Tenía un ñandú como mascota desde que era un huevo y se lo mataron con dos galgos en el medio del campo

Raúl Antonio Fleitas tiene 46 años y la mayor parte de su vida la pasó en el campo. Llegó a la provincia de Buenos Aires desde La Paz, Entre Ríos, y actualmente es encargado de dos establecimientos rurales en la zona norte, en Pergamino y Ramallo.
Padre de tres hijos, cría animales de distinta especie (chanchos, jabalíes, búfalos, gallinas, terneros) y en diciembre de 2022 sus familiares de la zona de Crotto, entre Tapalqué y Bolívar, le hicieron un regalo peculiar: un huevo de ñandú, que es 12 veces más grande que uno de gallina.
El hombre decidió ponerlo en una incubadora. Siguió la evolución paso a paso en el almanaque. El 14 empezó el proceso y poco más de un mes más tarde, el 18 de enero de 2023, nació el pichón.

El ñandú vivía como una mascota, libre, pero en el campo. Hasta que en la tarde del domingo 30 de agosto pasado se lo mataron de una manera cruel, con dos perros de raza galgo, entrenados para cazar.
Los galgueros se metieron de manera ilegal en el establecimiento El Tauro, de 360 hectáreas divididas a la mitad por un camino en el centro, a metros de la ruta provincial 51, en el kilómetro 35, en la zona de La Violeta, partido de Pergamino.

Por este incidente de caza furtiva hay una causa judicial que tiene a dos imputados, Matías Matkovic (25) y Rubén Nahuel Martínez (31), a los que fiscal Nelson Mastorchio pidió sus detenciones, las cuales fueron rechazadas por el juez de Garantías N° 2 del Departamento Judicial de Pergamino, Julio Caturla.
"Para mí había que llevarlos detenidos, tomarles declaración y después soltarlos, pero la verdad que me siento defraudado, qué mal que está la Justicia", advierte Fleitas en diálogo con Clarín.
No solo fue el hecho de cazar al indefenso animal, que llega a correr a una velocidad de 70 kilómetros por hora y tiene como única reacción ante el peligro los regates y gambetas, sino que lo filmaron y hasta se sacaron fotos con su víctima colgada del cogote y los galgos al lado, tras lo cual la faenaron.
"Lo festejaron como si hubieran ganado la Copa del Mundo", se lamenta el chacarero, que además resalta el comportamiento de los que lo hicieron, ya que nunca se disculparon con él.

El fiscal Mastorchio calificó el caso en un principio como "robo en despoblado", pero el juez Caturla rechazó esa carátula al considerar que se trata de una violación de domicilio y daño, en concurso ideal con actos de crueldad animal contemplados por la Ley Nacional 14.346, con penas más benévolas y excarcelables.
Ahora será la Cámara de Apelaciones en lo Penal del Departamento Judicial de Pergamino quien deberá resolver cuál es el delito cometido por los galgueros, a los que indagarán en las próximas semanas.
Fleitas aportó información clave para los allanamientos en los predios de los imputados, donde los agentes de la Patrulla Rural de Pergamino encontraron los rastros del animal carneado: la cabeza y las patas habían sido guardadas en un freezer. Allí secuestraron cuchillos y los teléfonos celulares.

El fiscal también pidió la intervención de la Justicia Federal de San Nicolás, por la Ley 22.421, de protección de la fauna silvestre.
La historia de "El Loco"
Fleitas le había bautizado a su mascota como "El Loco". Según explica, esto fue porque lo veía en el campo correr solo: "Es la raza, son de practicar sueltos, para después defenderse, abren los alones para un lado y para el otro, para tener equilibrio, gambetean, para salvarse del que lo quiera cazar".

Al huevo se lo habían regalado luego de que lo abandonaran en un nido, lo que puede ocurrir porque se va el macho, que es quien suele incubar durante unos 40 días y cuidar a los pichones, o producto de los depredadores.
"Cuando nació, lo cuidé hasta que hizo grandecito, que se pudo defender del frío o de algún animal salvaje que lo pudiera cazar, como un zorro o una comadreja, y después lo solté en el campo, se crió en libertad", remarca Fleitas.

No fue sencillo, porque los primeros días le tuvo que poner una lámpara, en una casa. "Yo iba las noches a mirarlo y se echaba ahí debajo", comenta.
El animal dormía en el casco del establecimiento. Su dueño decidió sembrarle media hectárea de alfalfa, cerca de la casa, donde "andaba libre y se iba a campos más grandes, de 80 o 90 hectáreas", pero siempre volvía a pernoctar en la casa, junto con chanchos, gallinas, pavos y vacas.
"Vivía con los tres perros del otro muchacho, Alberto. Hasta se mezclaba con búfalos, llamas, se hizo como una familia entre los animales. Le cortábamos alfalfa, picoteaba la bolsa y se la llevaba, jugando, te la soltaba unos metros más adelante", recuerda con una sonrisa.
Apenas escuchaba el ruido de su camioneta o la de Alberto, el ñandú aparecía. "Nunca se dejó tocar, no me dejó agarrarlo o ponerme a la par para sacarme una foto. Me acercaba hasta medio metro y cuando estiraba la mano era como que me decía 'no me toqués, hasta acá llegaste'".
La caza y el festejo a lo "Copa del Mundo"
El día del incidente, los acusados volvían de cazar en el Sur cuando vieron al ñandú y decidieron largarle los galgos.
Después de que lo mataran, compartieron el video y las fotos en un grupo de WhatsApp, que le llegaron a Fleitas. A esa altura, el hombre llevaba un par de días buscándolo, hasta que le avisaron: "Me parece que te lo cazaron".

El dueño de "El Loco", muy conocido en toda la zona, llamó por teléfono a uno de los galgueros y le avisó que lo iba a denunciar.
"Esperé dos o tres días para ver si me llamaban para pedir disculpas, pero nunca lo hicieron, así que los denuncié en la fiscalía", dice.
Fleitas asegura que el ñandú "era un animal indefenso que no le hacía maldad a nadie, indigna la forma en la que lo han matado, lo hicieron con total maldad".
Según señala, se trata de "gente de muy buen pasar económico, que hasta campo propio tiene".
En el campo que administra Fleitas, hay carteles de "prohibido cazar" por todas partes. "No les importó absolutamente nada, lo hicieron en plena conciencia y con plena saña de hacer maldad, no tiene nombre lo que han hecho", insiste.

Además, apunta: "El daño está hecho, pero ruego que la Justicia no me deje solo, que la Justicia actúe, es muy doloroso".
Fleitas cuenta que no hizo el secundario ("tengo séptimo grado"), pero eso no le quita que haya tenido una educación decente.
"¿Sabés el dolor al ver la imagen de la cabeza y las patas del ñandú cuando fueron a allanar? Se me llenaban los ojos de lágrimas y estuve varios días sin volver al campo, porque me costaba la idea de ir y no verlo más. Sé que es un animal, pero la ansiedad con la que lo esperé", subraya.
"El Loco" iba a cumplir cuatro años en enero de 2027. La esperanza de vida de un ñandú suele ser de entre 10 y 15 años en estado salvaje, pero en cautiverio este cálculo puede duplicarse.
"Lo que he vivido con ese animal... por la forma que trataron a ese animal, merecen un castigo, que razonen que hicieron un daño enorme", cierra.
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