Insólito hallazgo arqueológico en Sudáfrica: descubren dos figuras que revelan una técnica artística desconocida hasta ahora en la región
Dos figuras humanas de apenas nueve centímetros, descubiertas en un abrigo rocoso de Sudáfrica, revelan una técnica de pintura rupestre nunca antes documentada en esta región africana.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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En un abrigo rocoso de la provincia sudafricana de Mpumalanga, dos pequeñas figuras humanas han obligado a los arqueólogos a revisar lo que sabían sobre las técnicas artísticas de las antiguas poblaciones del sur de África. Apenas alcanzan los nueve centímetros de altura y, a primera vista, podrían confundirse con manchas rojizas sobre la piedra. Sin embargo, presentan una particularidad extraordinaria: no fueron dibujadas directamente sobre la roca, sino que parecen haberse realizado mediante plantillas.
El descubrimiento ha sido descrito por David G. Pearce, investigador de la Universidad de Witwatersrand, y Kiah Johnson, de la Universidad de Cambridge, en un estudio publicado en 2026 en la revista científica South African Archaeological Bulletin. Según sus autores, constituye el primer ejemplo documentado de arte rupestre elaborado mediante esta técnica en el sur de África, una región reconocida por la extraordinaria riqueza de sus pinturas prehistóricas.
Lo sorprendente es que las figuras llevaban años a la vista de investigadores y visitantes. El abrigo de La Rochelle, situado cerca de la localidad de Carolina, ya había sido estudiado en 1995 y nuevamente en 2020. Ninguna de aquellas investigaciones había identificado estas representaciones tan particulares.
«Durante un tiempo no estaba completamente seguro de lo que estaba viendo», explicó Pearce. El investigador comparó el momento en que reconoció las figuras con esas ilusiones ópticas que, de repente, adquieren sentido ante nuestros ojos.
Dos figuras humanas que revelan una técnica inesperada
El abrigo de La Rochelle mide aproximadamente 30 metros de longitud y alcanza una profundidad máxima de cinco metros. Sus paredes conservan numerosas pinturas de animales, entre ellos antílopes, así como figuras humanas y seres que combinan características humanas y animales. La mayoría fueron realizadas mediante pinceladas finas, una técnica habitualmente asociada con las tradiciones artísticas de los cazadores-recolectores.
Pero las dos representaciones estudiadas por Pearce y Johnson son diferentes. En lugar de estar formadas por trazos de pigmento, sus siluetas aparecen como espacios sin pintar, rodeados de una concentración de pintura roja. Los cuerpos presentan cabezas poco definidas, extremidades esquemáticas y una apariencia que recuerda a los dibujos de figuras humanas realizados con unas pocas líneas.

El examen de los pigmentos permitió identificar otra característica fundamental. La pintura se concentra especialmente entre ambas siluetas y disminuye progresivamente hacia el exterior. Alrededor aparecen numerosas salpicaduras diminutas, formando una especie de halo. Esta distribución sugiere que los artistas colocaron una plantilla sobre la roca y proyectaron pintura líquida encima, posiblemente soplándola o salpicándola.
Los investigadores consideran probable que ambas figuras fueran realizadas durante una misma intervención. Además, sus formas no parecen corresponderse con objetos naturales conocidos, por lo que debieron utilizarse plantillas fabricadas expresamente. Para analizar los restos, el equipo empleó fotografías digitales y el programa DStretch, que permite realzar pigmentos apenas perceptibles mediante el tratamiento del color.
Un procedimiento conocido en otras partes del mundo
Aunque supone una novedad para el registro arqueológico regional, la utilización de plantillas tiene una larga tradición en otros continentes. Las siluetas negativas de manos son especialmente conocidas en el arte paleolítico europeo, pero también existen ejemplos en China, Indonesia, Australia y Papúa Nueva Guinea.
En algunos yacimientos, los artistas utilizaron objetos mucho más sorprendentes. En Egipto se identificaron pequeñas siluetas que inicialmente se interpretaron como manos infantiles, pero que posteriormente fueron atribuidas a las extremidades anteriores de lagartos. En Australia también se han documentado representaciones obtenidas mediante plantillas de animales, herramientas y otros objetos.
Precisamente, uno de los aspectos que más interesa a los arqueólogos es determinar cómo se fabricaron las pequeñas figuras sudafricanas. Entre los posibles materiales mencionados en el estudio aparecen la cera de abeja, la arcilla, la madera, el hueso, las fibras vegetales y el cuero recortado. Sin embargo, ninguna de estas posibilidades ha podido demostrarse.

La cera resulta especialmente interesante por sus posibles conexiones culturales. Diversas fuentes etnográficas documentan la recolección de miel entre comunidades san, mientras que las abejas y sus productos aparecen asociados a significados simbólicos. Aun así, los investigadores advierten de que no existe evidencia directa de que se utilizara cera para fabricar estas plantillas.
El misterio de quién las pintó y cuándo
La antigüedad de las imágenes continúa siendo una incógnita. A diferencia de otras pinturas rupestres, las figuras no se superponen a representaciones anteriores ni aparecen cubiertas por otras posteriores. Esta circunstancia impide establecer una cronología relativa y determinar si pertenecen a la misma tradición artística que el resto de las pinturas del abrigo.
Tampoco puede identificarse con seguridad a sus autores. Aunque buena parte del arte rupestre regional se relaciona con comunidades de cazadores-recolectores, en el sur de África también existen manifestaciones atribuidas a pastores y agricultores. Los investigadores consideran posible que la elaboración de las plantillas tuviera un componente ritual, pero reconocen que faltan pruebas para confirmarlo.

El propio abrigo ha experimentado profundas transformaciones. En 1938 fue utilizado durante las celebraciones del centenario de la batalla de Blood River. Posteriormente, su suelo fue nivelado y cubierto de hormigón, mientras que en el interior se instalaron bancos de madera y un púlpito improvisado. Estas modificaciones han perjudicado considerablemente las posibilidades de investigar los antiguos depósitos arqueológicos.
Para Pearce, el hallazgo demuestra cuánto queda por conocer. «No sé quién lo hizo, cuándo lo hizo ni por qué lo hizo. Pero está claramente ahí. Existe». La posibilidad de encontrar otras pinturas semejantes permitirá comprobar si estamos ante una práctica excepcional o ante una tradición artística mucho más extendida de lo que sugerían las investigaciones anteriores.
Referencias
- D. G. Pearce & K. Johnson, First report of stencilled rock art in Mpumalanga, South Africa. South African Archaeological Bulletin (2026).
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