Reseña. Érase una vez en el Oeste, de Leonardo Oyola

Hace poco, Matthew McConaughey eligió Thelma & Louise como una de sus películas fundamentales y contó de qué manera la defendió durante sus tiempos formativos en la escuela de cine, un gesto que también reivindicaba una práctica que ahora parece tan distante: estar una tarde en el cine. La anécdota relata un universo afín a las crónicas de Leonardo Oyola (Isidro Casanova, 1973), una impronta que se acentuó a partir de su charla TEDx en 2013, donde pasó de ser un escritor de nicho a poner en valor la inscripción de distintos retazos de la cultura popular en el cuerpo. “Escribir es como escuchar un cover. Una sensación de algo conocido. Familiar. Algo de todos. Algo tuyo. Algo nuevo. Es organizar una fiesta y que nadie se quede afuera”.
Así discurren pensamientos arriba del tren, amistades nuevas en las caminatas a Luján, charlas de bar con veteranos, los bailes como rituales, el rock como resistencia, las tragedias que sufrieron jóvenes en accidentes. Un lugar común, de esos que abundan en charlas con escritores, ubicaría los tópicos del libro como “un día más en el planeta Tierra del conurbano”. Si bien es cierto que la propuesta asume un juego semántico entre el Oeste de Buenos Aires y los tiros del western, que merodea por escenarios de violencia y marginación, lo más potente del libro es la fuerza del legado, por eso Oyola escribe en forma epistolar, un testimonio para su hijo Ramón, para contar las complejidades que supone no solo la escritura en sí, sino cómo alguien puede vivir de lo que le gusta, sabiendo que la pérdida siempre está. Donde ahora hay ruinas, había una esquina, una reunión, un entramado.
El texto más emotivo, una oda al poeta Iousha, muerto tempranamente, muestra que aun con el dolor rasante, hay belleza en el sentimiento comunitario, y eso se nota en los bailes que propone este libro.
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