoltas es mucho más exigua que la que llegaron a disfrutar. Estuvieron a 16 puntos de Universidad de Chile, en un escenario ideal: la alcanzaron después de vencer a los estudiantiles en el Superclásico que se disputó en el Estadio Nacional. Ese 23 de agosto, todos abrazados y con un Vozinha que entendía poco de la frase, pero que, al menos, intentaba formar parte del rito, los albos entonaron a toda voz un cántico dirigido al archirrival, que tardó poco en convertirse en una suerte de ‘himno’ o de consigna. “Te aseguro que el chuncho no sale campeón; sale el Colo, sí señor”, se escuchó con tal fuerza que, probablemente, el coro haya llegado hasta el sector sur del recinto ñuñoíno, donde se imponía el silencio.
Paradójicamente, la diferencia se fue reduciendo con el transcurso de las fechas y los albos tuvieron que empezar a sacar la calculadora. Inesperadamente, para todos. La celebración se postergó por un par de semanas y, sobre todo después de la goleada que les propinó Coquimbo Unido, se alcanzó a generar un margen de incertidumbre. Fue en ese momento, realmente, cuando el equipo se puso a prueba. Había quedado tambaleando después de otra, la derrota en el Superclásico de marzo, en el Monumental, pero ahora debía demostrar que había aprendido la lección y, sobre todo, que los golpes no lo abatían, como sucedió en 2025. Este domingo, en Chillán, tiene que ratificarlo.
“Si se empata o pierde, hablo yo”
Fue en ese momento crítico cuando emergieron los líderes del plantel albo. El gran referente es Arturo Vidal, quien no dudó en aleccionar a los suyos ni en dar la cara. “Si se empata o pierde, hablo yo”, lanzó, a modo de broma, precisamente, después del resultado que les devolvió el ánimo a los albos: la goleada sobre Universidad de Concepción.
Matemáticamente, la coronación depende exclusivamente de lo que consigan en Chillán. Un triunfo la asegura. Los hinchas reflejan la expectativa. Colmaron el ingreso al Monumental y la ruta 5 Sur, a modo de Arengazo.
El Rey, en todo caso, quería reflejar otra cosa: a los 39 años, con una carrera inobjetable en el extranjero, es el soporte anímico del plantel. Una suerte de ‘hermano mayor’ o de ‘líder del curso’ detrás del que todos se protegen. Sobre todo los más jóvenes. O de último hombre, si sirve la analogía con el puesto que Ortiz le encontró para mantenerlo como titular y, en rigor, para evitar que se transformara en un foco de conflicto.

Entre ambos, a comienzos de año, hubo una profunda conversación, a modo de definición de roles. La cancha quedó rayada, aunque al ultracompetitivo Vidal nunca le gustó salir anticipadamente. Desde el borde de la cancha, de hecho, instruía a sus compañeros. Ortiz nunca lo consideró una superposición de roles.
Más que goles
Javier Correa es el goleador de Colo Colo. Suma 18 goles en la misma cantidad de encuentros. Además, ha entregado cinco asistencias. Contra una productividad aún mayor han conspirado las sanciones que ha recibido. La más abultada fue de cuatro fechas, después de criticar al juez Nicolás Gamboa tras el partido ante Huachipato, por la Copa de la Liga, una sanción que se hizo extensiva a la Liga de Primera. Después del Superclásico, recibió otras dos. Esta vez, por el obsceno gesto que realizó en la celebración de la victoria ante los azules.
Sin embargo, el exdelantero de Estudiantes de La Plata trasciende igualmente fuera de la cancha. Como Vidal, es uno de los que da la cara en los momentos complejos, siempre en un tono que mantiene la tensión y la expectativa. Hoy, los hinchas lo adoran. Son los mismos que la temporada pasada y a comienzos de esta llegaron al extremo de pedir su salida del club.
Hubo un momento clave en que Correa resultó un aporte vital para la convivencia interna. A fines de julio, el Cacique aseguró el fichaje de Vozinha. El arquero caboverdiano llegaba con el rótulo de figura del último Mundial y 30 millones de seguidores a cuestas, dos elementos que podían romper el equilibrio interno del plantel. Por esos días, de hecho, Vidal no consideraba la variable resultadista para comparecer ante la prensa. Derechamente, no hablaba, para evitar hablar del nuevo compañero.
El atacante (quien sufrió un duro golpe por la muerte de su suegro en plena definición del torneo) actuó como integrador. Un video institucional puede considerarse como prueba del rol que asumió en el caso del golero: el ariete aparece ofreciéndole su guía al guardameta, ante las dudas que pudiera tener para recorrer la ciudad y llegar a los entrenamientos. El tiempo y la personalidad del africano, además, se encargaron de juntar a Vozinha y Vidal. Hoy, son inseparables. Los caciques se alinearon y llegan a buscar la corona más unidos que nunca.
Bajo perfil y juventud
Detrás de los nombres más rutilantes hay otros que se ganaron el respeto grupal a punta de rendimiento. Entre ellos destacan, por ejemplo, Joaquín Sosa, Álvaro Madrid, Jonathan Villagra y Víctor Méndez. Los dos últimos habían sido compañeros en Unión Española, lo que se traduce en la mayor afinidad que cultivan. El uruguayo, de una personalidad más extrovertida, también tiene conexión con los más experimentados. El exevertoniano, en tanto, apela a la experiencia que ganó como capitán de los ruleteros y no elude las vocerías.
Un último bloque son los juveniles. Ortiz ha sido el entrenador que más jugadores ha hecho debutar en los albos en el último tiempo, lo que se traduce en una amplia presencia. Aunque mantienen la distancia natural respecto de los más experimentados, igualmente son integrados. Hay un detalle que lo refleja: son los encargados de poner la música en el vestuario. Este año, eso sí, a diferencia de lo que pasó en 2024 con Freed from Desire, de Gala Rizzatto, no hay una canción ‘cábala’ que suene después de cada triunfo.
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