Elena Poniatowska: ¡Viejos los cerros y reverdecen!
ú, vieja? ¡Pero si todavía puedes temblar de felicidad!”, escribió la autora de cientos de aforismos, Mariana Frenk Westheim, quien vivió hasta la edad de 106 años. Su hija, la filóloga Margit Frenk, llegó a los 100. Otros personajes como el gran historiador Miguel León-Portilla murió a los 93; el médico Ruy Pérez Tamayo, 97; la escritora Amparo Dávila, 92; la pintora Leonora Carrington, 94, y los poetas Dolores Castro, 98, y Ramón Xirau, 93.
En México la esperanza de vida ha aumentado y cada vez es más común ver gente que rebasa 90 años, como es el notable caso de la escritora Margo Glantz, quien cuenta con 96, o la poeta de origen uruguayo, Ida Vitale, que este año llegó a los 103 años de vida con formidable salud.
¿Por qué cada vez hay más viejitos en México? Los resultados de la Encuesta Intercensal del 2025 del Instituto Nacional de Estadística, Geografía confirman que nuestro país atraviesa una aceleración demográfica hacia el envejecimiento y una mayor longevidad. El crecimiento de población de personas de 60 años o más representa 14.7 por ciento de la población total del país; es decir, 19.2 millones de habitantes. Por su parte, la Ciudad de México tiene el mayor índice de envejecimiento con un 137.2 por ciento y la edad promedio ha llegado a los 37 años, lo que quiere decir también que cada vez hay menos jóvenes en nuestra capital.
La geriatría es la ciencia que estudia los cambios anatómicos, fisiológicos, bioquímicos y sicológicos producidos que nos deja el tiempo. La vejez no sólo conlleva problemas de salud, también económicos, sociales y sanitarios. La geriatría, además de la medicina, abarca otras ramas del conocimiento: enfermería, sicología, derecho, arquitectura, con la finalidad de facilitar al envejecimiento sus causas, efectos y consecuencias en el ser humano.
A mis 94 años tengo ganas de seguir trabajando. Hace unos días entrevisté al doctor en geriatría Luis Miguel Gutiérrez Robledo, especializado en atención global de personas mayores.
–Doctor, ¿por qué estamos viviendo tanto?
–Nuestra capital es una de las ciudades más envejecidas del país, la más viejita. La proporción de personas mayores que vivimos aquí, rebasamos 15 por ciento, ya somos más que los menores de 15 años. Somos alrededor de 6 millones de personas de la tercera edad.
–¿Desde qué edad se es viejo?
–De 60 años en adelante. A los que tenemos 60 ya nos consideran ancianos.
–¡A esa edad aprendí a bailar quebradita!
–Pero por alguna razón en el gobierno nos consideran ancianos a partir de los 60. Considero que eso tiene que cambiar. Actualmente, tengo 70 años y sigo trabajando igual que cuando tenía 50, incluso más.
–¿Dónde trabaja usted?
–En el Instituto Nacional de Geriatría. Soy Luis Miguel Gutiérrez Robledo, médico geriatra. Me formé en Francia como geriatra y sigo colaborando con colegas franceses.
–¿En Francia hay menos ancianitos que aquí?
–La proporción es mayor. Allá ya rebasan 20 por ciento de la población total. Lo que ha permitido mantener un cierto equilibrio es la inmigración, porque llega gente joven. Es curioso que las familias francesas jóvenes tienen muchos hijos. A mí me ha sorprendido que los compañeros de mi nieta, en París, tienen tres o cuatro hijos, creo que esto se debe a los beneficios que ofrece la seguridad social.
–Recuerdo que hace años las francesas decían: “Aquí traigo mi nuevo refrigerador”, y señalaban su panza.
–Lo mismo me sucedió cuando me especialicé en Francia. Ya como estudiantes, mi esposa y yo recibíamos beneficios de la seguridad social. Estudié en Grenoble. Allá viví cuatro años y después hice mi doctorado en Burdeos. En París estudié biología del envejecimiento. En Francia es un hecho que hay muchos viejos abandonados. Simone de Beauvoir escribió Une mort très douce, a propósito del buen trato que recibió su madre. Los gustos literarios tienen que ver con la vejez también. Simone de Beauvoir fue de las primeras en escribir un libro crítico y condenatorio sobre la vejez desde el punto de vista social en Francia. Era algo de lo que no se hablaba y, si bien a mi parecer pintó un panorama demasiado negro, ayudó a que se tomara conciencia del abandono en que vivían.
–Pintó una realidad. Siempre fue una intelectual pensante y gran investigadora.
–Si uno compara la situación de la vejez en la Francia de ese tiempo con la que sucedía en Estados Unidos, por ejemplo, era peor allá porque era el tiempo de la Gran Depresión. El crack del 29.
–¿En qué hospital de Francia estudió usted?
–En el Hospital Universitario de Grenoble. Ahí trabajé de jefe de clínica.
–Los franceses cuidan su salud mucho mejor que los mexicanos.
–Es cierto. Lanzamos una iniciativa para promover la longevidad saludable desde la Academia Nacional de Medicina, de la que soy miembro, en mayo del año pasado.
–¿En qué consiste la longevidad saludable?
–En no tomar medicamentos o los menos posibles y, sobre todo, en mantenerse físicamente activo, socialmente conectado y seguir contribuyendo a la vida de nuestro país.
–¿Seguir trabajando?
–No hablo del trabajo laboral, porque es distinto. Pienso que el retiro es razonable, la jubilación también, pero tiene que ser gradual o eventual el tránsito hacia otra actividad, pero quedarse totalmente en el ocio es nocivo.
–Los franceses dan gran importancia a la comida.
–Eso ha ayudado a que en Francia se viva tanto tiempo. Es lo que en alguna época se llamó la paradoja francesa, porque hubo un momento en que fue evidente que había mucho menos riesgo de morir de problemas cardiacos. La forma de alimentarse es fundamental y es algo que estamos perdiendo en México y es un peligro.
–Aquí los viejitos están muy aislados.
–No tanto como en Estados Unidos, por ejemplo.
–Allá los dejan en asilos o residencias de lujo, pero no los vuelven a visitar, como se ha comprobado en muchos reportajes y filmaciones.
–En Estados Unidos es raro que haya familias multigeneracionales como en México. Entre nosotros siempre hay una abuelita.
–Aquí la abuelita cuida al bebé o se encarga de ciertas tareas en la casa. Es mejor que esté integrada a la familia y no se aparte de ella.
–Felizmente, es mi caso. Nosotros vivimos con mi suegra, que es la única que queda de nuestros mayores. Vive a nuestro lado. Mi hija, la que está en México, vive a 10 minutos de nosotros; es raro que pasen dos o tres días sin que nos veamos. Comemos juntos una vez por semana o cada dos semanas porque viajamos mucho a Francia. Allá tenemos una nieta. Mi hijo también vive en Francia; es profesor en la Sorbona. Usted, Elena es muy activa.
–Sí, me ayuda entrevistar y seguir escuchando a los demás.
–La escritura es un ejercicio muy interesante. Escribo artículos científicos relacionados con la vejez que se publican en una gran variedad de revistas alrededor del mundo, dependiendo de la temática. También he sido editor de libros. Se siguen produciendo ciencia y libros científicos en México, pero cada vez menos, sobre todo ya con editoriales internacionales. En la editorial El Manual Moderno se publicó mi libro Geriatría.
–México, a diferencia de otros países, ¿considera más a sus ancianos?
–La tónica, en general, es la familia multigeneracional que es muy común en México, y las personas de todas las edades son bien aceptadas. Hace poco leí el libro del notable Luis González y González, quien vivió en San José de Gracia, Querétaro. Escribió Pueblo en vilo, y lo traigo a colación porque cuenta cómo en el siglo XIX la gente en San José de Gracia era como hoy día. Las condiciones de vida eran muy buenas.
–¿Cómo se envejece en San José de Gracia?
–Era una sociedad cerrada, prácticamente de autoconsumo, con muy poco intercambio con el exterior, pero con un ambiente muy tranquilo, apacible y sano. La gente crecía y envejecía con serenidad. Yo no creía que hubiera tal proporción de ancianos, muy distinta de la que tenemos hoy, en esos pequeños lugares que son como burbujas. Está muy bien documentado ese libro porque González y González fue un gran historiador.
–Sí, hay mucho respeto para la gente mayor. Lo vemos en el cariño con la que les ayudan a bajar del autobús, a esperar a que suban, a cargar sus bolsas del mandado. Uno se siente aceptado. Eso habla muy bien de México.
–Aquí en México, Elena, es posible que las personas mayores, como nosotros, sigamos contribuyendo, se les respete y se les dé espacio. En Estados Unidos existe la industria de los cuidados, pero es perversa, porque lucran con las condiciones que ofrecen: es muy caro y la calidad de los servicios es muy dispareja. Claro que hay asilos lujosos, pero no son la mayoría.
Finalmente, regreso a los aforismos de Mariana Frenk Westheim que nunca se equivocan: “Acepta a la vejez como otra aventura que te brinda la vida, y gózala con el espíritu aventurero de tu juventud y con la sonriente sabiduría que te han regalado tus muchos años”.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.