El Niño no da tregua: de las lluvias atípicas al calor extremo

El ocaso de octubre ha sido inusual para buena parte de Chile. Los sistemas frontales siguen dejando precipitaciones intensas, inundaciones, deslizamientos de tierra e incluso tornados, como el registrado en la Región del Maule esta semana.
Una primavera que, lejos de consolidar la transición hacia los días secos y calurosos, ha mantenido condiciones meteorológicas más propias del invierno.
El último sistema frontal, que afectó a gran parte del territorio entre Coquimbo y Los Lagos, dejó 45 damnificados, 104 albergados y cinco viviendas destruidas, según el balance entregado por Senapred. Otras 17 viviendas presentan daños mayores, 728 daños menores y 82 permanecen en evaluación.
La Región del Biobío concentra las mayores afectaciones, con 565 viviendas con daños menores, además de remociones en masa y sectores anegados. En Concepción, el deslizamiento de material en el sector Juan Riquelme destruyó una vivienda y dejó otras dos con daños mayores, mientras que en Arauco se debió evacuar preventivamente a 33 personas ante el riesgo de nuevos desprendimientos.
Detrás de estas emergencias persiste el fenómeno de El Niño, cuyo desarrollo en el océano Pacífico está alterando los patrones habituales de circulación atmosférica y contribuyendo a una primavera extraordinariamente lluviosa.
Paula Santibáñez, investigadora del Centro Agrimed de la U. de Chile, explica que lo que llama la atención este año es la frecuencia de los eventos, su intensidad en algunos sectores y la extensión territorial que han alcanzado. Aunque los últimos días de octubre deberían presentar condiciones más estables, los especialistas advierten que todavía es prematuro dar por terminada la temporada de precipitaciones.

Martín Jacques, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) y académico de la U. de Concepción, señala que este mes también ha sido particularmente extraordinario en la capital penquista, donde las precipitaciones acumuladas ya triplican los valores normales del mes.
Los abundantes registros de julio, agosto, septiembre y octubre también han dejado los suelos considerablemente saturados, aumentando su vulnerabilidad frente a nuevos episodios de precipitaciones. Respecto de las próximas semanas, Jacques anticipa una disminución de la actividad frontal. Sin embargo, advierte que las condiciones extraordinarias de este año obligan a mantener la cautela.
De hecho, el Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos a Plazo Medio (ECMWF) continúa mostrando una señal de precipitaciones anormalmente altas para noviembre en el centro-sur de Chile. “Por supuesto, eso hay que remitirlo al contexto en que en noviembre llueve menos que en los meses anteriores”, precisa Jacques.
La distinción es importante, ya que un noviembre más lluvioso de lo habitual no implica necesariamente temporales comparables a los de octubre, sino precipitaciones superiores al promedio de un mes que ya presenta una marcada disminución de las lluvias.
De lluvias a calor extremo
Sin embargo, la manifestación de El Niño comenzará a cambiar conforme avance el calendario. Lo que durante el invierno y la primavera se ha expresado principalmente mediante precipitaciones abundantes podría dar paso a un verano marcado por temperaturas elevadas.
Raúl Cordero, climatólogo de la U. de Santiago, anticipa que “lo más probable es que tengamos el efecto de El Niño con temperaturas extremas durante el verano, es decir, a partir de diciembre”. Jacques agrega que este cambio responde a las distintas conexiones atmosféricas que establece El Niño con Chile según la estación del año.
Durante el invierno y la primavera, el calentamiento anómalo del Pacífico tropical modifica la circulación de los vientos, favoreciendo condiciones para el ingreso de sistemas frontales hacia la zona central y centro-sur; en verano, cuando las precipitaciones disminuyen naturalmente y sus efectos se manifiestan de otra manera. Entre ellos, un calentamiento de las aguas frente a las costas del centro y norte de Chile, que puede elevar las temperaturas en ciudades costeras.

En paralelo, regiones como Los Ríos, Los Lagos y Aysén pueden experimentar condiciones más secas de lo habitual. Pero esa condición podría revertirse durante los primeros meses de 2027.
“Algunos modelos climáticos ya muestran señales de un posible aumento de las temperaturas, por lo que no podemos descartar episodios de calor intenso e incluso olas de calor, especialmente en los valles interiores”, sostiene Santibáñez al respecto.
Así, el país podría pasar de una primavera excepcionalmente lluviosa y relativamente fría a un verano con episodios de calor intenso, sin que ello signifique que El Niño haya desaparecido. Esta transición también plantea desafíos para la agricultura, con meses de acumulación de humedad y nieve, las altas temperaturas podrían acelerar el deshielo, modificar los caudales y aumentar rápidamente las necesidades de riego.
Por ahora, el país enfrenta una transición climática poco habitual, donde mientras lo que queda de primavera todavía podría traer nuevas lluvias fuera de temporada, los especialistas ya observan las señales de un verano en que el calor podría convertirse en el siguiente gran protagonista.
De las inundaciones al exceso de agua, las temperaturas extremas y el aumento de riesgo de incendios forestales asoman como los próximos temas de preocupación para el país durante el verano.
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