EE.UU., China y Rusia compiten por instalar reactores nucleares en la Luna y expertos advierten sobre riesgos radiactivos

A fines de agosto, la NASA pidió a sus contratistas prepararse para construir un reactor nuclear capaz de resistir un viaje espacial y operar sin mantenimiento cerca del polo sur de la Luna. La agencia espacial estadounidense quiere que el equipo esté listo para su lanzamiento en diciembre de 2030, según un análisis de documentos técnicos y entrevistas publicado por The New York Times.
La fecha se debería a la competencia. Rusia pretende tener un reactor lunar en funcionamiento en 2036, como parte de una colaboración secreta con China, y la NASA ya adelantó sus plazos para tomar la delantera. Estados Unidos y China buscan ser los primeros en establecer una base en la Luna, acceder a recursos como el agua congelada y lanzar misiones más lejanas, y ambos consideran que un reactor nuclear es central para ese objetivo.
Algunos científicos advierten que los gobiernos actúan con precipitación. En los últimos seis años, cohetes chinos, estadounidenses y rusos han fallado o explotado, y un módulo de aterrizaje ruso se estrelló contra la Luna. Los restos de un reactor podrían esparcir material radiactivo al caer a la Tierra, y una explosión o fusión en la superficie lunar podría convertir regiones enteras en zonas prohibidas.

“Siempre va a haber una carrera espacial y si añades la energía nuclear a esa ecuación, la situación podría dar un giro potencialmente más peligroso”, afirmó al diario neoyorquino Edwin Lyman, director de seguridad nuclear de la Union of Concerned Scientists.
La energía nuclear parece ser la única tarea fundamental que China delegó a Rusia en el proyecto lunar. Moscú lanzó más de 30 reactores a la órbita, principalmente en las décadas de 1970 y 1980, y controla la mayor reserva de uranio de bajo enriquecimiento, considerado el combustible más seguro para misiones espaciales y escaso en Estados Unidos.
“Rusia prácticamente no tiene competidores en el campo de la energía nuclear espacial”, declaró a la agencia TASS Mijaíl Kovalchuk, presidente del Instituto Kurchatov, que participa en el diseño de un reactor lunar.
La NASA puso en marcha un reactor en 1965, pero lo apagó tras una falla de la nave ajena al equipo nuclear. Desde entonces, Estados Unidos ha gastado más de US$ 20.000 millones en programas nucleares espaciales sin volver a activar un reactor. El presidente Donald Trump ha declarado que la superioridad en el espacio forma parte de su agenda “America First”, y Xi Jinping y Vladimir Putin han hecho declaraciones similares.
Selena y el Reactor Lunar 1
Una base permanente requeriría energía estable. En los primeros años, Estados Unidos y China usarían paneles solares y sistemas de radioisótopos para mantener calientes los equipos y cargar los vehículos exploradores.
Pero una base ampliada necesitaría mucha más energía, ya que los paneles no funcionan durante las noches lunares, que duran más de dos semanas terrestres, y cerca del polo sur las temperaturas oscilan entre 54 y -203 grados Celsius. Los reactores no dependen de la luz solar y requieren poca intervención humana.

Moscú encargó a sus agencias estatales entregar en 2036 el reactor Selena para abastecer las estaciones lunares lideradas por China. Selena generaría hasta 10 kilovatios y podría operar de forma autónoma durante una década.
Debido a lo anterior, la NASA aceleró su calendario ante el temor de que un reactor ruso-chino establezca una zona de exclusión de facto. Su Reactor Lunar 1 produciría 20 kilovatios, cerca del consumo de 16 hogares estadounidenses, durante cinco años sin intervención.
Las fechas se han postergado varias veces y pocos expertos creen que los países cumplirán los plazos. Nadie tiene un módulo de aterrizaje probado para llevar material pesado y potencialmente radiactivo al terreno lunar, ni ha instalado un reactor en baja gravedad. “Por ahora no hay nada seguro”, dijo Julien de Troullioud de Lanversin, científico nuclear y profesor de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong.
Los riesgos
Estados Unidos y Rusia afirman que sus reactores estarían inactivos hasta llegar a la Luna, y los ingenieros nucleares sostienen que el uranio “frío” supone una amenaza radiactiva mínima incluso si cayera a la Tierra.
El lanzamiento es la etapa de mayor riesgo. “Este es el momento en el que justo hay mucho riesgo”, expresó Leopold Summerer, quien dirige un grupo de trabajo de Naciones Unidas sobre energía nuclear en el espacio exterior. “Hemos tenido muchos fallos de lanzamiento, así que tenemos muchísimos datos sobre lo que puede salir mal”, agregó.

Si un reactor cae al océano, el agua frena los neutrones y podría llevarlo a un estado crítico, con una reacción en cadena que libera radiación. Según expertos, eso probablemente ocurrió en 2019, cuando un misil de crucero ruso propulsado por un reactor se estrelló en el mar Blanco. De acuerdo con el Departamento de Estado, al intentar recuperarlo se produjo una reacción nuclear y murieron al menos cinco trabajadores. Rusia negó que el misil usara un reactor.
En 1978, la reentrada descontrolada del satélite soviético Kosmos 954 esparció material radiactivo en cerca de 124.320 kilómetros cuadrados del norte de Canadá, y tras cerca de un año de limpieza solo se recuperó el 0,1% de su fuente de energía. En Estados Unidos, cualquier reactor espacial debe ser revisado por expertos de siete agencias, aunque los accidentes no se pueden descartar. “La definición de un accidente es que las cosas no salen según lo previsto”, dijo R. Scott Kemp, profesor asociado de ciencia e ingeniería nuclear del Instituto Tecnológico de Massachusetts.
Kemp señaló que los accidentes serían más probables en la Luna, donde construir estructuras de contención sería muy caro y complejo, y la baja gravedad permitiría que los escombros llegaran lejos. La NASA y las agencias rusas prevén dejar el material radiactivo en la superficie al terminar la vida útil de los reactores. “En una carrera, no quieren complicarse la vida con un problema difícil para el que nadie tiene solución”, dijo De Troullioud.
El dilema del combustible
El último reactor espacial que probó la NASA, en 2018, usaba uranio altamente enriquecido, más liviano y barato de lanzar, pero el primer gobierno de Trump lo desaconsejó por su potencial uso como arma. La agencia busca ahora uranio de bajo enriquecimiento y alto contenido (HALEU), escaso en Estados Unidos. Rusia es su mayor productor, pero Washington prohíbe las importaciones de uranio ruso desde 2024 por la guerra en Ucrania.

La alianza ruso-china no ha revelado qué combustible usaría. “No hace falta más que un taller mecánico y un poco de explosivo de alta potencia para convertir esto en un arma muy probable”, dijo el diputado Bill Foster, demócrata por Illinois y físico que logró frenar el uso de uranio altamente enriquecido en reactores espaciales. Space Nuclear Power Corp., posible oferente para el contrato de la NASA, desarrolla un reactor con uranio altamente enriquecido. El Pentágono, en tanto, seleccionó a la empresa Antares para desarrollar un microreactor espacial.
“Es totalmente factible instalar un reactor en la Luna”, afirmó Katy Huff, directora del departamento de ingeniería nuclear e ingeniería física de la Universidad de Wisconsin-Madison, aunque advirtió que a mayor potencia, más complejo es construirlos. Según Huff, los gobiernos han logrado más trabajando juntos que compitiendo. “Me gustaría ver más colaboración internacional en el espacio”, expresó. “Ahí es donde la ciencia en equipo ha superado nuestras malhumoradas políticas internacionales”.
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