Arnold Schwarzenegger, sobre su viaje a la Sudáfrica del apartheid: "Estaban borrachos, celebrando que alguien hubiera ido allí a mostrarles respeto y a hacer algo especial para ellos"

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Desde que la década de los 80 dio su particular pistoletazo de salida, el intérprete de origen austríaco Arnold Schwarzenegger se convirtió en uno de los actores más populares de todo el mundo gracias a su trayectoria dentro del género de acción que dejó todo un reguero de personajes legendarios en películas como ‘Conan, el bárbaro’ (John Milius, 1982), ‘Terminator’ (James Cameron, 1984), ‘Comando’ (Mark L. Lester, 1985), ‘Depredador’ (John McTiernan, 1987), o ‘Desafío total’ (Paul Verhoeven, 1990).

A pesar de ello, Schwarzenegger ya era una estrella mundial antes de su salto a la industria cinematográfica, puesto que durante sus años de juventud se había convertido en el fisicoculturista más reputado de todo el mundo tras ganar siete títulos de Mr. Olympia (seis de ellos de forma consecutiva), la competición de culturismo más prestigiosa a nivel global. Durante esta etapa, el que años más tarde se convirtiera en el protagonista de ‘Terminator’ destronó de la competición a leyenda del culturismo como el cubano Sergio Oliva, el italiano Franco Columbu, o el estadounidense Lou Ferrigno, quien algunos años después también saltaría al medio audiovisual para dar vida a la primera versión de Hulk, el popular personaje de Marvel Comics, entre finales de los 70 y comienzos de los 80.

De hecho, fue precisamente la increíble condición física del intérprete austríaco la que le hizo conseguir sus primeros papeles en el cine, ya que su enorme musculatura era idónea para dar vida a algunos de sus primeros personajes, en filmes como ‘Hércules en Nueva York’ (Arthur Allan Seidelman, 1970), o ‘El gran guardaespaldas’ (Bob Rafelson, 1976), por la que fue galardonado con el Globo de Oro en la categoría de Mejor actor revelación.
En este contexto, el actor contó durante una intervención en el podcast ‘This Past Weekend’, que se emitió en junio de 2025, una curiosa anécdota de su época de culturista que tuvo lugar durante un viaje a Sudáfrica en la época del apartheid: “Llegué a conocer al ministro de Inmigración, que también había sido ministro de Deportes, ministro de Trabajo y no sé cuántas cosas más. Era un tipo con muchísimo poder dentro de la Administración. Y cuando lo conocí me dijo: ‘Arnold, cuando vengas aquí, a Sudáfrica, y hagas exhibiciones de poses y demostraciones de fuerza, también deberías ir a los townships’. Yo, por supuesto, no tenía ni idea de qué era aquello, así que él me lo explicó. Después, él y mi compañero culturista, Reg Park, se encargaron de organizarlo para que yo pudiera entrar en el township de Soweto, porque no era precisamente lo que llamaríamos el lugar más seguro de la ciudad. No es que quisieran hacerte daño, pero me refiero a que alguien como yo apareciera allí para hacer una demostración hacía que todo el mundo se volviera loco. Estaban borrachos, celebrando que alguien hubiera ido allí a mostrarles respeto y a hacer algo especial para ellos. Estaban muy agradecidos, ¿sabes? Así que yo entraba allí y hacía la demostración: posaba, levantaba pesas y hacía todo ese tipo de cosas. En aquellos pequeños townships había miles de personas alrededor, gritando y pasándoselo en grande. Y después nos marchábamos. La acogida y todo lo demás era fantástica, eran increíbles”.
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