El verano de extremos que amenaza a Chile

Primero fue una advertencia y ahora la señal comienza a adquirir otra dimensión. El Niño continúa fortaleciéndose en el Pacífico y los principales centros de predicción climática elevan la probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad excepcional durante los próximos meses.
“Tenemos a la vista un verano complejo, que no va a ser fácil”, dijo hace unos días el biministro del Interior y Secretaría General, Claudio Alvarado, después de encabezar una reunión del Comité para la Gestión del Riesgo de Desastres, en las oficinas del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred).
La frase no corresponde a un pronóstico de que todos esos fenómenos ocurrirán, ni de que lo harán simultáneamente. Pero sí da cuenta de que el próximo verano llegaría con varias amenazas potenciales que podrían verse amplificadas por condiciones meteorológicas y climáticas menos favorables.
El último informe del Centro de Predicciones Climáticas de la NOAA mantiene la condición de “Advertencia de El Niño” y estima en más de 90% la probabilidad de que el fenómeno sea muy fuerte durante la primavera y verano 2026-2027.

Más aún, para el trimestre octubre-diciembre existe un 75% de probabilidad de que se configure un episodio histórico, superando la intensidad de eventos registrados desde 1950. En agosto, en sectores del Pacífico ecuatorial oriental, las temperaturas superficiales estuvieron más de 3°C arriba del promedio. El océano, en otras palabras, está acumulando una cantidad extraordinaria de calor.
Pero hay una precisión importante. Esto no significa necesariamente que Chile vaya a experimentar un verano de temperaturas extremas. Paula Santibáñez, investigadora del Centro Agrimed de la U. de Chile, plantea que primero hay que separar la intensidad del fenómeno en el Pacífico de la respuesta que tendrá el territorio nacional. A pesar de eso, durante esta semana ya se dejó sentir el calor sobre la zona central del país, con máximas que alcanzaron los 27°C en Santiago.
Sin embargo, el panorama cambia al mirar enero y febrero. “Allí sí podríamos tener ondas de calor, porque estaremos en el período de máxima radiación y cualquier fortalecimiento persistente del anticiclón subtropical puede generar varios días con temperaturas muy altas”, advierte.
Incendio antes del incendio
La principal preocupación de las autoridades para el centro y sur del país vuelve a ser el fuego. Senapred comenzó en agosto la planificación de la temporada y más de 30 instituciones participan del trabajo. Conaf identificó 90 comunas prioritarias para concentrar medidas preventivas.
El despliegue anunciado es inédito en volumen, ya que cerca de 10.000 personas serán contratadas para realizar labores de limpieza y habilitación de cortafuegos, especialmente en zonas donde las viviendas conviven con áreas de vegetación. La estrategia apunta a intervenir antes de que aparezca la primera columna de humo de la temporada.
En la zona centro-sur será decisivo el estado en que llegue la vegetación al verano. Incluso, una primavera más húmeda podría convertirse en un factor de riesgo. “Favorece el crecimiento de pastos y vegetación fina, y si posteriormente tenemos varias semanas secas y cálidas, ese material se transforma en una mayor carga de combustible disponible para incendios”, explica Santibáñez.

El problema es que la prevención tiene un límite. En Chile, según Conaf, el 96,5% de los incendios forestales tiene su origen en la acción humana. Por eso, la preparación también se está trasladando a las viviendas. La directora ejecutiva de Conaf, Aída Baldini, realizó un llamado a retirar pastizales, hojas y basura de los alrededores de las casas y mantener despejada la interfaz urbano-rural.
El segundo enemigo: el calor
El fuego no es la única amenaza que mira el gobierno. Las proyecciones meteorológicas analizadas por Senapred contemplan episodios de temperaturas extremas que podrían superar los 34°C durante varios días consecutivos y, en determinados lugares, sobrepasar los 40°C.
Un escenario de estas características tiene consecuencias que van mucho más allá de la incomodidad térmica. El calor extremo incrementa los riesgos para la salud y eleva la demanda de agua y electricidad. El escenario cambia radicalmente al avanzar hacia el norte. Entre Arica y Parinacota y Atacama, una de las preocupaciones de Senapred son las precipitaciones estivales asociadas al “invierno altiplánico”.
La amenaza no es la ausencia de lluvia, sino precisamente su concentración en períodos breves y su capacidad para generar crecidas de cauces, desbordes, aluviones y afectaciones a infraestructura.

Estas precipitaciones dependen de la circulación regional, del transporte de humedad desde el continente, de la configuración atmosférica en altura y de sistemas como la Alta de Bolivia. Por eso, advierte la investigadora, “un Niño muy fuerte puede aumentar la posibilidad de anomalías importantes, pero la manifestación concreta en Chile dependerá de otros mecanismos atmosféricos que operan en escalas de semanas e incluso de días”.
Y existe un cuarto escenario bajo observación, relacionado con las floraciones algales nocivas que podrían afectar sectores entre Biobío y el extremo sur. El fenómeno, conocido como “marea roja”, puede tener consecuencias sobre ecosistemas y actividades productivas del borde costero.
“No estamos diciendo que esto va a pasar, estamos diciendo que nos estamos preparando frente a un diagnóstico que nos han entregado los distintos organismos técnicos”, explicó Cebrián.
La clave será enfrentar un verano cuya característica principal, por ahora, es la incertidumbre. “Tenemos un Niño que se está fortaleciendo rápidamente y un océano excepcionalmente cálido, pero todavía no conocemos la configuración atmosférica específica que tendremos en enero y febrero”, resume Santibáñez.
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