Lama Rinchen, monje budista: "Muchas veces no queremos arriesgar ni enfrentar verdades incómodas y aceptamos la mediocridad"

El monje budista Lama Rinchen lo dice con precisión quirúrgica: la mayoría de las personas evita las preguntas difíciles, baja la cabeza y acepta una vida mediocre antes de incomodarse. No es pereza. Es miedo disfrazado de prudencia.
La frase surgió en el pódcast "La fórmula del éxito", donde Uri Sabat le planteó que hacerse buenas preguntas requiere valentía. Rinchen lo confirmó y fue más lejos.
"Muchas veces no queremos arriesgar mucho, no queremos enfrentar verdades incómodas y simplemente bajamos la cabeza y aceptamos la mediocridad. Seguimos el trote de la manada", sostuvo el monje.
Para Rinchen, esa actitud tiene un costo diferido: quien no se hace las preguntas grandes ahora, las paga después en forma de malestar y arrepentimiento.
Por qué nos volvemos más cobardes con la edad
El monje señaló que la curiosidad es sana, pero se va apagando con el tiempo. A medida que envejecemos, explicó, nos volvemos más conservadores por el miedo a los riesgos sociales y a las represalias del entorno.

"Con la edad nos hacemos más conservadores y queremos ir a lo seguro", afirmó. "Es muy útil viajar, conocer diferentes filosofías y abrirnos a desarrollar una vida diferente a la de nuestros vecinos o antepasados para ser quienes genuinamente queremos ser", destacó.
Rinchen contrastó esa tendencia con lo que observó en los lamas tibetanos de 70 u 80 años: inocencia, curiosidad, espontaneidad y flexibilidad. "La madurez espiritual es la habilidad de transitar por la vida sin resistencia", definió.
El monje abrió la conversación con una afirmación que también la clausuró: de todo lo que se puede lograr en la vida, "no hay riqueza mayor que ser dueños de nosotros mismos".
Esa autonomía interna, explicó, es lo único que puede satisfacer de verdad. Todo lo externo —dinero, reconocimiento, comodidad— aporta una satisfacción parcial y condicional que cambia con el tiempo.
"Nunca hemos tenido más, estamos viviendo mejor que los reyes de la antigüedad y, sin embargo, seguimos insatisfechos", dijo Rinchen. La razón, según él, es estructural: "todo lo que está a nuestra disposición es limitado y finito, mientras que nuestra naturaleza es infinita".
La mediocridad como resultado de evitar el riesgo
Rinchen es preciso en el diagnóstico: no se trata de mala suerte ni de falta de oportunidades. La mediocridad, en su lectura, es una elección activa que se toma por omisión. Evitar las preguntas incómodas —¿quién soy?, ¿qué quiero realmente?, ¿estoy desperdiciando mi vida?— es la forma más frecuente de esa elección.
"Por eso es muy importante ser curioso, atrevido y hacerse preguntas grandes. Si no las hacemos ahora, las pagaremos después", insistió el monje.

Frente a la parálisis que puede generar la duda, Rinchen propuso una metodología concreta. Para tomar decisiones desde la claridad, aplica tres criterios: pensar a largo plazo (incluso proyectarse al momento de la muerte), evaluar el impacto en los demás, y discernir si la decisión ataca las causas reales de un problema o es apenas un parche superficial.
"Es mejor actuar y errar que caer en el pecado mortal de la pasividad", afirmó.
Rinchen aplicó esa lógica en su propia vida. A los 25 años decidió tomar los votos monásticos, una elección que su entorno cuestionó. "Todos me llevaron la contra y me criticaron", recordó. Pero su lectura era clara y no necesitaba validación externa para avanzar.
El monje que nació en Montevideo y eligió el budismo tibetano
Lama Rinchen nació en Montevideo, tiene padres gallegos y se crió en Estados Unidos. A los 18 años entró en contacto con grupos de meditación por curiosidad intelectual, y con el tiempo se volcó al budismo tibetano de la tradición Sakya, también conocida como Tierra Clara.
Lo que lo convenció, explicó, fue la coherencia interna de esa tradición: "todo encajaba perfectamente y pude resolver todas las aparentes contradicciones".
Eligió el formato monástico porque, según su criterio, genera las condiciones óptimas para el desarrollo espiritual con menos fugas de energía y distracciones.
Para Rinchen, la meditación no tiene nada de místico. Es, simplemente, el entrenamiento de la mente. "Si descuidamos nuestra realidad interna, quedamos a la merced del devenir externo", sostuvo.
Describió cuatro familias de desarrollo que abarca esa práctica: el entrenamiento atencional, el cultivo del altruismo, el desarrollo de virtudes como la generosidad y la paciencia, y la sabiduría para percibir con claridad la propia realidad.
"Mejoran todas nuestras facultades cognitivas: mejor estado de ánimo, mejor memoria, mayor concentración y más creatividad", afirmó. El equilibrio atencional, señaló, es el punto de partida más eficaz porque arroja resultados visibles en días o semanas.
Nota generada con inteligencia artificial bajo supervisión y edición humana.
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